Oier Zeberio
17:03
30/04/20

COVID-19 en EE.UU: la catástrofe silenciosa.

A día de hoy, según los datos oficiales, la cifra de fallecidos supera a las muertes estadounidenses que se registraron en la Guerra de Vietnam y el número de infectados supera un millón. Estamos hablando de un país que está pulverizando todos los records y que considera 200.000 muertes como cifra totalmente asumible.
COVID-19 en EE.UU: la catástrofe silenciosa.

Hay algo aquí que mal”. La mítica canción de Kortatu se podría aplicar perfectamente a la gravísima situación sanitaria que ha provocado el Covid-19 en el país más "avanzando" del mundo.

Como bien se sabe, este virus que emergió en China y que por su paso arrasó el continente europeo, llegó a Estados Unidos. Un hecho fácil de explicar en el actual contexto de la globalización donde todo está interconectado.

Al principio, el número de casos no era muy elevado. Parecía que el SARS-Cov-2 avanzaba con lentitud y los estadounidenses se mostraban muy esperanzados. La situación cambió en pocas semanas. A finales de marzo, la ciudad de Nueva York se convirtió en el principal epicentro de muertos y contagiados por este nuevo virus, por ejemplo.

A día de hoy, según los datos oficiales, la cifra de fallecidos supera a las muertes estadounidenses que se registraron en la Guerra de Vietnam y el número de infectados supera un millón.

Mientras, el Gobierno estadounidense, siguiendo el principio estadounidense de que "el Estado no debe inmiscuirse en la vida particular de los ciudadanos" y que "la economía es lo primero", está efectuando una gestión Katrina style, abandonando a su suerte a las clases populares más castigadas por el capitalismo salvaje.

Trump califica su gestión de “brillante”. Tan brillante que el país está pulverizando todos los records, y la cifra de muertos asumible es de 200.000 vidas. Las bolsas para guardar los cuerpos de 100.000 personas ya están compradas.

Estamos hablando de un Presidente, el comandante en jefe de la mayor potencia mundial, que hace declaraciones de este tipo, demostrando continuamente su poca compresión de la crisis sanitaria:

Veo que el desinfectante lo elimina en un minuto. ¿Hay alguna manera de que podamos hacer algo así mediante una inyección dentro o casi una limpieza? Como ven, entra en los pulmones hace un efecto tremendo en los pulmones, así que sería interesante comprobarlo.

La empresa dueña del desinfectante Lysol, Reckitt Benckiser, emitió una declaración inmediata advirtiendo que "nuestros productos desinfectantes no deberían ser administrados al cuerpo humano bajo ninguna circunstancia (ni inyección, ingestión o alguna otra ruta)". Hasta las propias agencias de salud del Gobierno estadounidense, como la Administración Federal de Drogas (FDA) y el Centro para el Control de Enfermedades (CDC en inglés), tuvieron que advertir al público de no ingerir o inyectarse desinfectante o cloro.

¿Cuál fue el resultado? Pues, por ejemplo, horas después de esta rueda de prensa, los centros de emergencias de estados como Maryland atendían una cascada de llamadas por intoxicación con desinfectante.  Tal y como informa la cadena ABC, se produjeron más de cien avisos en apenas unas horas, lo que obligó a las autoridades a emitir una alerta con una curiosa advertencia: que nadie siga los consejos del Presidente del país.

En Nueva York también se registraron llamadas relacionadas con la "exposición" a lejía, el desinfectante Lysol y otros productos de limpieza tras de las declaraciones de Trump. Se calcula que el número de intoxicaciones se triplicó, pasando de los 13 casos diagnosticados en 2019 en el mismo período del año a 30.

En un intento claro de desviar la atención de los fracasos de su Administración, Donald Trump culpa a China de todos los males. Por un lado, culpa al país asiático de la propagación del Covid-19, y por otro, afirma que China está haciendo todo lo que puede para boicotear su reelección, utilizando la misma carta de la “amenaza externa” (Federación Rusa) que uso su rival Hillary Clinton en las pasadas elecciones.

Mientras, el Presidente muestra su apoyo a los grupos supremacistas que definen el confinamiento y las medidas de protección social como "totalitarias" y se muestran abiertos a sacrificar ciertos sectores de la sociedad que consideran como "débiles".

El virus se ha cebado concretamente con las clases más desfavorecidas, ya que son los que normalmente tienen que efectuar los trabajos esenciales que se están manteniendo a lo largo de la crisis y que, en muchos casos, utilizan el transporte público para conectar con sus lugares de trabajo. Por otro lado, muchos de ellos no disponen de un seguro médico, y se ven obligados a sufrir la enfermedad, ya que no pueden hacer frente a la factura médica.

Por ejemplo, en Nueva York, los miembros de las clases más pudientes han abandonado la ciudad o el estado. Se han refugiado en sus segundas residencias. Por otro lado, han sido muchos los que se han quedado en la ciudad y pueden permitirse el confinamiento. Otros muchos, no obstante, tienen la obligación de ir a trabajar, en las condiciones más peligrosas (uso del transporte público en una ciudad masificada etc.) desde un punto de vista sanitario.

Por otra parte, el número de asesinatos se ha duplicado en la ciudad. El 25 de abril se informó de que en los últimos 28 días la cifra había aumentado un 55,6% en comparación con el año anterior: 28 homicidios contra los 18 en el mismo período del año pasado.

Según relató a Eulixe una habitante de New York, la inseguridad es patente en barrios desfavorecidos, donde la droga está inundando las calles. Este problema estructural, es “solucionado”, según las autoridades, aumentando la presencia policial. Nada más.

Debido a la cantidad ingente de cuerpo que se están acumulando, las autoridades de la ciudad empezaron a cavar fosas comunes en la Isla de Hart (Nueva York), para enterrar los cadáveres no reclamados.

Las imágenes y escenas dramáticas que fueron recreadas en ciertas películas que narraban la expansión de un virus mortal, se convirtieron en una cruda realidad en un país que a la hora de defender sus intereses a lo largo y ancho del planeta en nombre de "la libertad y la protección de la democracia y los derechos humanos” muestra una fortaleza increíble, pero que no protege los derechos básicos de su propia población.

Hoy saltaba otra alarma: Han hallado camiones con decenas de cadáveres en estado descomposición en Nueva York. Este miércoles, la policía encontró entre 40 y 60 cadáveres almacenados sin refrigeración en varios camiones frente a una funeraria de Brooklyn y en el suelo del edificio.

Según fuentes policiales, fueron los mismos vecinos los que dieron la voz de alarma debido al olor penetrante desprendido por los cadáveres en descomposición, ya que, según algunas declaraciones, los cuerpos llevaban varías semanas en aquellos camiones. De momento las autoridades no han podido precisar de qué murieron las personas cuyos cuerpos hallaron en los camiones y cuántos de ellos fallecieron por coronavirus.

Esta crisis sin precedentes dejará una trágica huella imborrable en el imaginario colectivo de Estados Unidos. Puede que nunca sepamos el verdadero alcance de esta catástrofe que está golpeando sin piedad al país de la “libertad”.

Una vez más, el Gobierno ha abandonado a los más vulnerables a su suerte, y tal y como ocurrió en la guerra de Vietnam, “los hijos no afortunados”, golpeados sistemáticamente por el neoliberalismo, son los que sacrifican su salud y su vida para que el engranaje y el sistema sigan funcionando.

 

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