El lenguaje del odio vuelve a escena con el coronavirus

Las crisis suelen sacar lo mejor de las personas. Estos días tenemos numerosas muestras de solidaridad, de apoyo y de conciencia cívica. Sin embargo, saca así mismo lo peor de todos los estamentos de la sociedad. Odio, racismo, discriminación y una separación aun mayor entre clases. Analizamos varios ejemplos para entender mejor la problemática.

Antonio Liu Yang es uno de los impulsores de la campaña #NoSoyUnVirus contra los comentarios xenófobos en relación al coronavirus. (Twitter/Antonio Liu Yang)
Antonio Liu Yang es uno de los impulsores de la campaña #NoSoyUnVirus contra los comentarios xenófobos en relación al coronavirus. (Twitter/Antonio Liu Yang)
El lenguaje del odio vuelve a escena con el coronavirus

Tras un comienzo muy lejano en China, finalmente el coronavirus ha llegado a la UE, EE.UU y otros países que la sociedad occidental percibe como más cercanos. La situación de crisis que se ha creado ha agudizado y sacado a palestra algunos de los mejores y peores ejemplos de nuestras, supuestamente, avanzadas sociedades. Hoy hablaremos de los casos negativos.

Quizás uno de los peores ejemplos vividos estos días y que personalmente tenga constancia es la muerte de una médico en Polonia. El doctor Wojciech Rokita se infectó con el coronavirus en el extranjero, y cuando regresó a Polonia empezó a guardar la pertinente cuarentena. Sin embargo, la sociedad polaca reaccionó de la peor manera posible y numerosos mensajes de odio se dirigieron contra Rokita y su familia. Finalmente murió esta semana. Los allegados ya han declarado que el coronavirus no fue el responsable de su muerte, sino que la presión social hizo que se suicidara. De momento no hay investigación oficial, pero la familia pide que se investiguen los mensajes de odio que recibió.

Otro caso fue la evacuación de nacionales de varios países a Ucrania. A mediados de febrero, y casi dos semanas más tarde que la mayoría de los países, Ucrania evacuaba a sus nacionales desde China. Junto a los 45 ucranianos iban 27 extranjeros, entre ellos argentinos y ecuatorianos. Primero se declaró que serían llevados a la región de Lviv en el oeste del país. Los locales al enterarse bloquearon carreteras y declararon que no querían a “infectados” allí. La curiosidad es que todos los evacuados estaban sanos,
pero aun así iban a guardar la cuarentena en un hospital.

El día de llegada, y tras descartar Lviv, los locales rezaron y cantaron el himno ucraniano de alegría que al final sus compatriotas serían llevados a otra región. Concretamente a la región de Poltava. Allí los ucranianos reaccionaron de la misma manera, barricadas, bloqueo de carreteras, etc. Finalmente tuvo que intervenir la policía y la guardia nacional ucraniana para despejar las barricadas ardiendo que habían montado los lugareños. Lugareños que ante la derrota apedrearon los autobuses dónde iban los evacuados. Es decir, gente que protestaba por la llegada de supuestos “contagiosos” apedreo los autobuses en los que estos iban, entre ellos bastantes mujeres y niños.

Aunque no hay que irse tan lejos para poder sentir la discriminación primitiva causada por el coronavirus. La actriz y escritora Jimina Sabadu explicaba en su twitter que los vecinos de su pueblo natal de la provincia de Madrid acosan a la familia del primer muerto por coronavirus por “llevar” la enfermedad al pueblo. Algo similar ya ha ocurrido en otros lugares, como en México por ejemplo.

En otros casos la violencia sale junto a la tensión que causa el aislamiento y la obligación de permanecer en el domicilio. Así, en Mallorca un vecino amenaza a otro harto de los sonidos de la vivienda de este.

Otro caso es el de la policía que siente mayor libertad de actuación incluso cuando ello va en contra de las leyes. Ya se han denunciado públicamente casos de actuaciones con tintes racistas en Bilbao o el uso de violencia injustificada en Madrid.

Ya antes de que “nosotros” nos infectáramos, mostramos nuestra mejor cara hacia los habitantes de otros países, especialmente hacia los chinos. Desde no dejar entrar a estudiantes chinos en un bar en Huelva hasta la discriminación general hacia los asiáticos como en el caso de Rusia que deportó a los extranjeros enfermos.

Desde luego estos hechos son noticia por lo extraordinario de lo ocurrido, pero no se pueden tratar tampoco como excepciones que “realmente no representan a la sociedad” o “son casos aislados”. Son brotes de tendencias existentes en los seres humanos y que de momento ninguna educación o concienciación ha conseguido cambiar. Son los mismos que obligan a salir a la calle poniendo en peligro a los demás a comprar y acumular bienes de consumo como el papel higiénico o alimentos básicos como leche, macarrones o arroz, o productos de extrema necesidad como desinfectantes, máscaras o guantes aunque vivamos en una casa fuera de la ciudad a la que no se acercan ni los perros. Todo ello son muestras de la tendencia que hace que vivamos cada vez sin interesarnos por los demás.

Es cierto que también hay figuras notables de esta sociedad, con motivo o sin ello, que llaman a los demás a “quedarse en casa como yo” y muestran imágenes de verdaderos palacios. Caso este el de muchos futbolistas, los cuales debido a su profesión (dar patadas a un balón) no saben sobre la realidad en la que viven la mayoría de sus “seguidores”. Y aun así, el lenguaje del odio no está justificado ni contra ellos, ni contra nadie. Ellos han ganado su dinero de manera legal, sin necesidad de estudiar. Por ello no son ellos los que deben aprender o sacar conclusiones, sino nosotros, la mayoría de la sociedad, sin odio o discriminación, y si con reflexión sobre nuestro propio comportamiento.

Comentarios