SOSTENIBILIDAD

¿Puede ser la desalinización marina la solución para la escasez de agua?

La falta de agua en muchas zonas del mundo es un gran problema. En algunos lugares se intentan buscar soluciones eficaces para que este bien tan preciado llegue a todos los rincones y una de esas alternativas es la desalinización del agua del mar. Aunque pueda parecer una solución perfecta, este proceso es costoso y contaminante y por eso aún no se ha desarrollado de manera efectiva.
Vista aérea de la desaladora del Campo de Dalías (INTEREMPRESAS)
Vista aérea de la desaladora del Campo de Dalías (INTEREMPRESAS)
¿Puede ser la desalinización marina la solución para la escasez de agua?

El 71% de la superficie terrestre está cubierta por agua, pero aunque pueda parecer una cifra muy elevada, lo cierto es que en muchas zonas del planeta la escasez de esta sustancia es un grave problema. El principal inconveniente es que el 96,5% de todo el agua del mundo es salada, por lo tanto no es apta para muchos usos como por ejemplo el consumo humano o el regadío. Es por esto que desde hace mucho tiempo se intenta buscar una forma eficaz de convertir el agua del mar en un bien consumible y una de las alternativas que se está intentando implantar en varios países es la dasalinización. Pero el alto coste que supone construir una planta de este tipo, el alto gasto energético que conlleva el proceso de conversión y el elevado nivel de residuos que se generan, hace que a día de hoy no sea una solución muy viable.

¿En que consiste la desalinización?

La desalinización del agua marina consiste en un proceso físico y químico que elimina los minerales que contiene y la convierte en apta para el consumo. Al eliminar los minerales, la sustancia se queda con contenidos bajos de carbonatos lo que la hace altamente corrosiva. Por lo tanto hay que ajustar el pH con carbonato de calcio y también añadir fluoruro de sodio e hipoclorito para que cumpla las características necesarias que la hagan apta para el consumo. El objetivo principal de este proceso es garantizar el suministro de agua potable, no solo para el consumo, sino también para el buen desarrollo del tejido social, sobre todo en aquellas zonas en las que hay gran escasez y en las que se considera que hay una crisis hídrica como por ejemplo en la sudafricana Ciudad del Cabo. Pero para llevar a cabo este complejo proceso se necesitan plantas específicas con tecnologías muy costosas, por eso en la actualidad menos del 1% de la población mundial depende del agua desalinizada.

La desalinización en el mundo

El crecimiento de la población en todo el mundo y la industrialización han hecho que se produzca una gran presión sobre el suministro natural de agua potable. Esto unido a factores como la contaminación o el cambio climático, que ha reducido su disponibilidad en algunos lugares del planeta, nos ha llevado a la actual situación de escasez a la que nos enfrentamos. Las primeras plantas desaladoras empezaron a instalarse después de la Segunda Guerra Mundial, pero ya en la mitad del siglo XIX algunos barcos llevaban instaladas máquinas que potabilizaban el agua marina. Hasta los los años 60 se había llevado a cabo la desalinización de manera termal, evaporando el agua para filtrar las sales y otras impurezas. Pero a partir de esa fecha se produjo un descubrimiento clave para el desarrollo de este tipo de plantas; la técnica de la ósmosis inversa. Consiste en bombas de alta presión que filtran el líquido y solo dejan pasar las moléculas de agua, pero esta técnica no permite obtener un resultado tan puro como el que se obtiene con la desalinización termal. Aún así, muchos países que tenían escasez de agua, pero que contaban con los recursos económicos y energéticos necesarios para desarrollar estas tecnologías, empezaron a instalar en sus territorios plantas desaladoras. En España la primera instalación de este tipo se hizo en Lanzarote en 1964 y en la actualidad hay instaladas 765 plantas en todo el país.

WikiDesaladoras

Principales plantas desaladoras en España (MINISTERIO DE MEDIO AMBIENTE)

Según la última revisión de la Universidad de las Naciones Unidas, en el mundo existen 15.906 plantas de producción de agua desalada operativas y la mayoría se encuentran en el Medio Oriente y norte de África. Los principales países de desalinización son Arabia Saudita, que cuenta con el 17% de la producción mundial, Emiratos Árabes Unidos con un 13,4% y los Estados Unidos con un 13%. 

¿Por qué aún no es una solución eficaz?

Sin embargo, aunque algunos países (aquellos que tienen los recursos suficientes) apuestan por las plantas desaladoras como una alternativa frente a la escasez de agua, lo cierto es que la desalinización demanda gran cantidad de energía y también produce gran volumen de desechos que pueden afectar gravemente al medio ambiente, además de unos costes de producción muy elevados.

El agua desalinizada normalmente cuesta alrededor de $2.000, para la cantidad de agua que una familia de cinco personas consume al año - Fundación Aquae

Para hacernos una idea del gasto de energía individual que se necesita en una planta desalinizadora, la Fundación Aquae nos habla del caso de la de Carlsbad, en California. Para abastecer de agua a 300.000 personas durante un día, esta planta necesita la misma electricidad que se emplea para abastecer a unos 40.000 hogares durante un año.

Las plantas de desalinización en todo el mundo consumen más de 200 millones de kilovatios- hora cada día, lo que deja una gran huella contaminante a la atmósfera. Es decir, para intentar solucionar el problema de la escasez de agua, se está utilizando un parche que es muy contaminante, es por eso que este tipo de plantas son aún minoritarias. Por esto y porque hay otro problema al que también tienen que hacer frente; ¿qué se hace con la sal que se genera como sobrante?.

Según el director asistente del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas, Manzoor Qadir, este sobrante genera un gran impacto medioambiental:

El aumento de la salinidad y la temperatura debido al vertido de la salmuera puede provocar un descenso del contenido de oxígeno disuelto, lo que se conoce como hipoxia - Manzoor Qadir

Las desaladoras de interior tienen que cumplir una normativa muy exigente para reducir al máximo estos desechos, pero las que están cerca del mar suelen devolver el sobrante de sal a los océanos, lo que provoca un aporte extra de sal al agua marina, produciendo también un alto riesgo para el medio ambiente. Por eso parece que el futuro de las plantas desaladoras, ya sean impulsadas por energía fósil o renovable, es todavía muy incierto.

Posible alternativa para la crisis hídrica

Ante esta problemática, cada vez es más frecuente escuchar alternativas que se presentan como una solución mucho “más sostenible” a la hora de hacer frente a la crisis hídrica y que tienen más en cuenta el gasto energético y los residuos generados. En este sentido, las plantas desaladoras solares están cobrando cada vez mayor importancia en aquellas regiones en las que escasean tanto el agua, como los combustibles fósiles necesarios para generar la energía que transforme el agua salada en potable. Así, la ONG Give Power acaba de instalar en una región de Kenia una prueba piloto de una planta potabilizadora propulsada por energía solar y que además, según cuentan desde la organización, no tiene un impacto medioambiental negativo porque no produce sustancias contaminantes perjudiciales a la flora y a la fauna. Además, hace unos meses también conocíamos la noticia de que la empresa española Abengoa, será la encargada de construir la primera gran planta desaladora a escala mundial que utilizará energía limpia para generar agua potable. Será en Emiratos Árabes y lo que aún no sabemos es si además de utilizar energías renovables, también tendrá un plan estratégico y novedoso para gestionar de manera adecuada los residuos que genere la planta.

givepower_solar_water_farmPlanta solar desalificadora en Kenia (GIVEPOWER)

Lo que si sabemos con certeza es que seguimos consumiendo agua de manera indiscriminada, sin ser demasiado conscientes de la grave crisis hídrica a la que nos enfrentamos. En zonas de África conseguir este bien tan preciado supone una odisea. En algunos poblados deben caminar cientos de kilómetros hasta conseguirla y muchas veces se obtiene de acequias que están contaminadas. Según UNICEF, los niños que viven en zonas de conflictos tienen tres veces más de probabilidades de morir por enfermedades relacionadas con el agua que por la violencia y se estima que casi 4.000 niños mueren al día por la falta de este bien tan preciado. Por todo esto y a la espera de que las plantas de desalinización se conviertan en una verdadera alternativa para la crisis hídrica a la que se enfrenta el planeta, lo mejor es intentar conservar y reutilizar el agua que tenemos para no agravar la situación.

Comentarios