Cien años de la independencia polaca... y la sociedad sigue dividida

Cien años de la independencia polaca... y la sociedad sigue dividida
Más de 200 mil personas participan en la marcha en Varsovia para conmemorar el centenario de la independencia de Polonia, dijo el jefe del Ministerio del Interior, Joachim Brudziński. En la marcha asimismo se destacó la participación de los grupos de extrema derecha de Polonia y de otros países como Hungría, Italia o Eslovaquia. Miles de ciudadanos tomaron pacíficamente las calles del centro de la capital para festejar la fecha del 11 de noviembre de 1918, cuando el país, tras el final de la Primera Guerra Mundial, volvió a aparecer en los mapas tras haber pasado 123 años invadido por tres potencias que se repartieron el territorio: Rusia, el Imperio austrohúngaro y Prusia. Este día es uno de las festividades más veneradas en Polonia. De hecho, fueron tres marchas que siguieron la misma ruta. Una fue la marcha estatal, organizada por el presidente del país, Andrzej Duda. Otra corriente fue la marcha nacionalista dirigida por la organización Obóz Narodowo-Radykalny ("Campo Nacional Radical").La tercera marcha fue organizada por los antifascistas de fuerzas de izquierda.Los contrarrevolucionarios portaban la bandera polaca, la europea y del Orgullo Gay. Estaban fuertemente custodiados por la policía por miedo a que fueran atacados por los ultras. La guardia de honor del ejército polaco presidía la columna simbolizando el carácter nacional de la celebración que se le da a esta marcha. En la columna se encontraban representantes de diversas fuerzas políticas, partidos, organizaciones públicas, que llevan las banderas estatales de Polonia. Entre los manifestantes se encontraban Duda, otros miembros del gobierno, prominentes figuras políticas.La procesión liderada por Duda portaba exclusivamente las banderas nacionales blancas y rojas. Los nacionalistas llevan sus propios atributos, las autoridades gubernamentales habían pedido a los grupos de extrema derecha que abandonaran las proclamas xenófobas si querían participar en el evento. El lema elegido por los neofascistas fue: “Dios, honor y patria”, pero alguno que otro cartel ponía consignas antiislámicas. “Estos 100 años han sido 100 años de gloria y amistad entre polacos y húngaros”, decía Szabolcs Szaley, el portavoz de las Juventudes de Jobbik, el partido político xenófobo y ultraderechista de Hungría. La manifestación fue convocada en un primer momento por los grupos ultras, como lo vienen haciendo todos los años por este día desde 2009, informa  El País. En la convocatoria de 2017 llegaron a reunir a más de 60.000 asistentes bajo el lema “Queremos a Dios”, reivindicando así la importancia del catolicismo en la identidad europea. Sin embargo, la alcaldesa saliente de Varsovia, Hanna Gronkiewicz-Waltz, intentó prohibir la celebración de esta convocatoria el pasado miércoles alegando que no podía asegurar el orden público por la violencia de sus participantes. La regidora, que pertenece al partido de la oposición Plataforma Cívica, declaró: “Varsovia ya ha sufrido bastante en su historia con el nacionalismo agresivo”. Pero un tribunal rechazó esa prohibición. El Gobierno del PiS reaccionó ese mismo día y comunicó que iba a ser el Ejecutivo el que organizara una nueva marcha que representara a todos los polacos. Para ello tuvieron que negociar con las organizaciones radicales del país. Así que se haría una manifestación conjunta. Uno de los momentos más tensos de la tarde ha sido cuando los ultras empezaron a insultar y a tirar bengalas a un grupo de 200 personas pertenecientes al movimiento cívico Obywatele RP (Ciudadanos de la República) que han organizado una contramanifestación en uno de los puntos fuera del trayecto.  Los extremistas les gritaban: “Dale con la hoz y el martillo a la chusma roja”. Esta escena mostraba la fractura de la sociedad polaca entre los más europeístas y los más nacionalistas. "La fiesta pierde su carácter festivo. Hoy se han manifestado por motivos políticos", lamenta el historiador de la universidad de Varsovia Jan Kienewicz.
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