La misión (casi) imposible de desconectarse: mi experiencia “detox”

Hace un tiempo que venía valorando la idea de hacer un digital detox (términos ingleses para referirse a una desintoxicación digital). He aprovechado esta primavera para hacer mis dos primeras incursiones en un mundo bastante menos intoxicado digitalmente, aunque he de reconocer que mi experiencia no ha cumplido del todo con mis expectativas.

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La misión (casi) imposible de desconectarse: mi experiencia “detox”

El hecho de que cada vez dependemos más de los aparatos como el móvil, tablet u ordenador es indiscutible. En mi caso lo reconozco, me paso buena parte del día conectado. Redes sociales, webs en general, programas de mensajería y correo electrónico casi en este orden es lo que más utilizo. Aprovechando unos días del período de semana santa y otro de comienzos de mayo hice mi particular detox digital. Lo hice solo por quitarme un poco de dependencia, de probar la experiencia y valorar cómo de positivo es hacerlo de vez en cuando.

Habrá otras personas que lo harán por centrarse en tareas determinadas, o para pasar más tiempo con los seres queridos, o simplemente descansar la vista y cuello (esa postura tan extraña de mirar al móvil, tablet o incluso el ordenador si un portátil). Yo lo hice por probar, por desconectar.

Herramientas y preparación

Lo primero fue plantearme como de real era desconectarme. Por tema laboral no era opción estar desconectado el 100% del tiempo. Dejé de lado el portátil y el smartphone. Su lugar lo sustituyó un Nokia 8110 y como reserva del portátil un iPad con funda-teclado. La gracia del nokia era que era un nokia, robusto, batería bien duradera, pero un poco vitaminado. Viene con un sistema operativo muy simple, el KaiOS, pero desde el cual se puede consultar el correo electrónico. Nada más, llamadas, sms, una cámara que no sirve para nada que no sea tomar una foto a la plaza de aparcamiento para recordar donde dejas el coche.

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Con ese conjunto, comprobaba mi correo electrónico dos veces al día, por la mañana después de desayunar y otra vez por la tarde-noche antes de cenar. Nada de whatsapp o telegram por lo simple de que no los podía instalar (aunque la última actualización de software del nokia parece que permitirá instalar whatsapp). El resto del día llevaba el teléfono por aquello de si alguien me llamaba, algo que sucedió muy poco hay que decir. Avisé a unos pocos contactos, todos relacionados con temas de trabajo, de que no estaría en whatsapp y telegram, y empecé mi detox.

Lo bueno

Con las herramientas adecuadas y un estricto horario no me fue difícil llevarlo a cabo. Aun así los resultados tampoco fueron algo extraordinario. Lo que más me ha gustado es algo tan sencillo como tener la cabeza levantada más tiempo, ver mucho más lo que sucede a mi alrededor y como es todo. Muy simple e ingenuo, pero tal cual. De normal me paso mucho más tiempo metido en la pantalla del smartphone, tablet u ordenador.

Me ha gustado, y no he echado de menos, el sentirme ilocalizable. No estar atado en cada momento a los mensajes que entran. No tener la obligación lógica o moral de responder. No me entraban, no los leía, no existían. Me daba tiempo para pensar más en otras cosas, en lo que me rodea. Tenía más tiempo libre para poder estar con seres queridos y cercanos. Más tiempo para hacer deporte o leer libros en papel y no desde una pantalla.

Lo no tan bueno

Sí, tenía más tiempo libre, como hacía años que no tenía. Sin embargo, no podía aprovecharlo para nada más que hacer deporte o leer, algo que ya hago de manera normal estando “conectado”. En otros momentos me quedaba colgado. Los demás si estaban conectados. Incluso los niños tienen su dosis de conexión, ya sea para jugar o para ver dibujos animados. También estaban los problemas paralelos surgidos de la desconexión.

Todos ellos tienen que ver con las costumbres digitales que me he creado. La orientación en ciudades desconocidas se vuelve muy diferente cuando no tienes una gran pantalla con una aplicación de mapas que te guía de un lugar a otro. En coche eso se pronuncia más y los errores los pagas con más kilómetros. Necesitas planear bien tu ruta, tenerla estudiada de antemano.

Tampoco tienes una buena cámara a mano en cada momento. Solventé llevando una cámara de fotos digital conmigo, pero está claro que he hecho menos fotos con ella que las que hubiera hecho con el móvil. Lo cual puede incluso ser positivo, he elegido mucho más que imagen tomar y cual no.

Otro problema que podía haber previsto pero que me tomó por sorpresa es la presencia el smartphone en numerosas actividades no directamente relacionadas con él, pero las cuales sin él no me fueron posibles. El primero de esos problemas fue hacer volar el dron. Mi MavicAir de DJI no da la misma experiencia sin el smartphone haciendo de pantalla para ver que está viendo la cámara del dron.

Tampoco puede escuchar demasiada música más allá de la radio y algún cd trasnochado que tenía en el coche. Y algo que puede parecer ridículo, pero a lo que me he acostumbrado como utilizar Shazam al escuchar la radio para identificar canciones que me hayan gustado.

Resultados

Una vez vuelta a la conexión y smartphone, el sabor de la desconexión se volvió aun más agridulce. No he descansado especialmente estando desconectado. No he tenido más tranquilidad. No he pasado más o menos tiempo con seres queridos o haciendo para lo que no tuviera tiempo antes. Mi conclusión, personal, pero perfectamente transferible a otros, es que hay que organizarse mejor, eso es todo, poner más el modo avión y listo. Desconectar, por desconectar no aporta gran cosa. Hay que hacerlo o bien con algún objetivo concreto o bien de manera regular y bien organizada.

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