La unión de Rusia y Bielorrusia como una vía para mantener a Putin en el poder

Se vuelve a abrir de nuevo el debate sobre el proceso de unión entre los dos estados. La tensa situación internacional y la política interna rusa parecen ser claves de este nuevo intento de Moscú de atar en corto a Minsk.

La unión de Rusia y Bielorrusia como una vía para mantener a Putin en el poder

La subida del precio del petróleo y derivados que Moscú le suministra a Minsk a vuelto a activar el debate sobre la posible unión en un solo país de Rusia y Bielorrusia. Ello despierta temores en el lado bielorruso y cierta hartazgo en el lado ruso. Respectivamente, unos temen ser anexionados sin respeto alguno a su identidad,
mientras que los otros están cansados del doble juego que lleva a cabo Lukashenko. Además la posibilidad de que Vladimir Putin presida el estado unido parece ser otro punto importante de este proyecto. Analizamos la situación y las puntos que podrían resultar claves para realizar o rechazar esta unión.
En diciembre de 2018 Rusia anunció la entrada en vigor de una reforma fiscal según la cual Bielorrusia perdería buena parte de sus ingresos. Moscú planea hasta 2024 introducir paulatinamente modificaciones hasta igualar los precios de los productos energéticos que le vende a Minsk al mercado internacional. Ello sería un duro golpe para Bielorrusia, cuya economía perdería muchos poder de competencia con una energía más cara y cuyas arcas dejarían de ingresar por la reventa de parte de lo que Rusia suministra. En Minsk se empezó a hablar de un intento de anexión encubierto. Mientras que desde Rusia se encogían de hombros y decían que esos precios de mercado interno ruso solo podían seguir si el proceso de unión avanzaba. Rusia se colocaba en una posición ganadora en cualquier caso, si Bielorrusia pagaba más, mayores beneficios para la economía rusa, si Bielorrusia accedía a integrarse, beneficios para la clase política, ya que de facto ampliaban el territorio bajo control directo ruso. Minsk a cambio se colocaba en una difícil situación. Pagar precios internacionales significaría el hundimiento de la economía nacional con unas perspectivas muy sombrías para Lukashenko y la clase dirigente de ahora, integrarse en Rusia es igualmente la pérdida buena parte de ese poder, ya que no es lo mismo ser un estado soberano que una parte de una federación. Tras unas primeras declaraciones desafiantes, Minsk parece ir a las negociaciones con Moscú, bien para ganar tiempo o bien para trabajar realmente en esa integración. Si tenemos en cuenta que el tratado inicial se firmó en 1997, hace ya 22 años, puede parecer que y ahora los negociadores bielorrusos podrán ganar tiempo. Sin embargo, la situación interna de Rusia y el panorama internacionales no son para nada parecidos. Rusia se encuentra mucho más enfrentada a Occidente. Los primeros síntomas fueron el discurso de Putin en Munich en 2007 denunciando el mundo unipolar, luego vino la guerra de Osetia del sur en 2008, y la culminación de esta nueva política exterior rusa vino en 2014, anexión de Crimea y comienzo de la guerra del Donbass. Ello ha obligado a Minsk a hilar cada vez más fino para seguir teniendo las preferencias rusas, pero sin sufrir las sanciones occidentales. Así ha aprovechado las sanciones y contra-sanciones occidentales y rusas para hacer negocio. Así Rusia ha recibido gambas o mozzarella bielorrusas cuando impuso limitaciones a estos productos de países occidentales. Igualmente Ucrania ha seguido recibiendo, vía Bielorrusia, combustible, repuestos y municiones para sus tanques que combatían en el Donbass contra tropas prorrusas. Cuando este puente económico favorece a los intereses de Moscú, no hay problema de que Minsk haga negocio, pero últimamente se le pide más apoyo en unos momentos bastante difíciles para Rusia en el panorama internacional. Bielorrusia no ha reconocido la anexión de Crimea y ha puesto pegas para el despliegue de bases militares rusas en su territorio, todo ello visto con mucho recelo en Rusia al tratarse de su aliado número uno. Esta postura de Lukashenko es vista como un intento de sentarse en dos sillas a la vez, mantener una relación especial con Moscú, pero sin enemistarse con Occiente. Tras el ejemplo de Viktor Yanukovich en Ucrania en el Kremlin parecen haber perdido confianza en estas formulas. En Moscú además ven como 2024 se va acercando lentamente, el año en el que Putin cumplirá el que debe ser su último mandato presidencial. Rumores sobre sucesión o la perpetuidad de Putin en el poder se van sucediendo. Recientemente el ministro de exteriores bielorruso, Vladimir Makey, ha declarado que uno de los escenarios que barajan los negociadores de ambos países es la posible unión de Rusia y Bielorrusia en un solo estado presidido por Putin. Ha añadido que Minsk no negocia con su soberanía, pero dada la coyuntura actual, ello parece más bien un deseo vago que una realidad firme.

Texto publicado originalmente en el diario Gara.

Comentarios