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La maldición del Sáhara Occidental

Juan Teixeira | 16 de diciembre de 2020

saharaMaldito
El pueblo saharaui debe sentirse de algún modo maldito. Es difícil entender de otro modo los continuos abusos de todo tipo que deben sufrir en silencio durante generaciones. Sin embargo, esta maldición no tiene que ver con ningún tipo de misterio sobrenatural o mágico, sino que es muy palpable: su condena son sus recursos naturales. Pesca y fosfatos son las principales razones (aunque no las únicas) que hacen que todo un pueblo deba resignarse a malvivir abandonado en mitad del desierto para que otras potencias puedan lucrarse a costa de uno de los últimos territorios que todavía sufre directamente los efectos del colonialismo.

El del Sáhara Occidental es considerado por la ONU como el último conflicto colonial que todavía existe en África. Esta afirmación puede resultar debatible, puesto que gran parte de los conflictos actuales tienen como origen el reparto del continente que las potencias europeas hicieron en 1884, pero si hacemos caso de ella y tiramos del hilo veremos una increíble maraña de hipocresía occidental.

La realidad es que este territorio está siendo ocupado de modo ilegal e inmoral por Marruecos desde 1976, a pesar de que su presencia en territorio saharaui viola más de 100 resoluciones de la ONU y hasta un dictamen de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. A día de hoy, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) ha sido reconocida por más de 80 Estados. La propia ONU lleva desde 1960 solicitando la independencia y descolonización de la antigua colonia española, aunque lo cierto es que lo hace sin demasiada convicción (cabe recordar que la misión de la ONU en el Sáhara Occidental es la única de las 16 misiones de paz de la ONU que no evalúa los derechos humanos). Para quien no sepa mucho sobre la historia reciente del Sáhara Occidental y le interese, le dejo estos entretenidos dibujos animados que lo explican de modo breve y ameno:

Con poco que uno se informe sobre el tema, resulta evidente e irrebatible que la ocupación marroquí del Sáhara Occidental no tiene ningún tipo de base histórica, legal ni moral. Por lo tanto, ¿cómo y porqué continúa esta inhumana situación? La respuesta es sencilla: recursos naturales y geopolítica. 

Malditos recursos 

El Sáhara Occidental cuenta con 266.000 kilómetros cuadrados de extensión, la mitad de España. Aunque pueda parecer que solo hay arena y polvo, este vasto territorio cuenta con uno de los yacimientos de fosfatos más grandes del mundo y una costa privilegiada con uno de los caladeros de pesca más ricos del continente. También existen considerables reservas de petróleo y gas a lo largo de la costa, todavía por cuantificar. Además, en 2011, una empresa minera canadiense encontró oro, diamante, uranio y otros minerales preciosos bajo la arena del Sáhara Occidental. Lo que podría parecer una gran noticia para una nación, se convierte en muchos casos en una auténtica maldición: si nos fijamos en todas las guerras del último siglo, veremos que el denominador común son precisamente los recursos naturales, principalmente el petróleo. 

De este modo, el respaldo internacional que recibe Marruecos en este conflicto tiene una base sólida: el interés comercial. Mientras los políticos continúan mareando la perdiz de un modo inmundamente hipócrita, el Sáhara Occidental sigue siendo expoliado por las empresas a las que esos políticos representan. 

El modus operandi es sencillo: Marruecos financia la ocupación del territorio para que diversas compañías internacionales puedan obtener a precio de coste esos valiosos recursos. A cambio, esas empresas utilizan a sus políticos para que apoyen al reino alauita. De este modo, todos ganan. Excepto claro está, el pueblo saharaui, condenado a malvivir en deplorables campos de refugiados en mitad del desierto argelino mientras ve impotente como esas compañías internacionales apoyados por los políticos occidentales continúan quedándose sus recursos naturales. 

Pesca

La pesca no es el botín saharaui más apetitoso para la codicia marroquí y occidental, pero sí es claro ejemplo de su modo de actuar, totalmente al margen de la ley y la moralidad. A pesar de que legalmente los productivos 1.100 kilómetros de costa de que consta el Sáhara Occidental pertenecen al pueblo saharaui, la realidad es que son Marruecos, la Unión Europea y Rusia quienes se reparten sin pudor alguno este importante recurso natural, mientras los propios saharauis pasan hambre a 500 kilómetros desierto adentro. 

Curiosamente, es España el país de la UE que mayor porcentaje de botín pesquero se lleva. Legalmente el territorio está todavía bajo su administración, pero sin embargo España no lo reconoce y pacta con Marruecos cotas de pesca en la costa saharaui. 

En todos los acuerdos pesqueros entre la UE y Marruecos nunca se delimitaron adecuadamente los límites geográficos de las zonas de pesca, sirviendo de artimaña para repartirse el botín. Una "imprecisión técnica" con la que la UE incluye las aguas del Sahara Occidental en los acuerdos pesqueros alcanzados con Marruecos, sin necesidad de citar el nombre del territorio.

El Frente Polisario ha intentado desde 2012 desmontar esta farsa, obligando a la UE a mencionar el Sahara Occidental en los acuerdos. En 2018 el Tribunal de Luxemburgo dio la razón al Polisario, resolviendo que el acuerdo de pesca entre la UE y Marruecos no tenía efectos en el Sáhara Occidental, al no ser parte de Marruecos. Sin embargo, nada ha cambiado. Los barcos marroquíes y europeos continúan faenando a día de hoy exactamente igual que antes de esta resolución, poniendo de manifiesto que la UE no hace caso ni a sus propios tribunales cuando así le conviene económicamente. 

Actualmente entre 100.000 y 200.000 personas trabajan en la industria pesquera saharaui, la mayor parte marroquíes que se han desplazado al territorio desde la ocupación, lo que pone de manifiesto que no se trata tan solo una forma de expolio de recursos, sino que también es una guerra demográfica que busca prolongar el conflicto al introducir habitantes marroquíes en territorio saharaui. 

El expolio de la pesca, como todos los demás recursos pertenecientes al pueblo saharaui, hace que siga girando la rueda de la opresión y la ocupación marroquí, puesto que proporciona ingresos para invertir en armamento y retrasa o imposibilita totalmente el tan necesario proceso de paz. Y por esta razón Marruecos está tan interesado en ofrecer todas las facilidades a quien desee recursos saharauis, puesto que se convierte no solo en un beneficio económico, sino en un apoyo a sus demandas sobre el territorio saharaui. Por esta razón la complicidad occidental, y española en particular, resulta tan sumamente deleznable, tanto moralmente por su contribución al sufrimiento del pueblo saharaui, como legalmente por el ninguneo continuo a la legalidad internacional. 

Fosfatos

Aunque no tenga demasiado reconocimiento público, el fosfato es uno de los minerales más importantes para la vida: de él se extrae el fósforo, vital en los procesos bioquímicos básicos del cuerpo, por lo que está presente en todas nuestras células. Y su uso comercial principal es precisamente alimentarnos, puesto que los fosfatos son esenciales para producir los fertilizantes de los cultivos de todo el mundo. Si nos paramos a pensar en el crecimiento exponencial de la población mundial y sus necesidades alimentarias, nos daremos cuenta de la importancia vital que tendrá este recurso en el futuro próximo. Además, los fosfatos tienen multitud de otras aplicaciones tanto domésticas como industriales, desde decapante de pinturas a aditivo del jamón, pasando por levadura para panaderías o abrasivo para pastas de dientes. Es además un mineral bastante escaso y, sobre todo, no se puede producir de manera artificial. No es petróleo, pero se le acerca.

Curiosamente, uno de los principales yacimientos de fosfatos del mundo está en el Sáhara Occidental. Desde las minas de Bucraa, los fosfatos saharauis son transportados a una distancia de más de 100 km hasta terminar en el puerto de El Aaiún a través de la cinta transportadora más larga del mundo, y de ahí son cargados en grandes buques para surtir a medio mundo. Y, ¿ quién vende esos fosfatos? exacto, Marruecos. 

Los fosfatos suponen el 20% de las exportaciones totales de Marruecos, lo que supone el 5% de su PIB. El país acapara, si contamos con las reservas saharauis, tres cuartas partes de las reservas de fosfato de todo el mundo, lo que le permite a Marruecos ser monopolista. Solo la mina de Khouribga, la explotación de fosfatos a cielo abierto más grande del mundo, produce 35.000 millones de toneladas de fosfatos al año a través de la empresa minera encargada de su explotación: OCP Group, de propiedad estatal.

ImagenImagen de satélite de la mina de Fosfatos de Bucraa, cerca de El Aaiún.

 

Precisamente el comercio internacional de fosfatos es donde el Frente Polisario está haciendo más presión internacional, intentando evitar que las empresas compren a Marruecos el mineral, debido a su procedencia a todas luces ilegal. Un ejemplo evidente de esta "guerra de los fosfatos" se produjo en 2005, cuando se reveló que el gigante de fosfatos noruego Yara había importado 27.000 toneladas de fosfatos saharauis. Desde ese momento, la compañía declaró que "bajo las actuales circunstancias se abstendrán de comprar fosfato procedente del Sáhara Occidental", y que la empresa "espera que el país sea liberado algún día".

Algo similar sucedió en 2010, cuando la firma estadounidense Mosaico anunció que había suspendido las importaciones procedentes del territorio, después de ser cliente del Gobierno marroquí durante años. Esta situación podría cambiar próximamente, tras el anuncio la semana pasada por parte del todavía presidente estadounidense Donald Trump del reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Esta declaración tiene múltiples implicaciones geoestratégicas y comerciales, entre ellas la posible reanudación de la importación de fosfatos por parte de compañías norteamericanas. A pesar de la complejidad del asunto, Trump lo ha explicado al nivel intelectual de sus votantes: "Marruecos reconoció a Estados Unidos en 1777. Por tanto, lo correcto es que reconozcamos su soberanía sobre el Sáhara Occidental".

Geopolítica

Este anuncio por parte de Donald Trump pone de manifiesto la importancia vital de las relaciones con Marruecos para EE.UU. Y es que desde la huida de los españoles, los diferentes gobiernos norteamericanos siempre se han mostrado favorables a las intenciones anexionistas de Marruecos sobre el Sahara Occidental, a cambio claro está de la sumisión marroquí ante el imperialismo norteamericano. Este reconocimiento le sirve a Marruecos para sumar dos grandes apoyos diplomáticos internacionales en esta cuestión, contando a Francia, que lleva décadas apoyando al régimen autoritario alauita. Casualmente Francia y EE. UU. son sus dos principales proveedores armamentísticos.

La razón principal del interés norteamericano en Marruecos es su posición clave en el Magreb, además claro está de los recursos e intereses económicos. Esta evidente intencionalidad comercial en el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental por parte de EE. UU. ni siquiera se disimula. Esta misma semana los norteamericanos han iniciado el protocolo de apertura de una venta de armas a Marruecos por valor de 1.000 millones de dólares, incluyendo la entrega a Marruecos de cuatro aviones no tripulados MQ-9 Reaper con capacidad para portar armas y municiones guiadas por láser.

También se ha hecho público que Marruecos se hará con cazas F35, los más caros y avanzados del mundo, y a los que solo algunos países pueden acceder. Una de las razones por las que no cualquier país puede comprar los F35 es que Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí, mostró su rechazo frontal a su venta a cualquier país que no reconozca el Estado de Israel. Obviamente Marruecos acaba de realizar este reconocimiento tras hacer EE. UU. lo mismo con el Sahara Occidental en este intercambio de cromos geoestratégico. Marruecos se convierte así en el cuarto país árabe que reconoce a Israel en los últimos meses, siguiendo a Sudán, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. 

Pero hay mucho más. En 2008 EE.UU. ubicó el Comando Africano de Estados Unidos (Africom) en Tan Tan, muy cerca de El Aaiún, la capital del Sahara Occidental. Una decisión que reforzó fuertemente a Mohamed VI y sus intereses, a la vez que reducía drásticamente las posibilidades de los saharauis de celebrar el prometido referéndum de autodeterminación. Ahora Marruecos incluso ha ofrecido el uso de una base en el estrecho de Gibraltar como alternativa a la base española de Rota, cuyo convenio debe renovarse en 2021.

El mapa de las bases navales de Rota y de Alcazarseguir.

Y hace tan solo un par de meses, Marruecos y EE. UU. dieron un paso más al rubricar su alianza con una hoja de ruta militar conjunta hasta el año 2030, "como piedra angular de la paz en África". Marruecos modernizará sus Fuerzas Armadas Reales de Marruecos (FAR) con armamento estadunidense debido a este acuerdo, denominado “Hoja de ruta para la cooperación en defensa 2020-2030 entre el Reino de Marruecos y los Estados Unidos de América”, y que allana el camino para la cooperación total en el campo estratégico militar, la adquisición de armas y equipos, el entrenamiento militar en todos los sectores, así como inteligencia entre los dos países.

Parece que todo son malas noticias para las expectativas de paz en el Sahara Occidental y para los derechos del pueblo saharaui, envueltos durante décadas en un interminable conflicto de intereses ajenos a ellos, y que suponen la maldición que los condena a vivir viendo como sus derechos humanos son violados día tras día. 

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