Desilusión, apatía y un recuerdo agridulce marcan el recuerdo del Maidán de Kiev

Quinto aniversario de la culminación de las protestas que vivió Ucrania en el invierno 2013-2014. Un recuerdo marcado por el empobrecimiento e inseguridad actuales. Ello además profundiza la grieta que divide al país.

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Desilusión, apatía y un recuerdo agridulce marcan el recuerdo del Maidán de Kiev

A finales de febrero de 2014 en Kiev murieron más de un centenar de personas, entre ellos cerca de cien manifestantes y 17 policías. Tras estos trágicos sucesos se produjo en el país un cambio de gobierno, revolución para unos, golpe de estado para otros. Ucrania tomó el rumbo “euro-atlántico” alejándose del área de influencia rusa. 5 años después el país se encuentra en una difícil situación y sin claras perspectivas de mejora. Todo ello repercute en los ánimos de la población.

La gente, tanto los que estuvieron a favor de aquellos hechos, como los que eran contrarios, perciben con creciente negatividad aquellos sucesos. Para los primeros, la clase política los he engañado y su vida no solo no ha mejorado como prometían, sino que en muchos aspectos ha empeorado a causa de unas reformas, y ausencia de otras. Así las reformas bajo el mandato de organizaciones como el FMI han hecho que los precios de diferentes servicios hayan aumentado significativamente. El precio del agua caliente se ha multiplicado entre el 7 y 10 veces dependiendo de la ciudad, el gas vale 14 veces más, la luz vale “solo” 4 veces más gracias a que la mitad de ella se produce en centrales nucleares de construcción soviética. 

Por otro lado la corrupción sigue presente a todos los niveles, a pesar de las promesas e iniciativas para combatirla. Todo esto empobrece a la población, la cual ve como su nivel adquisitivo se ha precipitado. Por estas razones el Maidán se percibe como un error incluso por gente que participó activamente en él. Así Petr (aquí y en adelante sin apellido por petición de las personas), empresario de 35 años opina que “la mayor parte de los que estuvieron en el Maidán, como yo, por mi estúpida ingenuidad, no quieren recordarlo y no lo consideran un logro, sino un error infernal en la historia del país. Con la experiencia que tengo tras estos sucesos, ni en broma voy a ir a otro Maidán”. 

Otros recalcan que los cambios producidos tras las protestas aun aumentado la inseguridad ciudadana. Una de las razones claves ha sido la percepción de las fuerzas de seguridad del estado tras esos sucesos. Irina, de 38 años y policía hasta 2016, recuerda que “durante el Maidán nos veían como unos traidores por no dejar hacer a los manifestantes. Nos amenazaban, nos trataban como una mierda. Luego hicieron la reforma de la policía y han echado a la calle a la mayoría de los cuadros con experiencia. Han repartido uniformes nuevos y bonitos entre la nueva gente que han reclutado, pero son inexpertos y no hacen su trabajo. Y tampoco nadie se dedica a formarlos, no interesa una policía competente”.

Si bien el ministerio del interior ucraniano en sus estadísticas refleja una leve bajada de la criminalidad, expertos en la materia señalan que ello se consigue mediante la falsificación de números. Así por ejemplo, como cuenta Anton, periodista experto en temas del ministerio del interior, “si se consultan estadísticas regionales se ve que la criminalidad se ha disparado, disminuyendo la resolución de casos. Cuando estos números llegan al ministerio son modificados. Muchos casos no entran en la estadística simplemente por que no se investigan y se archivan nada más denunciarse”.

La pobreza e inseguridad no ayudan tampoco a resolver el debate sobre el uso del idioma, ucraniano y ruso. A pesar de que solo el ucraniano es idioma oficial en el país y se han lanzado diversas campañas para promoverlo en medios de comunicación, productos culturales como cine y música, y otras tantas campañas regionales para prohibir el ruso en actos públicos como conciertos o cines, una parte importante la población sigue utilizando los dos idiomas indistintamente, y en varias grandes ciudades como la capital Kiev, o centros industriales como Dniepr (antigua Dniepropetrovks) o Járkov el ruso es idioma mayoritario. 

Para muchas personas, incluso étnicamente ucranianas, la imposición de un idioma u otro se percibe como una limitación de libertades básicas. Irina, decoradora de 39 años, opina que incluso “en tiempos de la Unión Soviética en este aspecto había más libertad. Nadie pegaba o montaba un escándalo por utilizar un idioma u otro”. Para ella, “la política de las actuales autoridades está construyendo una atmósfera de odio y separación entre la gente, incluso dentro de los círculos de amigos de toda la vida o familias”.

A este día a día se suman la pérdida de Crimea, el conflicto en el Donbass, la masiva emigración hacia otros países o la paulatina ruptura de los lazos económicos clásicos con Rusia. Nada de ello añade ilusión al ucraniano de a pie. Este año Ucrania además celebra elecciones presidenciales y parlamentarias. Los ucranianos viven bastante ajenos en su día a día de toda intriga política. Los cambios, los negativos que se han producido y los positivos que no se han dado, después del Maidán tienen culpa, así como una clase política que prácticamente no se ha renovado desde 2014. 

Texto publicado originalmente en el diario Gara.

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