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Ómicron: el egoísmo estalla en la cara a los países ricos

Desde que se lanzaron las vacunas, los equipos expertos en epidemiología se han cansado de repetir hasta la saciedad la importancia de que las vacunas lleguen a todos los rincones del mundo. De otra manera, es imposible superar la pandemia. Y, frente a la cerrazón de los países ricos y los intereses de la industria farmacéutica, el tiempo ha dado la razón a los expertos. De nada sirve vacunar al 100% de la población, incluso con tres o más dosis, si no se vacuna a la población de los países más vulnerables. La aparición de la variante ómicron pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de liberar patentes e inmunizar a todo el planeta.

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Número de vacunas administradas de Covid-19 por cada 100 personas - Our World n Data
Ómicron: el egoísmo estalla en la cara a los países ricos

Por Tania Lezcanocontrainformacion.es

El Grupo Asesor Técnico sobre la Evolución del Virus del SARS-CoV-2 de la OMS comunicó el viernes que le preocupa la variante ómicron. A falta de más investigación, parece que «presenta un gran número de mutaciones, algunas de las cuales son preocupantes» y que «las pruebas preliminares sugieren un mayor riesgo de reinfección con esta variante, en comparación con otras que también son de preocupación».

Por otra parte, subrayó la buena disposición de Sudáfrica y Botsuana, que le reportaron oportuna y abiertamente la información sobre el hallazgo, y urgió a la comunidad internacional a no discriminar a los países que comparten su información de forma transparente.

No hay fronteras

Si algo nos ha enseñado la pandemia es que las fronteras no existen más que en la imaginación del ser humano. Los patógenos no entienden de fronteras, a pesar de que los países ricos se empeñen en seguir colocándolas en el centro y cometer el mismo error una y otra vez. Aunque la OMS ha recomendado no discriminar a los países sudafricanos que han informado de la nueva variante, la Unión Europea no ha tardado en prohibir en principio durante catorce días los vuelos a Sudáfrica, Botsuana, Esuatini (antigua Suazilandia), Lesoto, Namibia, Mozambique y Zimbabue.

Como decimos, la UE parece no haber aprendido nada, ya que otra de las enseñanzas que nos deja la pandemia es que, para cuando se conoce una nueva variante, ya se ha extendido. De hecho, el mismo viernes se confirmó el primer caso de esta variante en Europa, el de una mujer belga que regresó de Egipto hace 15 días, y también se conocen dos en Reino Unido, dos en Alemania y uno en Italia, además de varios sospechosos. Y ya se han detectado casos en lugares tan lejanos como Hong Kong o Israel.

Sobre la variante ómicron, el epidemiólogo sudafricano Salim Abdool Karim asegura que «es importante tratarla globalmente», recordando lo ocurrido con la variante delta, que en las tres semanas siguientes a su identificación ya se había extendido a 53 países. «Así que no sirve de nada cerrar las fronteras. Tenemos que encontrar juntos soluciones a esta variante. Y parte de eso es no reaccionar de forma exagerada», añade.

Vacunas para ricos

El cierre automático de fronteras y la discriminación sistemática hacia países enteros tiene como base la vergüenza que azota a los países ricos desde el inicio de la pandemia: lo que Richard Lessells, experto en enfermedades infecciosas con sede en Sudáfrica que participa en la detección de variantes, ha acertado en llamar apartheid de vacunas.

Desde que se lanzaron las vacunas, los equipos expertos en epidemiología se han cansado de repetir hasta la saciedad la importancia de que las vacunas lleguen a todos los rincones del mundo. De otra manera, es imposible superar la pandemia. Y, frente a la cerrazón de los países ricos, que solo escuchan los argumentos sanitarios cuando les conviene, el tiempo ha dado la razón a los expertos. De nada sirve vacunar al 100% de la población, incluso con tres o más dosis, si no se vacuna a la población de los países más vulnerables.

Según datos de la OMS, Botsuana tiene solo al 38% de la población totalmente vacunada; Lesoto, al 27%; y Sudáfrica, al 23,4%. Les siguen Esuatini, con un 22%; Zimbabue, con un 18,5%; y Namibia y Mozambique, con apenas un 11%.

Lucro privado por encima del derecho a la salud

Como los expertos llevan repitiendo y quien los haya querido escuchar ya sabrá, los virus mutan y pueden hacerse más resistentes incluso a las mejores vacunas. En un mundo globalizado, es imposible contener un virus si no se garantiza el acceso a la inmunización a toda la población. Desde que llegaron las vacunas, países en situación de vulnerabilidad como Sudáfrica o India han pedido que se liberaran las patentes, con la negativa de las grandes farmacéuticas y, lo que es peor, el rechazo de los gobiernos más ricos, que han preferido también anteponer el lucro privado al derecho básico a la salud.

Más de 200 organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo —entre ellas, Salud por Derecho, Médicos Sin Fronteras, Amnistía Internacional, Health Action International o Third World Network— se unieron a esa reclamación y llevan meses pidiendo a la Comisión Europea que suspenda temporalmente las patentes para que las vacunas puedan llegar a todos los rincones del planeta. A día de hoy, la UE, contra sus propios principios fundacionales —con bonitas palabras sobre solidaridad y justicia—, sigue bloqueando la liberación de las patentes y la Comisión prefiere apostar por mecanismos voluntarios de transferencia de tecnología, como C-TAP. Sin embargo, en la práctica, a través de esa herramienta solo se ha recibido una aportación, la del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), referente a un manual de instrucciones de un test de antígenos.

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