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En memoria de Alexei Leónov, primer hombre en el espacio abierto

Eulixe | 14 de octubre de 2019

Alexei Leonov
Alexei Leonov
El 11 de octubre de 2019 murió Alexei Leónov, piloto, ingeniero y cosmonauta soviético-ruso, conocido por realizar el primer paseo espacial en 1965. Leónov tenía 85 años. Contamos cómo fue su gran hazaña.

“Me llamó la atención el silencio. Silencio, un silencio extraordinario. Y la posibilidad de escuchar tu propia respiración y latidos. Oí latir mi corazón, oí mi respiración", - Alexey Leónov.

El 18 de marzo de 1965 a las 10:00, la hora de Moscú, la nave espacial Vosjod-2 se despegó del cosmódromo de Baikonur. A bordo estaban dos cosmonautas soviéticos: el piloto al mando Pavel Ivánovich Beliáyev y el piloto Alexei Arjípovich Leónov. Después de una hora y media, uno de ellos  se deshizo del fuerte caparazón de la nave y se fue al espacio exterior. Estaba conectado a la nave y de esta manera al planeta Tierra solo por una driza de 5,5 metros de largo. Hasta aquel momento, que sepamos, nadie había volado tan lejos de su planeta natal.

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Preparación

Habían pasado casi cuatro años desde el vuelo de Yuri Gagarin y el mundo entero estaba fascinado por la carrera espacial de las dos superpotencias: la URSS y  Estados Unidos. Ambas ya habían enviado varias naves tripuladas; en 1964, un nuevo tipo de la Vosjod soviética llevó al espacio una misión compuesta por tres tripulantes; el siguiente paso fundamental sería salir al espacio exterior.

Ambas potencias, intensamente implicadas en el programa espacial, llegaron al mismo tiempo a la necesidad de abordar problemas evidentes. En los vuelos de larga duración los tripulantes tarde o temprano deberían llevar a cabo trabajos preventivos y de reparación fuera de la nave espacial; no habría nadie más que los propios astronautas y, por lo tanto, era necesario desarrollar un sistema seguro y efectivo para su realización. En la URSS, los que se ocuparon del problema fueron el principal diseñador de cohetes del país Serguei Korolev y ​​el joven cosmonauta del primer grupo, Aleksei Leonov, quien se convirtió en el especialista ejecutor en las pruebas. Según el programa, se desarrolló una versión mejorada de la más reciente nave espacial Vosjod, un sistema de bloqueo y un traje de protección especial. Para febrero de 1965, todo estaba listo y quedaba el último paso.

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La nave

La Vosjod-2 se convirtió en una versión mejorada de la primera nave, en la que en 1964, por primera vez, había volado un equipo de tres cosmonautas: Vladimir Komarov, Konstantín Feoktístov y Borís Yegórov. Estaban tan apretujados que tuvieron que volar sin trajes espaciales; una despresurización de la nave conllevaría una muerte segura. El peso de Vosjod-2 era de casi 6 toneladas, su diámetro alcanzaba 2,5 metros y su altura, 4,5 metros. La nueva nave estaba adaptada para dos personas y equipada con "Volga", una esclusa de aire especial para la salida al espacio exterior, cuya cámara se inflaba para recibir al astronauta. Cuando la tripulación se preparaba para el aterrizaje, la cámara se separaba de la nave y esta aterrizaba sin ella.

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Cabe señalar que el vuelo de Vosjod-2 con la cámara de esclusa de aire  y la tripulación a bordo era arriesgado, ya que no era posible probar previamente el funcionamiento de todos los sistemas. El 22 de febrero de 1965, menos de un mes antes del vuelo de Beliáyev y Leónov, la nave no tripulada Cosmos-57 (una copia de Vosjod-2) explotó durante un vuelo de prueba debido a un comando de autodestrucción erróneo. A pesar de esto, Serguei Korolev, el diseñador jefe de todo el programa, y Mstislav Kéldysh,el presidente de la Academia de Ciencias de la URSS, tras una consulta con los cosmonautas, decidieron no cancelar el vuelo planeado.

Equipamiento

El primer traje espacial para ir al espacio exterior se llamaba "Bérkut” (“águila real") y, junto con la mochila, pesaba 40 kilogramos, que, por supuesto, no importa en gravedad cero, pero da una idea de la seriedad del diseño. Todos los elementos eran lo más sencillos posible, pero eficientes. Por ejemplo, los diseñadores decidieron prescindir del sistema de regeneración para ahorrar espacio y el dióxido de carbono exhalado se liberaba directamente al espacio exterior a través de una válvula.

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Sin embargo, en ese momento, el traje estaba equipado con varias tecnologías punteras de aquel tiempo: una pantalla de vacío aislante de varias capas de tela metalizada protegía al cosmonauta de los cambios de temperatura, y un filtro en el vidrio del casco le salvaba los ojos de la luz solar.

El "águila real" fue utilizada solo una vez durante el vuelo de Vosjod-2 por la tripulación de Beliáyev y Leónov y actualmente es el único traje espacial universal, es decir, destinado a salvar a los pilotos tanto durante la despresurización de la nave como en las caminatas espaciales.

Peligros

Si has visto la película Gravity, tienes una buena idea de todos los peligros que amenazan al astronauta en el espacio exterior. Estos son: el peligro de perder el contacto con la nave, el de colisionar con los desechos espaciales y, finalmente, el de quedarse sin oxígeno antes de regresar a la nave. Además, existe el peligro de sobrecalentamiento o hipotermia, así como daños por radiación.

Leónov estaba atado a la nave con una driza resistente de cinco metros y medio de largo. Durante el vuelo, se estiró repetidamente hasta llegar al tope y nuevamente se acercó al barco, registrando todas sus acciones con una cámara de cine. En los años 60, aún no existían las mochilas propulsoras, un dispositivo que les permite a los astronautas separarse por completo de la nave y regresar a ella. Por tanto, una cuerda delgada y fuerte con dos carabinas de metal era, literalmente, todo lo que conectaba a Leónov con la vida y la posibilidad de volver a casa.

En cuanto a la basura espacial, en 1965, la probabilidad de colisionar con algún residuo en  la órbita de la Tierra todavía era muy pequeña. Antes del vuelo de Vosjod-2, solo 11 naves espaciales tripuladas y varios satélites habían estado en el espacio exterior, mientras que en órbitas bastante bajas con una densidad de gases atmosféricos relativamente alta, la mayoría de las minúsculas partículas de pintura, escombros y otros residuos que habían quedado después de aquellas naves enseguida se quemaban sin poder dañar a nadie. 

Cuanto al peligro de quedarse sin aire, el traje espacial "Bérkut", diseñado específicamente para el paseo espacial con plena autonomía, tenía una reserva de solo 1666 litros de oxígeno, y para mantener la presión de gas necesaria y la vida del astronauta hacían falta más de 30 litros por minuto. Por lo tanto, el tiempo máximo que un astronauta podía pasar fuera de la nave eran solo unos 45 minutos para todos los procedimientos, tales como entrar en la esclusa de aire, salir al espacio exterior, permanecer en vuelo libre, regresar a la esclusa de aire y esperar a que se cierre. El tiempo total de la salida de Leónov fue de 23 minutos y 41 segundos (de los cuales 12 minutos y 9 segundos él estuvo fuera de la nave). El astronauta no tenía margen para corregir errores para salvarse.

Con relación a las temperaturas y la radiación, Leónov logró milagrosamente consumar su salida antes de que la nave entrara a la sombra de la Tierra, donde las bajas temperaturas podrían complicar todas sus acciones y provocar la muerte. En la oscuridad total, no podría manipular la driza y la puerta de entrada. Su estancia en el lado soleado durante unos 12 minutos le hizo sudar. "Ya no podía aguantar, el sudor me corría por la cara, no a gotas, sino como una corriente, tan acre que me quemaba los ojos", recuerda Leonov. En cuanto a la radiación, el astronauta tuvo una suerte relativa. En el pico de su órbita, a casi 500 kilómetros sobre el suelo, Vosjod-2 tocó solo el borde inferior de la zona radiactiva peligrosa, en la que la radiación puede llegar a hasta 500 rayos X / hora y emitir una dosis letal en varios minutos. La exposición corta y una buena combinación de circunstancias permitieron evitar consecuencias desfavorables. Al aterrizar, Leonov registró una dosis de 80 mrad, que es significativamente más alta que la normal, pero no daña la salud.

El vuelo

En la primera vuelta del vuelo los tripulantes inflaron la cámara con la compuerta. Ambos astronautas tomaron sus asientos y se pusieron los trajes espaciales. En el segundo giro, Leónov subió a la cámara, y el comandante levantó la escotilla detrás de él. A las 11:28 desinflaron la compuerta. Empezó la cuenta atrás: ahora Leónov estaba completamente autónomo. A las 11:32 se abrió una escotilla externa desde el panel de control, dos minutos más tarde a las 11:34 Leónov salió de la puerta y se fue al espacio exterior.

En el momento del lanzamiento, el pulso del cosmonauta llegó a 164 latidos por minuto. Leónov se alejó un metro de la nave y luego regresó. El cuerpo flotaba  libremente en el espacio. A través del cristal de su casco, miró al Mar Negro que se encontraba justo debajo de él y vio barcos que navegaban por su superficie azul.

Beliaev y Leonov

Repitió su maniobra de retirada y aproximación a la nave varias veces, girando libremente y extendiendo sus brazos, todo este tiempo hablando por walkie-talkie con el piloto de la nave y los servicios terrestres. Cuando estaban encima del río Volga, Beliáyev conectó el teléfono en el traje espacial de Leonov a la emisora  Radio de Moscú, en la que el famoso presentador Levitán estaba leyendo el mensaje de la agencia de noticias TASS sobre la salida del hombre al espacio exterior. En aquel momento, todo el mundo con la ayuda de las videocámaras de la nave pudo ver cómo Leonov estaba saludando con su mano a toda la humanidad directamente desde el espacio exterior.

El vuelo récord de Leonov duró 12 minutos y 9 segundos.

Imprevistos

Durante la preparación para el vuelo en tierra el equipo había previsto y resuelto 3000 situaciones de emergencia diferentes. Pero Leonov dijo que la emergencia número 3001 pasarían en el espacio y también la tendrían que resolver. Y así fue.

En el espacio exterior, el traje espacial se hinchó debido a la sobrepresión (dentro había 0,5 atm y fuera, cero). "Se me salieron las manos de los guantes y las piernas se quedaron fuera de las botas", recuerda Leonov. El astronauta estaba dentro de una gran bola inflada perdiendo sensaciones táctiles y la sensación de apoyo.  Aún tenía que recoger la driza en una madeja para no enredarse en ella, recoger la cámara de cine que tenía en sus manos y entrar en la estrecha escotilla de la esclusa de aire inflable. Tenía que tomar una decisión muy rápidamente, y Leonov tuvo éxito.

“Silenciosamente, sin informar a la Tierra (esta fue mi gran infracción), tomé una decisión y bajé la presión del traje espacial casi dos veces, a 0,27 en lugar de 0,5. Y mis manos inmediatamente volvieron en su lugar, pude trabajar con guantes".

Pero esto podría tener terribles consecuencias: la caída en la presión parcial de oxígeno podría haber hecho hervir el nitrógeno en su sangre y producir la enfermedad de descompresión, conocida por los buzos. Mientras tanto, Leónov tenía que darse prisa. El comandante de la nave, Beliáyev, al ver que la sombra se acercaba inexorablemente, y en completa oscuridad y con una temperatura extremadamente fría, ya nada podía ayudar a Leónov, apresuraba a su piloto.

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Leónov hizo varios intentos de entrar por la compuerta, pero fracasó; el traje no le obedecía y no le permitía avanzar con los pies, acorde a las instrucciones. Cada falla acercaba una muerte terrible: el oxígeno se estaba acabando. Por la emoción y el trabajo duro, el pulso de Leónov se hizo más frecuente; él comenzó a respirar con más frecuencia y más profundamente.

Fue cuando Leónov, infringiendo todas las instrucciones, hizo su último intento desesperado: bajó al mínimo la presión en el traje espacial con la válvula, empujó la cámara de cine hacia la cámara de aire y, girando hacia adelante con la cabeza, se empujó hacia adentro con los brazos.  Fue posible solo gracias a una excelente preparación física: el cuerpo exhausto invirtió la última energía en este esfuerzo. Leonov se dio la vuelta con gran dificultad, levantó la escotilla y finalmente dio la orden de igualar la presión. A las 11:52, el aire comenzó a fluir hacia la cámara de la cerradura; fue el final de la salida de Alexei Leonov al espacio exterior.

La vuelta a casa

La lucha de Leonov por la vida se había acabado; la escotilla detrás de él se cerró de golpe, separando el pequeño mundo apretado, ligero y acogedor de la cabina de Vosjod-2 del oscuro e infinito frío del espacio exterior. Pero entonces surgió otro problema. La presión parcial de oxígeno en la cabina, con la norma de 160 mm, comenzó a aumentar, ya había alcanzado los 460 mm y continuó creciendo. La más mínima chispa en los circuitos eléctricos de los dispositivos podría provocar una explosión. Más tarde resultó que debido al hecho de que durante mucho tiempo Vosjod-2 había estado estabilizada contra el Sol, se había calentado de manera desigual (por un lado + 150 ° C y por el otro, -140 ° C), lo que condujo a una ligera deformación del cuerpo de la nave. Los sensores de cierre del techo solar funcionaron, pero quedó un pequeño espacio del que escapó el aire. El sistema de automatización les proporcionaba a los astronautas soporte vital al suministrar oxígeno a la cabina. La tripulación no podía resolverlo por su cuenta, y los cosmonautas solo tenían que mirar con horror las lecturas del dispositivo. Cuando la presión total alcanzó los 920 mm, la escotilla se cerró bajo su presión y la amenaza pasó: pronto la atmósfera dentro de la cabina volvió a la normalidad.

Pero los contratiempos de los cosmonautas no terminaron allí. En modo normal, se suponía que la nave comenzaría el programa de aterrizaje después de la 17ª vuelta, pero el sistema de propulsión para el frenado no funcionó automáticamente y la nave continuaba volando en la órbita a una velocidad frenética. Los tripulantes tuvieron que aterrizarla en modo manual: Beliáyev la orientó en la dirección correcta y cogió rumbo a un área desierta en la taiga en la región de Solikamsk. Lo que más temía el piloto al mando era entrar en una zona densamente poblada y dañar las líneas eléctricas o edificaciones. También existía el riesgo de bajar al territorio de China que era hostil en ese momento, pero todo esto fue evitado. Después de poner en marcha los motores de frenado y frenar en la atmósfera hubo unos dolorosos segundos de espera. Pero todo funcionó: el sistema de paracaídas funcionó bien y la Vosjod-2 aterrizó a 30 kilómetros al suroeste de la ciudad de Berezniki en la óblast de Perm. Beliáyev afrontó la tarea de forma excepcional, desviándose del punto calculado por solo 80 km, dado el hecho de que la nave había estado volando a una velocidad de aproximadamente 30.000 km / h.

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Los servicios de salvamento rápidamente identificaron los paracaídas rojos colgados de las copas de los árboles desde un helicóptero, pero no había forma de encontrar un lugar de aterrizaje y recoger a la tripulación. Durante dos días, Beliáyev y Leónov permanecieron en la taiga nevada esperando la llegada de ayuda. Sin quitarse sus trajes espaciales, se envolvieron en el revestimiento hecho de aislante térmico, lo ataron a los cuerpos con las cuerdas de los paracaídas, hicieron una hoguera, pero no consiguieron entrar en calor la primera noche. A la mañana siguiente, les arrojaron comida y ropa abrigada (los pilotos del helicóptero se quitaron sus chaquetas para dárselas a los cosmonautas): un grupo encabezado por un médico bajó al bosque por la escalera de cuerdas para proporcionar mejores condiciones para Beliáyev y Leónov. Al mismo tiempo, otro grupo había estado cortando árboles para aclarar un sitio de aterrizaje del helicóptero de evacuación, al que los cosmonautas podían llegar en esquís. El 21 de marzo, Beliáyev y Leónov ya estaban en la ciudad de Perm, desde donde informaron sobre la finalización exitosa del vuelo al Secretario General del PCUS Leonid Brézhnev en persona, y el 23 de marzo Moscú recibió a los héroes.

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A modo del epílogo

El 20 de octubre de 1965, la Federación Internacional de Aviación (FAI) marcó el tiempo récord de permanencia de un ser humano en el espacio abierto fuera de una nave; fueron 12 minutos y 9 segundos. Alexei Leónov recibió el galardón más alto de la FAI: la medalla de oro Cosmos por su primera salida al espacio abierto en la historia de la humanidad. El piloto al mando, Pavel Beliáyev, también recibió una medalla y un diploma.

Leónov se convirtió en el decimoquinto hombre en el espacio, y en la primera persona en dar el siguiente paso fundamental después de Gagarin. Quedarse solo con el espacio, el medio más hostil para una persona, mirar las estrellas solo a través del fino cristal del casco, escuchar el latido de su corazón en absoluto silencio y regresar es una verdadera hazaña. Una hazaña detrás de la cual se encontraban miles de científicos, ingenieros, trabajadores y millones de personas comunes, pero fue realizada por una persona: Alexei Leónov.

Leonov con su esposa e hija


Fuente: Disgusting men
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