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Las voces de la represión [PARTE 2]

Eulixe | 24 de octubre de 2019

Los días 18-20 de octubre EULIXE se trasladó a Barcelona para presenciar las protestas sobre el terreno. En esta ocasión, damos voz a los manifestantes y testigos de los hechos, que muchas veces son silenciados por los medios de comunicación tradicionales.

Texto: Oier Zeberio

Fotos: Juan Teixeira

Las detenciones

Según recoge el periódico La Directa, «entre el lunes 14 de octubre y el domingo 20 de octubre, se detuvieron un total de 194 personas en Cataluña. 154 fueron detenidos por los Mossos d’Esquadra, 32 por la Policía Nacional y 8 por la Guardia Urbana. Hasta el domingo por la noche 104 personas habían pasado a disposición judicial en toda Cataluña (43 en Barcelona, 18 en Girona ciudad, 30 personas en Lleida ciudad y 13 personas en Tarragona ciudad). 76 han quedado en libertad con medidas cautelares y el resto han ingresado en prisión provisional, comunicada y sin fianza por delitos –según los casos- de desórdenes públicos, atentado contra agentes de la autoridad, resistencia, desobediencia, daños, lesiones y manifestación ilícita. La inmensa mayoría tiene edades comprendidas entre los 18 y 25 años […]». Para más información podéis consultar la siguiente noticia.


Los heridos

En declaraciones efectuadas a La Directa, Màrius Pallarès, miembro de "Sanitarios por la República", afirma lo siguiente:

Se han efectuado más de 700 atenciones. Presencié una situación que me dejó estupefacto. La policía nacional estaba cargando en Vía Laietana y en una carrera una chica muy jovencita se quedó atrás. El policía la empujó, la chica cayó al suelo de cara, el agente le dio la vuelta y la golpeó directamente en la cara. Le reventó la nariz. Intentó desfigurar la cara a una chica de 16 años. […] Siempre encontramos porrazos en la cabeza.


Según relata Pallarès, «estos últimos días las heridas más importantes son por impactos de foam y balas de goma. Son lesiones impresionantes. Un chaval, que por fortuna está vivo, recibió un impacto de bala de goma en el pecho y este le fracturó un par de costillas. Una costilla le perforó la pleura, llegando al pulmón. Uno de los sanitarios que le atendió, rápidamente, pidió una evacuación urgente. […] En otra ocasión una compañera tuvo una crisis de pánico. Estábamos atendiendo un muchacho que perdió el ojo. No pudimos salir de la cafetería durante una hora y no llegaba la ambulancia. Entré en la cafetería para valorar la situación. […] Abrí la persiana con otro sanitario y fuimos corriendo a una de las ambulancias que se encontraban delante de la Jefatura de Vía Laietana para decirles que había un chico con impacto de bala de goma que tenía que ser evacuado. Se lo llevaron […]. Muchos sanitarios, el viernes, estuvimos atrincherados en cafeterías y hoteles atendiendo heridos. Uno tras otro y con lesiones gravísimas». Para más información podéis consultar la siguiente noticia.

Las entrevistas

Para poder saber de primera mano lo vivido por los manifestantes EULIXE ha entrevistado a 5 jóvenes, testigos directos y participantes. A todos se les ha formulado la misma pregunta: ¿Cómo has vivido la última semana? Estas son sus respuestas.

Sujeto n.1: joven catalana

Lo de la última semana no me deja dormir. Por una parte, me emociona ver como todo un pueblo se ha plantado y ha decidido emprender sus propias acciones. Me fascina como nos hemos organizado y toda la solidaridad que se ha creado.

Me llenan de rabia los discursos de los políticos, que nos criminalizan constantemente. Hasta la fecha no han hecho ningún progreso, y ahora además nos dan la espalda frente a toda la violencia y abuso de autoridad por parte de la policía. Bueno, no solo eso, sino que lo apoyan. Piensan que nos gusta montar barricadas y quemar cosas, cuando es algo a lo que te ves obligada/o. Es un mecanismo de autodefensa, y solo piensas en irte a casa. Pero te quedas por tur principios y por tus ideales, porque estas cansada/o y te sientes ignorada/o por el Estado. A pesar de todo, sigo teniendo la esperanza de que lo que estamos haciendo cambiará algo, aunque tampoco sé cómo ni de dónde saco esa esperanza.

Sujeto n.2: joven catalana

Desde que salió la condena de los presos implicados en el referéndum del 1-0, las movilizaciones han tomado un carácter diferente al que estábamos acostumbrados a ver en los últimos años. Esto es, en parte, esperanzador: mayor volumen de gente en las calles, mayores ganas de canalizar la rabia y persistir, hasta conseguir lo que pedimos.

Sin embargo, los jóvenes nos encontramos principalmente con una parte de la sociedad que se vuelve contra nosotros y se acoge al discurso político que nos criminaliza por haber quemado barricadas y haber usado capuchas como autodefensa ante la policía que ellos mismos envían, siendo conscientes de la desproporcionalidad de sus actos.

Llevamos una semana de manifestación en manifestación, pasando horas siendo atacados por las “fuerzas de seguridad” del Estado, con gases lacrimógenos y gas pimienta, viendo como nos intentan atropellar con sus furgonetas en mitad de las manifestaciones de carácter pacífico, presenciando la brutalidad con que cargan contra los manifestantes que están simplemente sentados en el suelo, a golpes de porra, con balas de foam y pelotas de goma (actuaciones policiales que han ocasionado que 4 personas hayan perdido el ojo, 2 un testículo, etc.).

A parte de las posibles lesiones físicas a las que nos exponemos cada vez que salimos a manifestarnos, hay un miedo aún mayor que no habíamos sentido antes: el miedo a que nos detengan y nos lleven presos. Esto está pasando. Hace una semana que en cada conversación que tenemos entre nosotras, nos preocupa más ser identificadas y que seamos llevadas, a que suframos el dolor físico que podamos sentir. Hemos presenciado cómo se ha detenido ya a varios jóvenes fuera de las manifestaciones por el mero hecho de llevar una mochila y un Buff. Han ingresado en prisión preventiva sin fianza a causa de pruebas falsas presentadas por la policía.

No dormimos tranquilos porque tenemos helicópteros encima de nuestras casas día y noche. No podemos coger el metro con tranquilidad porque sabemos que existen patrullas de la “secreta” que registran mochilas a los jóvenes y realizan detenciones indiscriminadas. No vamos tranquilos a las manifestaciones porque no sabemos si volveremos a casa. Al final, lo que menos miedo nos da es volver como un cabestrillo y un par de moratones.

Nuestra vida diría ha quedado totalmente alterada y convivir con esta angustia nos está cambiando a todos. Nuestros amigos, compañeros y familiares están preocupados a todas horas, con la necesidad de recibir ese mensaje de “ya estoy en casa” que nos tranquiliza un poco antes de dormir. Aun así, persistimos. Seguimos en pie porque es nuestra oportunidad para cambiarlo todo. Y nos cuidamos. Hemos hecho de la solidaridad y el apoyo mutuo nuestra base más fuerte.

Sujeto n.3: joven catalana​

Es agotador. Está siendo muy duro aguantar el ritmo de actuar de cada día, sobretodo psicológicamente. No dormimos bien, no comemos bien, estamos en constante tensión y sufrimos de estrés continuamente. Hemos vivido situaciones que jamás habíamos vivido anteriormente.

 A todo esto, se le suma la impotencia de sentir que nada de lo que hacemos tiene efecto alguno.  Tenemos que aguantar la manipulación de ciertos medios de comunicación, la terrible criminalización de nuestros actos de autodefensa, o la enorme angustia cada noche por no saber cómo ni dónde están tus compañeras. Pero resistimos y nos cuidamos entre todas para hacerlo posible.

Sujeto n.4: joven catalana

Ha pasado una semana desde que se publicó la sentencia, pero parece que ha pasado mucho más. Han sido unos días muy convulsos, emocionalmente muy complicados de explicar. Psicológicamente es muy duro. Dormimos poco y siempre nos persigue el miedo de que seamos perseguidos o detenidos. Es imposible descansar. Sufrimos la tensión continuamente.

Por un lado, siento orgullo y estima hacia aquella gente que ha estado luchando, poniendo en riesgo su integridad física, con la esperanza de cambiar las cosas. Jóvenes que en pocos días han sabido organizarse, trabajando codo con codo con el objetivo de detener la violencia policial. Es bonito también ver cómo la gente que no es independentista se está posicionando de nuestra parte. Siento rabia, no obstante, después de ver los más de 600 heridos y las 28 personas encarceladas. Amenazas, coacciones, palizas y ningún apoyo por parte de aquellos que no dudan en enviarnos a las calles. No somos violentos, estamos hartos de que nos criminalicen.

Los próximos días serán inciertos. La respuesta del Estado es todavía más incierta. Esta incertidumbre me genera miedo, pero también me lo produce perder un ojo en una manifestación o ser detenida. Están efectuado detenciones arbitrarias. Identifican a la gente que va por la calle y detienen a las personas fichadas por participar en movilizaciones (en su mayoría no es verdad). Vivimos en un contexto de calma tensa, pero la investigación está en curso. Puede que mañana tenga a la policía en mi puerta. Tenemos que ser conscientes de este miedo, tenemos que asumirlo, no dejar que nos gane.  He tocado fondo psicológicamente, pero tenemos que seguir enseñando de lo que somos capaces.

Sujeto n.5: voluntario originario del País Vasco​

El 17 de octubre estaba en Madrid para coger el autobús para ir a Barcelona. Fui un poco antes a la estación y estaba sentando con mucha gente alrededor. De repente, aparecieron dos policías nacionales y me ordenaron que les enseñara el DNI. Les enseñe el DNI. Vieron que era vasco y entonces me pidieron que les acompañara. Me llevaron a una esquina donde nadie nos veía, y me cachearon de arriba a abajo. En ese momento me temblaban los pies. Les pregunté porque querían mi identificación y me respondieron que todavía España estaba en nivel 4 de alerta terrorista. Me preguntaron a donde iba, para que iba, de donde venía, que hice estos días, incluso intentaron conseguir los datos de la persona que me alojaba.

Ya en Barcelona me gustaría narrar lo siguiente: el 18 de octubre, en las protestas, no sentía miedo. Sentía la protección de las personas que me rodeaban. Cada vez que venían los bomberos o la ambulancia todo el mundo les dejaba pasar.

Veía la frustración generalizada de las personas hacia el sistema [haciendo referencia a la batalla de Urquinaona]. No era tanto una protesta por la independencia o por los presos políticos, sino una herramienta de desahogo colectivo. Echaron muchos recipientes de gas. La gente empezó a neutralizar los botes de gas, y el gas perdía la efectividad. De repente echaron otro tipo de gas, gas pimienta probablemente, y todos empezamos a llorar. No podíamos respirar, porque si respirábamos nos ardía la garganta. El ardor llegaba hasta la boca del estómago. En un momento la policía intentó atropellar a la gente delante nuestro. Había tanto Mossos como Policías Nacionales. Hacían zig-zag. Me recordó al atentado de Las Ramblas. Estábamos solo a 10 metros.

El 19 de octubre estuvimos en muchas manifestaciones y todas eran pacíficas. Cuando estábamos en una de estas manifestaciones en Plaza Urquinaona, hicimos una sentada. Era totalmente pacífica. De repente ciertos individuos empezaron a lanzar botellas. Poco después descubrimos que eran “secretas”, que intentaban crear un marco de actuación adecuado para la policía.

Después de salir de la manifestación, cuando íbamos hacia el tren, cinco hombres sacaron las porras extensibles y empezaron a gritar diciéndonos que nos pusiéramos contra la pared. Nos amenazaron. Nos pusimos contra una pared. Vinieron tres furgonetas de los Mossos. Había una treintena de agentes en total. Hicieron una especie de cordón. Éramos un puñado de personas. Nos cachearon y nos miraron de arriba a abajo. A mí me retuvieron durante media hora, muy probablemente porque era vasco. Cogieron todos mis datos del DNI y los transmitieron vía teléfono. Me cogieron el número del móvil. Pensaba que me iban a detener y que no podría volver a casa.

Nota del autor

Numerosas informaciones y pruebas documentales demuestran que la actuación de la policía has sido totalmente desproporcionada en numerosas ocasiones.

El autor da las gracias a todos los testigos que han tenido la valentía de narrar lo que vivieron y por compartir su punto de vista, en estos momentos donde el simple hecho de opinar puede ser causa de delito. Sabemos a ciencia cierta que hay centenares de testimonios que corroborarían la actuación desproporcionada por parte de la policía en numerosas ocasiones. Muchos sienten miedo, o sufren de agotamiento psicológico, lo que dificulta registrar más testimonios. El autor también quiere agradecer a todas las personas que nos ayudaron a realizar nuestro trabajo, ya sea compartiendo información u ofreciendo ayuda.

 

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