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Los cascos azules en Haití cometieron agresiones sexuales a miles de mujeres y niñas

Eulixe | 26 de diciembre de 2019

Puerto Príncipe (Haití). 10 de febrero de 2010.
Puerto Príncipe (Haití). 10 de febrero de 2010.

Desde el 2004 hasta 2017 miles de mujeres, muchas de ellas menores, han sufrido abusos y agresiones sexuales en Haití por parte de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas, conocidos como “cascos azules”. De acuerdo con las denuncias, tanto los militares como otros funcionarios de las delegaciones de Naciones Unidas habrían mantenido “encuentros sexuales” con las víctimas, aprovechándose de la pobreza y la miseria que reinan en un país envuelto en el caos.

"Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH)", así se denominó el programa diseñado por la ONU que pretendía «preservar la paz» en un país asolado por distintas crisis políticas, conflictos armados y desastres naturales. El país más pobre del hemisferio occidental, con cerca del 60% de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza, conoció por parte de algunos «pacificadores» el horror de la impunidad, en un contexto donde el caos es la norma y la justicia brilla por su ausencia.  

La Misión de Estabilización de las Naciones Unidas

La misión de la ONU se estableció el 1 de junio de 2004 mediante la resolución 1542 del Consejo de Seguridad y se mantuvo en vigor hasta el 15 de octubre de 2017. Sucedió a una Fuerza Provisional Multinacional (FOMIN), que fue autorizada por el Consejo de Seguridad en febrero de 2004 tras un golpe de Estado apoyado por los Estados Unidos que provocó la salida forzosa del primer presidente democráticamente elegido Bertrand Aristide. Después del golpe el país se sumió en una crisis política y humanitaria, que agravó aún más la ya precaria situación social.

 

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El 12 de enero de 2010, un terremoto de magnitud 7 devastó el país. Murieron más de 220.000 personas y el desconcierto se adueñó de la nación. El Consejo de Seguridad de la ONU, en su resolución 1908 del 19 de enero de 2010, autorizó «el aumento de los niveles generales de fuerzas» de la MINUSTAH con el objetivo de apoyar «los esfuerzos inmediatos de recuperación, reconstrucción y estabilidad» en el país.

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Según las Naciones Unidas, la misión movilizó sus recursos logísticos para ayudar en el esfuerzo de «contener y tratar» el brote de cólera de octubre de 2010. No obstante, según afirman las investigadoras Sabine Lee y Susan Bartels, fueron las mismas fuerzas de paz, las que inadvertidamente, introdujeron el cólera en Haití. Se sabe que más de 800.000 haitianos necesitaron atención médica. Murieron alrededor de 10.000 personas por la enfermedad.

Tras la finalización de las elecciones presidenciales en 2011 que llevaron a la victoria a Michel Martelly, candidato respaldado por Washington, la MINUSTAH volvió a la acción con el objetivo de «restaurar un entorno seguro y estable, promover el proceso político, fortalecer las instituciones gubernamentales y las estructuras de estado de derecho» y «promover y proteger los derechos humanos». En abril del 2017, el Consejo de Seguridad en la resolución 2350 (2017) tomó la decisión de concluir la «misión de estabilización» y establecer una transición hacia una misión de «mantenimiento de la paz». 

Múltiples y continuadas agresiones y abusos por parte de las fuerzas de paz

En el verano de 2017, un equipo liderado por las investigadoras Sabine Lee y Susan Bartels, entrevistó a aproximadamente 2.500 haitianos sobre las experiencias de mujeres de diversas edades que viven en comunidades que albergaban “operaciones de apoyo a la paz”. Las conclusiones son estremecedoras: según el estudio, las fuerzas de paz de las Naciones Unidas, aprovechándose de la pobreza y la miseria, cometieron múltiples agresiones y abusos contra las mujeres y engendraron 265 niños, que posteriormente en su mayoría, fueron abandonados. Niñas de apenas 11 años de edad fueron abusadas sexualmente y embarazadas por las fuerzas de paz que estuvieron estacionadas en el país entre 2004 y 2017. Muchas mujeres se convirtieron en madres que tuvieron que luchar, en muchos casos solas, contra el estigma y la pobreza. Quedaron sumidas en la miseria y sin ningún tipo de asistencia.

Marie tenía 14 años […]  cuando conoció y se involucró con Miguel, un soldado brasileño que trabajaba en Haití como agente de mantenimiento de la paz de la ONU. Cuando ella le dijo que estaba embarazada de su bebé, Miguel dijo que la ayudaría con el niño. Pero en cambio, regresó a Brasil. [….]  Él nunca respondió. Después de enterarse de que estaba embarazada, el padre de Marie la obligó a abandonar la casa familiar y ella se fue a vivir con su hermana. Su hijo ahora tiene cuatro años y Marie aún no ha recibido ningún apoyo del ejército brasileño, una ONG, la ONU o el estado haitiano. [...] Ella trabaja por un salario por hora de 25 gourde (alrededor de 26 centavos de dólar estadounidense o 20 peniques del Reino Unido) para que ella y su hijo puedan comer - Sabine Lee y Susan Bartels, The Observer

A muchas menores se les ofreció pequeñas cantidades de dinero en efectivo para tener relaciones sexuales con el personal de la ONU, afirma el informe. En otros casos registrados, las mujeres de diversas edades recibieron alimentos a cambió de tener relaciones sexuales con los miembros de la misión de paz, lo que pone de relieve «la extrema pobreza que contribuye a estos encuentros sexuales», afirman las autoras principales de la investigación. En otros casos, se registraron relaciones “consentidas” que en su mayoría acabaron con mujeres embarazadas y abandonadas. En algunos casos extremos, los miembros de la comunidad describieron algunos casos de mujeres y de niñas que disponían de «pocas opciones además de tener más relaciones sexuales con las fuerzas de paz» para poder mantener los niños de la MINUSTAH que ya estaban criando.

En muchos casos, la diferencia de poder entre el personal de mantenimiento de la paz extranjero y las poblaciones locales permite a los extranjeros, a sabiendas o sin saberlo, explotar a las mujeres y niñas locales. La prevalencia del sexo transaccional en nuestros datos subraya la importancia de los desequilibrios estructurales: las fuerzas de mantenimiento de la paz tienen acceso a algunos de los recursos que la población local desea o necesita y, por lo tanto, están en una posición sólida para intercambiarlos por sexo - Sabine Lee y Susan Bartels, The Observer. 

Según la investigación, algunos “encuentros sexuales” que involucraban a mujeres y niñas locales y personal de la ONU fueron clasificados como violentas. Se registraron casos de varones de diferentes edades que sufrieron abusos similares. En estos casos, no obstante, las agresiones sexuales fueron una minoría dentro de todos los casos reportados. Según denuncio Associated Press en 2017, la MINUSTAH estaba vinculada a un entramado de explotación sexual que operaba en el país con aparente impunidad. Por ejemplo, supuestamente, al menos 134 efectivos de mantenimiento de la paz de Sri Lanka abusaron sexualmente de nueve personas de corta edad desde el 2004 hasta el 2007. Como resultado de la denuncia, 114 efectivos fueron devueltos a Sri Lanka. No hubo ningún procesado o acusado después de la repatriación. 

Las reacciones políticas 

El Gobierno de Haití ha anunciado este jueves que pedirá a las Naciones Unidas la aplicación de «acciones concretas» para apoyar a las víctimas. El ministro de Exteriores haitiano, Bocchit Edmond, por su parte, ha subrayado que los responsables «deben rendir cuentas» y ha recalcado que «el papel de un miembro de la fuerza de pacificación es proteger a las comunidades, no explotarlas y avisar de ellas». Un portavoz de la ONU ha asegurado que desde la organización se toman muy en serio estos problemas. Naciones Unidas reconoce 29 víctimas y 32 niños nacidos de estos abusos sexuales. En este sentido, se ha informado de que la organización está «activamente involucrada» y actualmente garantiza que los pequeños y sus madres están recibiendo la manutención y cuidados adecuados».

MINUSTAH es una de las misiones de la ONU más controvertidas de la historia. Ha sido el foco de extensas denuncias de explotación y abuso sexual. Según Lee y Bartels, un numero sorprendentemente elevado de personal de la misión de mantenimiento de la paz, tanto uniformada como no, se ha relacionado con abusos de los derechos humanos, incluida «la explotación sexual, la violación, e incluso muertes ilegales».

 

 

 

 

 

 

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