Detox 20-21, cuando la desconexión es casi imposible

Hola, mi nombre es Pablo y soy un adicto digital. Por ello durante este periodo navideño he vuelto a hacer una desconexión digital. En algunos momentos me ha ido bien, pero en general puedo decir que es prácticamente imposible desconectarse hoy en día, al menos para mí. Os cuento mi experiencia.
 
Detox 20-21, cuando la desconexión es casi imposible

Quizás me conozcáis como periodista, politólogo, u otra cosa, pero hoy vengo como ya hice en 2019, como un desconectado. Ya en Semana Santa de 2019 conté mi pequeña experiencia de como me fue el tema de la desconexión digital durante varios días. He vuelto a repetir la experiencia este periodo navideño 2020-2021. Siento que he tenido más éxito que hace año y pico, pero en general, mi sensación es que este tema va por mal camino. Se está convirtiendo casi en imposible desconectarse, hacer un “detox”, se vuelve una tarea muy difícil, y no es tanto nuestro problema, como el de la digitalización del mundo, y más del mundo covid.

Mis razones fueron para desconectar del trabajo, la actualidad y poder prestar toda la atención a los que tengo delante. Olvidarme por unos días del conflicto del Karabaj, el COVID, Trump, el Athletic, etc.

Además, reconozco que en los últimos tiempos el móvil se ha convertido en un trasto adictivo. Veo la pantalla por ver, sin necesitar realmente de la información que me proporciona.

Por eso rescaté de nuevo mi nokia 8110, pero no renuncié al portátil y al iPad, aunque si bajé considerablemente su uso, y no abrí redes sociales. De hecho borré las aplicaciones del iPad por completo. Con esto me quité buena parte de la “adicción” y lo que quedó de la tecnología era para consultar cosas en general, correo, banca y poco más.

El primer problema llegó en la necesidad de rescatar la cartera para un uso más extenso. No, no es que me cueste pagar, es que me he acostumbrado a hacerlo con el smartphone. Todo el rollo del poco contacto, de no sacar los objetos personales al menos que hagan falta. Igualmente es una poco más difícil viajar sin poder tener la tarjeta de embarque en el teléfono, junto a los papeles del PCR o la aplicación de salud dónde pones tus datos para que te permitan cruzar una frontera. También la música no está igualmente disponible, y no lo estuvo por que al final no cargué ni una canción en el nokia.

Un problema potencial, que al menos yo evité, fue el uso de mapas para encontrar lugares, algo que últimamente se vuelve lo más cotidiano. Mucha gente simplemente no tiene buena orientación. Al no visitar en esas fechas sitios que no conozco de antes y sin viajes al extranjero, eso es algo que no molestó, pero fui consciente que estaba vendido si hubiera necesitado un sitio muy concreto que no supiera donde está de antes.

En general puedo decir que la experiencia me fue muy gratificante, pasé más tiempo con personas y menos mirando la pantalla del móvil. Es cierto que llevo varios días ya de vuelta a la normalidad “digital”, pero al menos de momento mi uso del smartphone es mucho más contenido. Las redes sociales tampoco han vuelto de la misma manera, la propia Facebook la he prohibido en mis dispositivos móviles, y pensando hacer algo similar con WhatsApp, pero la presión social de momento me lo impide.

He podido constatar que dejar el smartphone es prácticamente imposible, y cuando el trabajo apriete, será imposible del todo. Aun así, desconectar se vuelve cada vez más necesario para tener una salud mental adecuada.

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