La preocupante relación entre la obsolescencia programada y la emision de gases de efecto invernadero

Las grandes corporaciones programan deliberadamente la vida útil de los productos tecnológicos que venden para obtener mayores beneficios. Es un hecho. Además de incentivar un consumo desenfrenado, la obsolescencia programada tiene otro efecto perjudicial: el aumento de los niveles de emisión de gases de efecto invernadero

La preocupante relación entre la obsolescencia programada y la emision de gases de efecto invernadero

Nuestras vidas dependen cada vez más de la tecnología. Por ejemplo, hace 20 años nos comunicábamos mediante teléfonos fijos y cabinas de teléfono. A día de hoy, los primeros se han convertido en meros objetos decorativos y las segundas han desaparecido. El móvil y las redes han cambiado radicalmente la forma en que nos comunicamos, hasta tal nivel que un usuario que no disponga de WhatsApp o plataformas similares queda aislado del mundo que le rodea.

Pero el caso de la telefonía móvil representa solo una parte del cambio inducido por la revolución tecnológica. Actualmente, nuestras vidas dependen enteramente del uso de los productos tecnológicos, o, mejor dicho, nos hemos acostumbrado tanto a vivir con ellos que se nos hace extraño no utilizarlos. Hablamos de televisores, ordenadores, máquinas de uso doméstico, reproductores de música y un largo etc.

Obsolescencia programada: estrategia para aumentar sus beneficios  

Cada día que pasa, nos volvemos cada vez más dependientes de la tecnología, y como no es de extrañar, las grandes corporaciones saben perfectamente esto. Marcados por la lógica del beneficio, las grandes marcas saben que la durabilidad de los aparatos es un lastre para maximizar los beneficios. Debido a esto, se aplica la siguiente lógica dentro de la industria: ¿Para qué vamos a producir productos que duren mucho tiempo si con eso no ganaremos tanto dinero?, ¿no sería mejor diseñar artilugios que dejen de ser útiles después de pasar una fecha concreta?

La industria tecnológica encontró rápidamente la respuesta a estas preguntas y de ahí surgió la obsolescencia programada, es decir, el tiempo de vida útil que las empresas calculan y planifican para sus productos. Los móviles, las tabletas, los portátiles, las impresoras y hasta las lavadoras y otros artilugios están diseñados para que se vayan al traste cuando sus creadores lo consideren oportuno. Lo peor de todo es que la muerte programada de estos aparatos se produce cada vez más temprano, obligando así al consumidor a gastar cada vez más recursos económicos para obtener los aparatos que considera que son necesarios.

Detrás de esta realidad se oculta un nuevo problema ambiental que implica, según cálculos de la European Environmental Bureau (EEB), la emisión anual a la atmósfera de algo más de 48 millones de toneladas de CO2.

Según Alejandro Tena, estas gigantescas cifras se deben "a un aumento del consumo de energía y recursos para satisfacer la creciente demanda de productos tecnológicos y para la eliminación de los anteriores aparatos".

Este estudio es una prueba más de que Europa no puede cumplir con sus obligaciones climáticas sin abordar nuestros patrones de producción y consumo. El impacto climático de nuestra cultura de teléfonos inteligentes desechables es demasiado alto - Jean Pierre Schweitzer, oficial de Políticas para la Economía Circular en EEB.

Por ejemplo, en el caso de los teléfonos móviles, el 75% de los gases de efecto invernadero que llevan asociados se corresponden a todo el proceso productivo, el transporte y la distribución comercial. Es decir, tres cuartas partes de las emisiones que un teléfono móvil lleva agregados se realizan antes de que el consumir habrá la caja.  

Al problema relacionado con la emisión de gases de efecto invernadero hay que añadirle la cuestión de los residuos que se vinculan con las cortas vidas de los móviles y otros objetos del mismo calibre. 

Se estima que sólo en España se generan al año cerca de 930.000 toneladas de basura procedente de aparatos electrónicos. En Europa, las cifras oscilan entre las diez y las doce toneladas, según la propia Comisión Europea - Alejandro Tena

El diseño: la clave que nos empuja a desechar productos

Además de programar deliberadamente la vida útil de los aparatos electrónicos, existen otras evidencias que refuerzan la idea de la obsolescencia programada. Actualmente, el diseño de la mayoría de los productos provoca que las reparaciones sean más costosas de lo que eran antes. Al respecto, según Laura Rubio, portavoz de la Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AERESS), la forma en la que se fabrican los productos supone una "barrera importante para la reutilización y la reparación".

"La mayoría de las veces el consumidor, por lo que le cuesta repararlo, decide comprar un objeto nuevo, con lo que ya pasamos a generar basura electrónica", afirma Benito Muros, presidente de la Fundación de Energía e Innovación sostenible sin Obsolescencia Programada. Todo ser que dispone de un Smartphone de última generación se habrá dado cuenta de que, por ejemplo, ya no se pueden cambiar las baterías como antes.

Por otra parte, la producción masiva de teléfonos móviles cada vez más avanzados hace que los anteriores modelos queden "obsoletos" (socialmente) a una velocidad récord. Aunque sean útiles en términos tecnológicos, al no disponer de los últimos avances fashion pierden la deseabilidad social.  Esto se debe a que, siguiendo la lógica de la moda, las grandes corporaciones nos meten hasta el tuétano la idea de que para "estar a la última" (idea relacionada con la aceptación social) tenemos que comprar el último modelo disponible. Debido a esto, todos los años desechamos miles de móviles que siguen cumpliendo su función pero que, por la razón que sea, ya no son deseables.

Detrás del alto ritmo de consumo a base de sustituir móviles y portátiles están casi 27 millones de toneladas de los gases responsables del calentamiento global de la Tierra. Alargar un año el funcionamiento de estos aparatos evitarían 3,8 millones de toneladas de CO (al frenar la velocidad de producción y demanda) de acuerdo con los cálculos del EEB. La confederación hace una equivalencia para esta cantidad de gas: 1,8 millones de coches menos en las carreteras - ElDiario.es

Reparar y seguir usando

Diseñar productos más duraderos es una estrategia clave para ahorrar materiales y reducir los desechos", explicaba el Centro Conjunto de Investigación de la Unión Europea en su guía sobre eficiencia de materiales aplicada a los Smartphone en su última versión.

Sin embargo, según subraya elDiario.es, mientras que la normativa obligará en 2021 a los fabricantes a hacer televisiones, frigoríficos, lavavajillas, lavadoras y productos de iluminación más duraderos y más fácilmente reparables, los teléfonos móviles todavía no están sujetos a la regulación sobre ecodiseño de la Unión Europea.

De hecho, el año pasado, Italia impuso una multa millonaria a los fabricantes de teléfonos Apple y Samsung, precisamente, por "haber obligado a los usuarios de sus modelos a incorporar actualizaciones que mermaban el funcionamiento de los aparatos, lo que desembocaba en la aceleración en el cambio de teléfono".

No obstante, la organización Amigos de la Tierra no limita esta renovación casi obligada de productos tecnológicos a los teléfonos u ordenadores. "Microondas, aspiradoras o lavadoras también han visto recortados sus años de rendimiento", afirman. Los definen como "productos poco duraderos, difíciles de reparar y reutilizar". Al respecto, según un estudio realizado por la EEB, la vida esperable de una aspiradora en la Unión Europea está en 6,5 años y la de las lavadoras en 11. Subrayan que "su producción cuesta 21,4 millones de toneladas de CO cada año".

No podemos afrontar la renovación cada pocos años de todos estos productos. Necesitamos productos que duren más tiempo y que puedan repararse si se estropean - Jean-Pierre Schweitzer, encargado de economía circular del EEB

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