PARTE II

Crónica de la Segunda Guerra del Karabaj, un año después

En estas fechas se cumple el primer aniversario de la Segunda Guerra del Karabaj. Recordamos y analizamos ese conflicto en una serie de artículos. En este empezamos por el principio, mezclando los recuerdos propios del autor con los testimonios recogidos y la información hecha pública y no. Esta vez hablamos de que la guerra se encrudece, bombardeos y el día más duro.
 
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Sótano del hospital de Martuni tras un ataque con artillería de cohetes sobre la ciudad, sistema Grad de 122 mm. 3 personas murieron y 2 periodistas quedaron heridos. Foto: Pablo González.
Crónica de la Segunda Guerra del Karabaj, un año después

Los primeros días en el Karabaj en guerra fueron tranquilos, al menos para mí. Se cumple aquí el tópico de la calma antes de la tormenta, aunque en el ambiente se notaba ya la tensión. No había bombardeos sobre Stepanakert, todavía quedaba gente, aunque seguía la evacuación, y poco a poco se iba vaciando el Karabaj. Una evacuación muy bienvenida, aunque con ciertas controversias entre la población. 

Al mismo tiempo que yo tenía mis días de relativa calma, en el frente los combates eran duros, las fuerzas azeríes estaban probando la defensa armenia en el norte y sur, y empezaban realmente a romperla en el sur, gracias a la superioridad numérica ante todo, aunque la tecnología también estaba presente.

El frente centro estaba en relativa calma, allí la defensa era la más sencilla, planicie donde la corrección artillera era efectiva y no había demasiado donde cubrirse en campo abierto al atacar o por donde pasar sin ser detectado.

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El día 30 de septiembre pude visitar por primera vez durante este viaje, y por última, la ciudad de Hadrut. Allí los primeros horrores de la guerra. Edificios destruidos, y personas que habían perdido algún familiar. El sinsentido de la guerra por ejemplo se llevó a una anciana que no estaba en ese momento en el huerto de su casa. Por los restos que allí había, fue obra de un dron kamikaze, hablando de tecnología. Este tipo de drones eran de diseño israelí, y o producidos en Israel o bajo licencia en Azerbaiyán.

Por lo visto este tipo de municiones no tienen vuelta posible y una vez lanzados, necesitan acabar su función. El operador azerí no encontró mejor objetivo al final que un jardín con un matrimonio anciano en él. 

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Hadrut caería una semana después aproximadamente, aunque los diferentes rumores sobre la ciudad empezaron a los pocos días de haber estado allí. Con Hadrut empezó la curiosa y triste tendencia de que los medios armenios informaban de victoria tras victoria sobre las fuerzas azeríes, pero cada una de esas “victorias” estaba más cerca de Stepanakert. Lo cual era una señal de que las cosas iban simplemente mal. Y de que iban mal no había forma de informar en condiciones. 

Información es poder

Precisamente en este punto entraba otra cuestión, la del control de los medios. En Artsaj la organización de la relación autoridades-medios estaba organizada de una manera efectiva si se analizaba desde fuera, pero en realidad bastante caótica y propensa a situaciones un tanto estrambóticas, aunque comunes a las zonas de conflicto. 

Existían dos autoridades que se proclamaban amo y señor del campo mediático, por un lado el ministerio de exteriores del Artsaj, que expedía sus acreditaciones, por otro el ministerio de exteriores de Armenia que expedía las suyas. Las dos se entremezclaban, pero interactuando poco y a momentos de maneras contradictorias. Mi opinión, y solo eso, es que los dos tenían intereses y objetivos diferentes.

El Artsaj quería ganar la guerra, mientras que los enviados armenios querían controlar el espacio mediático sin dar ninguna información que pudiera ir en contra de su estrategia. 

Otro elemento más eran los militares del Artsaj y su servicio de prensa, tercer jugador que entra en escena. Estos tres sistemas intentaban ayudar a la prensa, y en muchos casos lo hacían, aunque dependía demasiado de la calidad personal de cada persona que allí trabajase y de su procedencia. Era diferente si era del Karabaj o si era de Armenia, y si era del partido de Pashinyan o no. Con algunos guardo una cálida amistad, a otros los culpo en parte de la derrota por la gestión de la información que hicieron.

Un día de mierda

Tras Hadrut, al día siguiente visité Martuni. Un día gris, un día de mierda en el que yo como periodista pobre en ese momento empecé mal. No había conseguido coche propio, todos mis contactos taxistas se habían marchado de la ciudad y los que quedaban eran demasiado caros para mi bolsillo en ese momento. No podía pagar 100€ al día por un coche, así de simple. Tampoco tenía ni chaleco, ni casco conmigo. No había traído los míos con la promesa de que me pasarían primero uno en Ucrania (hice escala en Kiev), pero mi amigo me dijo que no había problemas, que me darían uno en Ereván. No me dieron nada por supuesto, ni podía comprar. “Todo para el frente, todo para la victoria”, eso lo podía entender.

Mientras veía como mis colegas cargaban sus cosas en coches con chofer y fixer (esa persona local que te lo arregla todo, traduce, organiza y cobra por ello), sus chalecos y cascos, yo estaba sentado con cara de pardillo resignado. Finalmente se organizaron varios coches y ante mi sorpresa, me quedo fuera de todos por que los compañeros periodistas son así, muy gilipollas a momentos.

No me importó demasiado. Algo me decía en mi interior que no debía ser como todos. Ese sentimiento siempre me había ayudado antes. Aun así, en el último momento y con la perspectiva de no ver nada, me junté con el último grupo. Los pringados. Esos que nadie elige cuando hacen equipos. Simplemente no éramos ni tan trepas, ni teníamos tantos amigos como los demás. 

Nos enchufaron a una pareja de periodistas locales que no estaban nada contentos por tener que llevarnos. Aun así, en su deber de informar y de ser simplemente buena gente, nos llevaron. Imaginaros. Guerra, nerviosismo, y os dan a unos desconocidos para que los llevéis a una zona a 6 kilómetros del frente. Ni chalecos, ni cascos, ni hostias entre los 5. Quien nos iba a decir que nos haríamos tan cercanos unas horas después y que seamos amigos hasta ahora. 

La ofensiva azerí seguía su curso. Ataques en norte y sur y presión en el centro. Los drones se hacían cada vez más famosos. El día antes habíamos visitado Hadrut donde esos aparatos ya provocaron víctimas y los medios no paraban de hablar de ellos. Aunque sobre Stepenakert todavía estaba tranquilo el tema. En parte por que el mal tiempo ayudaba. Nosotros ya habíamos empezado a viajar con las ventanillas abiertas, aunque fuera de vez en cuando para sacar la cabeza y escrutar el cielo en busca de “algo”. Otro tema que empezaba y que se hizo más presente luego, fue el de los debates sobre qué tipo de coches atacarían antes. Las dos escuelas eran o bien “los coches llamativos y grandes son los atacados por que piensan que llevan comandantes armenios” o por otro lado “los coches menos importantes, pero bien camuflados, por que fijo que llevan militares o municiones”. 

Los que nos pasó en Martuni ya lo he descrito en diferentes sitios, como el reportaje-entrevista que hemos publicado hace poco en nuestro canal de YouTube. Resumiendo, nos pilló un ataque con artillería de cohetes, sistema Grad de 122 mm. Nos cubrió de llenó, pero nuestro grupo salió vivo de milagro. 3 personas murieron y 2 periodistas quedaron heridos. Los evacuamos y nos refugiamos en el sótano del hospital durante horas. Fuera la ciudad estaba siendo bombardeada. Es un tópico, pero lo diferente que un sitio cuando estás bajo tierra escondido y cuando puedes caminar erguido sin temer nada. 

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El resultado fue una dura experiencia, una nueva familia y un nuevo día para celebrar el cumpleaños, y que la maravillosa diáspora armenia nos consiguió a varios periodistas chaleco y casco. 

En el siguiente texto hablaremos de Stepanakert, medios y el inicio de la derrota. 
 

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