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Inditex: a más beneficios, más cierres y despidos

Un año más, el fundador de Inditex, Amancio Ortega, ocupa el primer puesto en la lista de mayores fortunas de España, según Forbes. Además, es el undécimo en la lista mundial. Su fortuna es de 67.000 millones de euros, 10.000 millones más que en 2020 y 5.000 millones más que en 2019, antes de la pandemia. De hecho, su riqueza actual equivale a la de los 52 millonarios siguientes en la clasificación. En segundo lugar a nivel español se encuentra su hija, Sandra Ortega, con 6.300 millones, que a la vez ocupa el puesto 344 de 2.674 de la lista mundial. Unas cifras nada desdeñables que explican la precariedad laboral en muchas de sus tiendas y la explotación en otros países.
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En 2017, las trabajadoras de Bershka en Pontevedra llevaron a cabo la primera huelga en España en la historia de Inditex. Foto: Confederación Intersindical Galega (CIG)
Inditex: a más beneficios, más cierres y despidos

Por Tania Lezcano - Contrainformacion

Rápida recuperación de la pandemia

En el año 2020, Inditex ingresó 195 millones de euros menos de lo esperado —no es correcto hablar de pérdidas cuando sigue habiendo tal margen de ganancias—. En 2021, mientras las pequeñas empresas siguen luchando por recuperar un poco de lo mucho que han perdido —y en muchos casos siguen perdiendo—, solo en el primer semestre, el gigante textil ha facturado 11.936 millones, un 49% más que durante el mismo periodo de 2020, cuando la pandemia se encontraba en su momento más duro.

Aun así, Inditex anunció que cerraría entre 1.000 y 1.200 tiendas entre 2020 y 2021, entre 250 y 300 de ellas solo en España. A nivel mundial, en un año la empresa ha cerrado casi el mismo número de tiendas que abrió entre los años 2014 y 2018. La principal causa no es la pandemia, sino su intención, abiertamente declarada, de impulsar las ventas por internet y la digitalización. Esto suena muy bien si no significara el despido de una parte importante del personal. No en vano, trabajadoras y trabajadores de Inditex llevan años protestando por las condiciones laborales.

Precariedad laboral en las tiendas

Dentro del propio grupo existe una gran desigualdad entre las diferentes tiendas, tanto en los contratos como en los salarios. Por ejemplo, en Galicia las condiciones son en general bastante mejor, pero no por la benevolencia de Ortega, sino por las continuas luchas de su personal. En 2017, las trabajadoras de Bershka en Pontevedra consiguieron, entre otras cosas, un aumento de salario de 120 euros tras nueve jornadas de huelga, y lograron que se equipararan a la situación de las compañeras de otras provincias gallegas cuestiones como las vacaciones, permisos, excedencias, tiempos de descanso, conciliación familiar y lactancia.

Sin embargo, en otras zonas el salario es de por sí más bajo y, aunque la empresa afirma en su página web que «el 80% de nuestros profesionales tienen un contrato indefinido», en la práctica eso no significa nada. De hecho, muchos contratos son a tiempo parcial, de 8, 12 o 14 horas a la semana, con sueldos que no permiten llegar a fin de mes.

Respecto a «la seguridad y la salud laboral» que Inditex dice asumir «como una parte esencial» de su gestión, Carmiña Naveiro, representante de la Confederación Intersindical Galega (CIG), declaró al Diario Público que en muchas tiendas se incumple la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y están constantemente denunciando la situación ante la inspección de trabajo. Y añadía: «Si sacáramos fotos de los almacenes de algunos comercios, no ofrecerían una imagen muy distinta a la de un taller clandestino en Bangladesh».

Reubicaciones engañosas

Ante los recientes y próximos cierres masivos, la empresa ofrece la reubicación o la posibilidad de despido con indemnización. En octubre de 2020, Inditex firmó un acuerdo con UGT y Comisiones Obreras (CCOO) teóricamente para mantener el empleo y ofrecer puestos nuevos a las personas afectadas. De hecho, Inditex aseguró que los puestos se ofrecerían en tiendas cercanas, aunque pudiendo «adaptar» las jornadas y horarios a las necesidades de la tienda de destino.

Y es lo que hace. Las vacantes ofertadas son de menos horas —con ello, menos salario—, menos responsabilidad, horarios aún peores o con contratos fijos discontinuos, trabajando solo unos meses al año. Con esto, no es extraño que el personal y sindicatos regionales minoritarios como ELA en Euskadi, la CIG en Galicia y la CGT afirmen que prácticamente buscan que la gente elija el despido. Estos sindicatos denuncian que el acuerdo firmado con los mayoritarios solo favorece a la empresa, porque puede hacer lo que desee. Carmiña Naveiro, de la CIG, lo tenía claro en declaraciones a elDiario.es: «Inditex hizo una negociación a nivel estatal con Comisiones y UGT. Ventilaron ese acuerdo porque sabían que estos sindicatos lo iban a firmar. Fue un paripé».

Inditex tampoco cumple con los términos de la reubicación. En las vacantes de adscripción voluntaria ofertadas ya se ofrecían mejores contratos y horarios si se trasladaban de provincia. En caso de no haber acuerdo voluntario entre empresa y personal, en la adscripción obligatoria la empresa debe garantizar las condiciones previas en cuanto a contrato, horas o reducciones de jornada, pero puede obligar al trabajador a trasladarse a otra provincia. Como decimos, la alternativa es aceptar el despido con indemnización equivalente al improcedente. Así, los sindicatos minoritarios tienen claro que invitan al personal a marcharse.

Discriminación hacia las mujeres

Por si esto fuera poco, pese a conformar gran parte de su plantilla, las mujeres sufren una severa discriminación en muchas tiendas de Inditex, especialmente cuando son madres y tienen que compaginar trabajo y cuidados. Según Naveiro, los horarios «son infernales», se conocen casi de un día para otro y no existe una regularidad mínima para poder saber el turno en el que se trabaja. Añade que «a algunas empleadas han llegado a preguntarles si no tienen quién pueda encargarse de los niños».

De hecho, en un caso concreto, la CIG denunció a Bershka porque una madre pidió la reducción de jornada para poder atender a sus hijas y la empresa aceptó la reducción —es su obligación—, pero se negó a especificarle su horario de trabajo. A pesar de esto, Inditex sigue presumiendo en su decálogo de «políticas que favorecen la maternidad y la lactancia materna».

Explotación laboral

Es de sobra sabido que es imposible llegar a ser multimillonario —y ya no digamos milmillonario— sin pisotear los derechos laborales de trabajadoras y trabajadores, como hemos visto. De hecho, en muchos casos se puede hablar directamente de esclavitud, especialmente en los talleres que se encuentran fuera de Europa. Nunca está de más repetir y recordar que el motivo de que las prendas en tiendas como Zara, Mango, Stradivarius, Primark o H&M resulten tan asequibles es que quienes trabajan en las fábricas o talleres clandestinos reciben una miseria por jornadas interminables de trabajo. Así, la mayoría de grandes multinacionales textiles tienen las manos manchadas de sangre.

Cada cierto tiempo es habitual escuchar una noticia relatando la trágica muerte de trabajadores y trabajadoras en talleres clandestinos o fábricas donde no se respetaba ningún derecho laboral. Uno que cortó la respiración al mundo durante varios días fue el derrumbe de un edificio en Daca (Bangladesh) en 2013. Murieron 1.134 personas y 2.437 resultaron heridas. Tras él, 24 grandes multinacionales, incluida Inditex, firmaron un acuerdo que, sobre el papel, preveía inspecciones independientes. Sobre el papel, porque la explotación continúa gracias a la impunidad que tienen al existir una multitud de intermediarios que siempre liberan de responsabilidad legal a las multinacionales.

Asia no es el único lugar donde Inditex y otros gigantes textiles explotan a personas adultas y a menores. Con la creciente deslocalización, también América Latina y el norte de África han empezado a sufrir esta lacra. De hecho, el pasado mes de febrero 28 personas —la mayoría mujeres— murieron en una fábrica clandestina en la ciudad marroquí de Tánger, al parecer por un cortocircuito provocado por las fuertes lluvias. Allí trabajaban 40 personas sin garantías laborales ni de seguridad.

«Era de esperar»

No es algo sorprendente para quienes llevan años denunciándolo. La Asociación Marroquí de Derechos Humanos en Tánger denunciaba en Cadena SER que en la ciudad existen muchos locales así: «Como este lugar hay muchos en Tánger… los trabajadores no tienen ningún derecho ni seguridad social». Según cálculos periodísticos, más de 30.000 personas, la mayoría mujeres, trabajan en fábricas clandestinas de textil. De hecho, hasta el 90% de la mano de obra en este sector son mujeres, es un trabajo extremadamente feminizado. Las jornadas son rotatorias e inestables y suponen un «salario» de 33 céntimos la hora para un aprendiz o entre 100 y 130 euros al mes para el personal.

Sin embargo, se trata de un sector consolidado en Marruecos y supone entre el 25 y el 33% de las exportaciones. Mohamed Merabet, del movimiento Vía Democrática, decía en declaraciones a Cadena SER que «el imperio de la industria textil es una cadena de irregularidades». Sobre el accidente, añadía que «era de esperar» y criticaba la indiferencia de la comunidad internacional, ya que estos talleres «trabajan para Cortefiel, El Corte Inglés, Zara, Mango y todas esas multinacionales».

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