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¿Qué hay detrás de las acusaciones de Lituania sobre la inseguridad de la central nuclear de Bielorrusia?

Oier Zeberio | 29 de enero de 2020

En 1986, Lituania fue uno de los países de la esfera soviética que recibió una cantidad considerable de radionúclidos procedentes de la explosión de la cuarta unidad de la central nuclear de Chernóbil (Ucrania). Hoy en día, su vecina Bielorrusia está inmersa en la construcción de dos reactores que se encuentran a pocos kilómetros de la frontera. Lituania ha denunciado en numerosas ocasiones «las pocas garantías de seguridad» de la planta. ¿Es realmente tan insegura la central nuclear de Bielorrusia? El presente articulo pretende arrojar un poco de luz sobre esta cuestión.

A día de hoy, la preocupación que genera el proyecto nuclear bielorruso entre la población lituana es considerable. El primer ministro, lejos de lanzar un mensaje de tranquilidad a las masas atemorizadas, ha subrayado que el proyecto es, nada más y nada menos, que «una amenaza para la seguridad de la república báltica». Hace un año, intentó persuadir al gobierno bielorruso mediante una carta. «Me gustaría presentarle una propuesta para que Bielorrusia considere construir una moderna planta de energía de gas en lugar de una central nuclear», escribió. ¿Y quién sería el que proveería el gas?, pues la misma Lituania. Un negocio redondo a primera vista.

El pasado mes de octubre las sirenas comenzaron a sonar, los móviles recibieron mensajes y en algunas zonas tanto los militares como los equipos de emergencia pusieron en marcha los planes de evacuación y contingencia. En esta ocasión, los habitantes fueron testigos de un simulacro que duró cuatro días. Como muestra de la creciente “preocupación” que inunda a la clase dirigente lituana, el gobierno ordenó la distribución de pastillas de yodo destinadas a bloquear la absorción de yodo radioactivo en caso de accidente.  

La relación de Lituania con la energía nuclear

Como condición para ingresas en la Unión Europea, Lituania acordó en 1999 cerrar las dos unidades de la central nuclear de Ignalina, ya que la planta no cumplía «los estándares europeos». El primer reactor se cerró el 31 de diciembre de 2004. El segundo, cinco años después. La UE acordó destinar 820 millones para el desmantelamiento y como compensación, con pagos de carácter continuo que duraron hasta el 2013.

Antes del cierre de la primera unidad y la reducción de la capacidad de la estación, la central nuclear proveía el 80% de la electricidad de Lituania. Se subrayó el hecho de que, aunque la determinación política del país de desmantelar la central nuclear aceleraría, en parte, la integración de Lituania en la UE, se registrarían una serie de problemas de carácter social y económico.

Después de la caída de la caída de la Unión Soviética, la población cambió su posición sobre la planta. Lo que unos años atrás era considerado como «un gigante construido por extranjeros» y era un símbolo de terror, paso a convertirse en un lugar de trabajo «deseable». La central nuclear de Ignalina era el único empleador en la región que brindaba a los empleados salarios comparativamente más grandes y garantías sociales estables. El cierre provocó una feroz oposición del pueblo lituano. Según unos estudios realizados sobre el impacto, se calcula que hasta el 2015 se han perdido entre 8000 y 9000 empleos.

Hoy en día, Lituania es un importador neto de energía. En el año 2018, el consumo total de energía primaria fue de 8 Mtoe, un 50% menos si comparamos con 1990. La producción de energía se situaba en 2 Mtoe, un 60% menos que en 1990. El consumo final de electricidad fue de 12 TW/h durante el 2018, un 13.33% menos si comparamos con la década de los 90.

El proyecto nuclear bielorruso

La central nuclear de Bielorrusia es la primera construida en suelo bielorruso. Los planes iniciales de construcción se remontaban a la década de los 80, pero fueron suspendidos debido a la trágica explosión que se registró en el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986 y que contaminó amplias regiones del país.

El actual proyecto fue impulsado por la disputa energética entre Rusia y Bielorrusia en 2007. La trifulca comenzó cuando el proveedor de gas estatal ruso Gazprom exigió aumentar el precio del gas pagado por Bielorrusia. Bielorrusia, por su parte, impuso aranceles aduaneros al petróleo ruso que transita por su territorio el 3 de enero de ese mismo año, abriendo así, un nuevo frente entre Minsk y Moscú.

El conflicto se intensificó el 8 de enero de 2007, cuando la compañía estatal de oleoductos Transneft dejó de bombear petróleo en el oleoducto Druzhba, que atraviesa Bielorrusia, alegando que este país estaba extrayendo el crudo si un acuerdo con Moscú. El 10 de enero, Transfnet reanudó las exportaciones de petróleo a través del oleoducto después de que Bielorrusia cancelara el impuesto sobre el tránsito de petróleo ruso. Tal y como declaró el presidente de Bielorrusia ese mismo año, la creación de una fuente de energía de origen nuclear era «esencial» para garantizar «la seguridad nacional y la soberanía energética».

Según la información proporcionada por el Organismo Internacional de Energía Atómica, los dos reactores de la central nuclear de Bielorrusia son del tipo PWR (Pressurized Water Reactor) y del modelo V-491. Los reactores han sido suministrados por la empresa rusa Atomstroyexport (ROSATOM). La capacidad termal de ambos reactores es de 3200 MWt y su capacidad eléctrica de 1109 MWe. La construcción del primer reactor comenzó el 8 de noviembre de 2013 y del segundo el 27 de abril de 2014. Tanto el dueño como el operador de los reactores es la Republican Unitary Enterprise, Belarusian Nuclear Power Plant. Los reactores están ubicados en Astravets. Se espera que los dos reactores empiecen a funcionar este año.

Los reactores del tipo VVER-1200 (Водо-водяной энергетический реактор, Reactor Energético de Agua-Agua) y del modelo V-491 presentes en la central nuclear de Astravets, son idénticos a los nuevos reactores de la central nuclear de Leningrado, Leningrado II-1 y Leningrado II-2 (en proceso de construcción). Los reactores VVER-1200 pertenecen a la nueva generación III+. Según ROSATOM, el reactor VVER-1200 presenta un rendimiento mejorado en todos los parámetros y una amplia gama de sistemas de seguridad adicionales que evitan la liberación de substancias radioactivas en caso de accidente. «Los sistemas de seguridad activos y pasivos cumplen con los requisitos posteriores al accidente sufrido por la central nuclear Fukushima Daiichi», afirma ROSATOM.

El accidente nuclear de Chernóbil, accidente que ocurrió debido a una compleja mezcla donde intervenían tanto factores políticos como técnicos, arruinó la reputación de la industria nuclear soviética. Durante los últimos años, no obstante, la Federación Rusa está construyendo nuevos modelos de reactores (la línea VVER-1200 sobre todo) que ponen en tela de juicio el mito de que «los rusos no saben dominar el átomo». A pesar de que esta nueva línea de reactores se puede considerar más eficiente y más segura que los modelos que se encuentran mayoritariamente en estado operacional a lo largo y ancho del planeta, el proyecto nuclear bielorruso presenta algunos hechos que ponen en tela de juicio la seguridad de la central nuclear de Bielorrusia, o eso se intuye si se analizan, por ejemplo, las publicaciones cercanas a la oposición, medios occidentales o medios directamente financiados por los Estados Unidos.

El 10 de julio del 2016, por ejemplo, la vasija de uno de los reactores, que pesa unas 330 toneladas, cayó desde una altura de entre dos y cuatro metros. La noticia vio la luz dos semanas después, cuando un miembro del partido de la oposición Partido Cívico Unido de Bielorrusia, Mikalai Ulasevich, filtró la noticia a la prensa local. El Ministerio de Energía finalmente emitió una declaración reconociendo el incidente y ROSATOM certificó que la vasija «seguía siendo segura». No obstante, estos dos agentes acordaron reemplazar la carcasa con el objetivo de «mitigar los rumores y el pánico entre la población». Cinco meses después de que ocurriera el incidente, un recipiente del reactor colisionó con una torre de ferrocarril mientras estaba en tránsito. El 17 de febrero de 2018, se declaró un incendio en la planta, en la sala de control eléctrico del sistema de protección de uno de los reactores, concretamente.

La cadena Belsat TV, canal de televisión satelital bielorruso con sede en Polonia y cercano a la oposición, afirmó que había descubierto defectos y omisiones potencialmente peligrosos en la construcción de la planta en un artículo publicado el 14 de julio de 2017. El medio subraya las palabras del físico nuclear y activista ambiental ruso, Andrey Ozharozskiy, que afirmó que la situación era «preocupante». Según el físico nuclear, las reglas estaban siendo incumplidas hasta por los organismos responsables, afirmado que la ejecución del proyecto era «un verdadero desastre».

Por su parte, Bielorrusia subrayó que su supervisión reguladora nacional es lo suficientemente exhaustiva como para mitigar las preocupaciones sobre la seguridad. «Se están tomando todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la planta. Se están cumpliendo todos los requisitos en cuanto a la construcción, inspección y montaje del equipo tecnológico en su totalidad. La seguridad de la central nuclear de Bielorrusia es nuestra prioridad número uno», llegó a afirmar el viceministro de Energía del país, Mikhail Mikhadyuk el 20 de abril de 2017.

La investigación realizada por Belsat descubrió que algunos contratistas no obtuvieron la certificación de seguridad adecuada. Según este medio, estos contratistas serían los responsables del accidente sufrido por la vasija del reactor el 10 de julio del 2016. Además, el medio subrayó el hecho de que las partes clave de la construcción de la planta «fueron realizados por una empresa con muy poca experiencia en el trabajo». Entre las denuncias realizadas por este medio se encuentra una que hace referencia a la asistencia de expertos internacionales. Según Belsat, «la construcción de la planta se está llevando a cabo sin el nivel habitual de orientación y asesoramiento de expertos internacionales». Por ejemplo, según afirma esta misma fuente, Bielorrusia no había solicitado hasta la fecha ninguna revisión sobre el proceso de construcción de la planta.

El Organismo Internacional de Energía Atómica, en una nota emitida el 22 de agosto de 2019, aseguró que un equipo de expertos de la OIEA ha observado un compromiso del operador de la central nuclear de Bielorrusia para fortalecer la seguridad, antes del inicio de las operaciones comerciales de la primera unidad de la central nuclear. El equipo también identificó áreas donde se tenía que mejorar aún más la seguridad a fin de garantizar la preparación operativa.

El Equipo de Revisión de Seguridad Preoperativa llevó a cabo una misión de 18 días en las instalaciones de Astravets. La revisión abarcó los programas operativos en ejecución, incluidas las siguientes áreas: liderazgo y gestión de la seguridad; entrenamiento y calificación; operaciones; mantenimiento; soporte técnico; experiencia operativa; protección contra la radiación; química; preparación y respuesta ante la emergencia; manejo de accidentes; y puesta en marcha. El equipo identificó una serie de buenas prácticas que serán compartidas con la industria nuclear a nivel mundial, que incluyen:

  • Un sistema de alarma confiable que no solo hace sonar la alarma, sino que también puede ser utilizado por la planta para dar información verbal e instrucciones a la población en caso de emergencias radiológicas y de otro tipo.
  • Un refugio de emergencia para el Departamento de Bomberos de la planta que proporciona el mismo nivel de protección radiológica que el utilizado para el personal de la planta.
  • Un panel de visualización integrado en la sala de control principal, especialmente diseñado para la gestión y control de equipos móviles necesarios durante emergencias.

Se espera que durante el mes de febrero de este año, la OIEA mande otra misión para evaluar la disponibilidad de la infraestructura del país para operar una planta de energía nuclear.

Lituania, por su parte, sigue manteniendo su postura. Según el primer ministro del país, Saulius Skvernelis, el emplazamiento elegido para la construcción de la central nuclear de Astravets fue elegido de forma inapropiada debido al riesgo transfronterizo que plantea la planta. Para ello se apoya en la Convención de Espoo, que exige que los vecinos de Bielorrusia, en este caso, tengan la oportunidad de revisar el impacto ambiental de la planta en sus propios territorios.

El proyecto de la central nuclear de Astravets en Bielorrusia está incumpliendo las normas internacionales de seguridad ambiental y nuclear, con violaciones graves y recurrentes, incidencias repetitivas en el emplazamiento de construcción de la central en Astravets, mala cultura de seguridad laboral, falta de competencia y experiencia en el proceso de desarrollo por parte de la autoridad reguladora de seguridad nuclear y las organizaciones a cargo de los trabajos de construcción de la central nuclear. El proyecto está acompañado de manipulaciones persistentes con instrumentos internacionales y de la opinión publica de Bielorrusia y los países vecinos – Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Lituania, 13 de abril de 2018.

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La central nuclear de Bielorrusia, se encuentra a 50 kilómetros de la capital lituana, Vilna. En teoría, en términos de un accidente grave o de máxima gravedad (muy improbable) donde se diera una liberación anormal o masiva de elementos radioactivos, la capital, si las condiciones meteorológicas fuesen las idóneas, se vería afectada. Lituania, por su parte, también ha argumentado que la región donde se ubica la central nuclear es «sísmicamente vulnerable». La planta utilizará el agua del río Neris para refrigerar sus reactores. Una eventual fuga podría contaminar el agua que utilizan los 540.000 habitantes de Vilna. En total, viven 1.300.000 personas dentro del perímetro de seguridad de 100 kilómetros.

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