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¿De qué hablamos cuando hablamos de "transición energética"?

Oier Zeberio | 27 de noviembre de 2020

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Actualmente hay dos maneras principales de entender la transición energética: capitalismo "verde" y ecosocialismo.

Actualmente, el concepto de la transición energética está en boca de todo del mundo. Es una de las banderas del actual Gobierno "progresista" y de ciertos sectores izquierdistas, como lo es de las grandes empresas energéticas que diseñan la política energética en el Estado español, de los lobbies "verdes" y de la Unión Europea. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de transición energética? 

Parte 1: El gran negocio de la electricidad en España

La transición energética

El tiempo pasa, y los efectos del calentamiento global antropogénico (CGA de aquí en adelante) son cada vez más evidentes en el planeta tierra.  Las sequias, las precipitaciones extremas, las tormentas tropicales etc. son cada vez más intensas, mientras que la temperaturas globales siguen aumentando sin cesar. El deshielo de los polos y las masas glaciares baten récords cada año, mientras que el nivel del mar aumenta imparable. El impacto de la actividad humana es tal que, algunos científicos afirman con vehemencia que la séptima extinción masiva está a las puertas.

Uno de los sectores que más contribuye al  GCA es el sector de la energía. En las últimas décadas las emisiones globales de CO2 se han incrementado de manera vertiginosa, pasando de 6.000 millones de toneladas en 1950 a unos 36.000 millones en 2015. Es decir, en esta franja se multiplicó por seis.

A día de hoy, se sabe que para luchar de forma efectiva contra CGA (para que el aumento de temperatura media sea inferior a 2 grados centígrados) debemos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a un ritmo similar al que crecieron en el último medio siglo.

Dado que el sector de la energía es uno de los principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero (en 2015 en la Unión Europea supusieron más del 75%), el reto del CGA afecta directamente a nuestro modelo energético. Aquí es donde entra en juego la "transición energética".

Aunque a día de hoy el Estado español se encuentra en el top 10 de los países del mundo con mayor capacidad de renovables, de enero a octubre de 2020, por ejemplo, el 56% de la generación fue "no renovable". Es decir, aunque se estén dando pasos hacia la descarbonización, todavía queda mucho por hacer.

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Generación de octubre. Fuente: REE

En este sentido, son muchas las voces que subrayan la importancia de "transitar" hacia otro modelo donde las fuentes renovables que no emiten gases de efecto invernadero (al ser usadas) sean las principales en la generación. A este proceso, debe acompañarle un amplio programa que se centre en la eficiencia energética. Por último, quedaría solucionar el problema del transporte (el mayor emisor de gases de efecto invernadero), donde "se espera" que los avances tecnológicos y la eficiencia solucionen (en parte) el problema.

Capitalistas "verdes" VS ecosocialistas

Actualmente, hay dos maneras de entender esta "transición energética. Por un lado tenemos a los defensores del capitalismo "verde" y por otro lado, los que lo proponen desde el ecosocialismo

Comencemos explicando la postura de los primeros. Los que apuestan por el capitalismo verde defienden teóricamente que es posible, utilizando los mecanismos que brinda el sistema capitalista como el libre mercado, transitar a un modelo mucho más sostenible en términos ambientales. No obstante, en este caso, las dinámicas inherentes al capitalismo como la acumulación de la riqueza y su desigual reparto no entran en la ecuación. Es decir, los que se encuentran en este grupo afirman que es el mismo mercado (si existe un input que reclame la producción de energía verde) el que hará posible esa transición hacia un modelo más verde. Al no tocar la estructura, defienden que los agentes de este cambio tienen que ser las mismas multinacionales que actualmente producen la energía de fuentes no renovables (mayoritariamente).

No es casualidad que compañías como Iberdrola empezasen hace algunos años una campaña de lavado de cara ( greenwashing) y que se convirtieran en adalides de la energía verde. Las alertas emitidas por la comunidad científica, los mensajes de advertencia que repiten constantemente la mayoría de los medios de comunicación, el trabajo de los activistas, las cumbres internacionales etc. han visibilizado la amenaza del cambio climático y han logrado concienciar, en mayor o menor grado, a la mayoría de la sociedad.

Compañías como Iberdrola o Endesa saben perfectamente esto. Saben que la sociedad es cada vez más consciente y temerosa de los peligros que ella misma genera. Por otro lado, desde las instituciones nacionales y supranacionales como la Unión Europea se están fortaleciendo y ayudando económicamente los programas de transición energética, ya que, a día de hoy, tanto la seguridad energética como el cambio climático son elementos de análisis de primer orden en la mayoría de los think tanks europeos.

Teniendo en cuenta todos estos elementos, las grandes compañías han decidido "apostar" por la transición energética, no por el hecho de que se hayan concienciado o hayan visto la luz o algo similar, sino porque lo ven cómo un negocio rentable con buenas perspectivas de futuro.

Este hecho nos puede llevar a hacer la siguiente reflexión: "si la mayoría de compañías apuestan por la transición energética, bajaremos las emisiones de los gases de efecto invernadero y contribuiremos a cuidar el clima. Es decir, el mercado funciona". Puede que a los seguidores del capitalismo verde esto les valga. Y no solo a ellos. Debido a la ingente cantidad de recursos que se gastan en las campañas de marketing (prensa, publicidad, congresos, patrocinios etc.) cada vez más personas consideran a las compañías energéticas o a las instituciones que defienden este tipo de cambio, como los motores de la "revolución social por el clima". Aquí van algunos ejemplos del eco mediático que se les proporciona.

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Además, cada día que pasa, la proliferación de agentes y organizaciones que "luchan por el clima" pero que no critican o ponen en duda el capitalismo es cada vez mayor. El ejemplo de Greta Thunberg y de todo el conglomerado de agentes que se ha creado al rededor da una clara muestra de ello. A fin de cuentas, Greta es un producto publicitario muy bien diseñado para impactar en el objeto receptor, es decir, en la sociedad. Y todo esto se ha llevado a cabo mediante el apoyo de los lobbies verdes que saben que existe un mercado muy lucrativo en el horizonte. Si no, sería imposible que obtuviera el eco que ha obtenido o que realizara las acciones que ha realizado (reuniones con dirigentes de la talla de Barack Obama, discurso en la ONU y un largo etc). Si tienen alguna duda al respecto, efectúen la siguiente pregunta: ¿Cuántos líderes sociales "rupturistas" han tenido la oportunidad de llegar a donde ha llegado Greta? Muy muy pocos, por no decir casi ninguno o ninguno. Y eso que desde el movimiento ecologista (mediante diferentes actores) se lleva alertando del CGA desde, por los menos, los 80.

Unas de las criticas más fundamentadas que se le hace al capitalismo "verde" viene desde otro movimiento, el ecosocialismo (véase el trabajo de Michäel Löwy , Jorge Riechmann etc.) que integra fundamentos del socialismo no autoritario con el ecologismo.

En el caso de este movimiento, el planteamiento que se genera alrededor del ecologismo tiene una elevada elaboración teórica. Es decir, van mucho más allá del conservacionismo tradicional o de la protección del medio ambiente. Apoyan una propuesta de transformación holística que cambie la relación del ser humano con el medio que le rodea. Es decir, se subraya el hecho de que las lógicas productivistas destruyen el complejo ecosistema en el que habitamos como especie, causando serios impactos a todos los seres que la integran, incluida la humanidad.

Luchan contra el despliegue de infraestructuras peligrosas o dañinas para el medio que nos rodea (centrales nucleares, grandes pantanos, macro polos químicos, incineradoras de residuos urbanos, macro proyectos etc.), a favor de la transparencia y rendición de cuentas (haciendo referencia al impacto provocado por las mismas), y más ampliamente, contra los sistemas productivistas (como el capitalismo) que los consideran como los generadores de los riesgos globales como el cambio climático, la  contaminación etc.

En este sentido, son numerosas, por ejemplo, las campañas antinucleares, las que se realizan a favor de la justicia climática y de las comunidades afectadas por la actividad humana, las que defienden otro tipo de relación con el medio ambiente (todo lo relativo al control democrático de la energía, por ejemplo) etc.

Se definen como socialistas pero son muy críticos con el denominado "socialismo real", es decir con los sistemas socialistas que se instauraron en el bloque oriental y asiático. Por un lado, efectúan una crítica política y social de esos sistemas, argumentando que los países como la URSS eran autoritarios, burocráticos y llenos de lagunas en la construcción del socialismo. Por otro lado, desde una perspectiva ambiental, critican el hecho de que, por ejemplo en la URSS, la lógica productivista y el "desprecio" hacia el medio ambiente generaron catástrofes inimaginables como la de Chernóbil y un deterioro considerable y general del medioambiente. Defienden un socialismo no autoritario, horizontal, que tenga como base a la comunidad, y que respete tanto a las personas como al medioambiente.

Esta conjunción lleva al planteamiento de un "programa integral de transformación social", que serviría, según ellos, para cambiar la relación que tenemos con el medio ambiente y con nosotros mismos. Se podría decir que defienden una "agenda radical" (centrarse en el raíz del problema, es decir el capitalismo), y "transformadora" en términos sociales.   

Para los ecosocialistas, el capitalismo es un sistema dañino tanto para el ser humano como para la naturaleza. Es el generador de las injusticias, la acumulación de riqueza y su distribución desigual etc. y sustenta un sistema productivo que se basa en la dominación y destrucción de la naturaleza. En este sentido, afirman que no es posible efectuar una transición energética justa, democrática y sostenible sin acabar con el capitalismo.

Denuncian que las compañías energéticas apoyan este cambio porque saben que se lucrarán de ello, y además critican el hecho de que nada cambiará si el control sobre la energía sigue en manos del oligopolio. Es decir, defienden el control democrático de la energía, y para ello, se muestran favorables a las experiencias como las que se pueden observar en las ecoaldeas, las cooperativas energéticas etc, experiencias horizontales que se encuentra en expansión en el Estado.

Además, los rojiverdes apoyan el decrecimiento, una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica, como una de las bases para crear una sociedad justa y ambientalmente responsable. Al respecto, denuncian la lógica capitalista del crecimiento perpetuo y defienden que, simple y llanamente, "viviremos mejor sin tener tanto y sin consumir tanto".

Conclusiones

Las tendencias y los hechos demuestran que, poco a poco, la lógica de los capitalistas "verdes" se está introduciendo con fuerza en las instituciones políticas (por ejemplo, en los distintos niveles de la administración estatal) y en la sociedad. La costosa y extensa campaña publicitaria emprendida por las grandes corporaciones está incidiendo con un poder notable ("pásate a Iberdrola no cuestiones el sistema") . 

Por otro lado, el lobby nuclear también está utilizando "las nuevas oportunidades que se están generado" para introducir los nuevos tipos de reactores nucleares (post Fukushima) bajo el pretexto de combatir contra el cambio climático.

Además, la movilización de nuevos actores que no cuestionan el statu quo como Greta Thunber y la poca politización de los movimientos como el Fridays for Future, demuestran que hay una amplia campaña orquestada por distintas fuerzas y grupos de intereses para transitar a un nuevo modelo energético, eso sí, sin cambiar el sistema socioeconómico imperante

En lo referente al ecosocialismo, hay que subrayar el hecho de que los planteamientos que se trasladan tienen fuerza sobre todo en el ámbito académico y en algunos partidos (antigua Iniciativa per Catalunya Verds actual Esquerra Verda etc.), organizaciones (Anticapitalistas etc.) y coaliciones (EH Bildu etc.) políticas, sindicatos (LAB etc.) y movimientos sociales en el conjunto del Estado (movimiento ecologista etc.). Es decir, su expansión política como social es reducida.

Por otro lado, ciertos sectores de la izquierda más tradicional critican duramente al ecosocialismo. En este sentido, estos sectores defienden que el objetivo primordial debe ser la erradicación de la pobreza aunque en ello se dañe el medioambiente a corto plazo (como mal menor). Es decir, la lógica sería la siguiente: si, por ejemplo, un país dispone de recursos estratégicos que no han sido explotados (por distintas razones como la falta de tecnología) y que puedan generar riqueza (para que se distribuya a continuación), sería adecuado explotarlos aunque el proceso genere efectos ambientales perjudiciales a corto plazo. Por otro lado, defienden planteamientos más directos como la nacionalización de las corporaciones energéticas y su control estatal como pasos necesarios para recuperar la soberanía nacional y reducir la pobreza.  

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