Patria, ni obra maestra ni reflejo fidedigno del conflicto vasco

Tanto la novela Patria de Fernando Aramburu como la serie de HBO basada en el libro han cosechado un éxito indiscutible entre la audiencia. Según el relato oficial, la novela abarca 30 años del conflicto vasco y estudia el impacto del mismo sobre la gente común. Han sido muchos los que han aplaudido la novela, mientras que otros muchos la han criticado, ya sea por no ser "una obra maestra" literaria como se ha hecho ver, como por no dar una visión completa de un conflicto que ha desgarrado la vida de miles de personas en el País Vasco y que es mucho más complejo de lo que muestra. 

Montaje con el cartel promocional de la serie de HBO "Patria", basada en el libro de Fernando Aramburu.
Montaje con el cartel promocional de la serie de HBO "Patria", basada en el libro de Fernando Aramburu.
Patria, ni obra maestra ni reflejo fidedigno del conflicto vasco

Patria, la novela de Fernando Aramburu sobre el “conflicto vasco”, ha venido para quedarse y ha logrado algo a lo que la mayoría de trabajos literarios no puede ni siquiera aspirar, y menos aún conseguir: se ha convertido, con sus campañas publicitarias, sus numerosas ventas y el eco mediático, en todo un acontecimiento. Además, debido a este hecho, la historia del libro se ha trasladado a la pantalla mediante una producción realizada por nada más y nada menos que HBO. Miles de personas lo han leído y miles se han convertido en fans de la serie. Además, durante algunos meses, ha suscitado numerosas conversaciones y discusiones en casi todos los grupos sociales del País Vasco.

La trama de patria

La trama de Patria se desarrolla en torno a la relación entre dos familias, la formada por Bittori y Txato, con sus hijos Xabier y Nerea, y la familia de Miren y Joxian, que a su vez tienen tres hijos, Joxe Mari, Arantxa y Gorka. Son dos familias vascas, que viven en un pueblo industrial cercano a San Sebastián (según algunas voces se recrea la localidad guipuzcoana de Hernani), y cuya amistad se remonta a los años sesenta y setenta.

El grueso de la novela transcurre entre la segunda mitad de los ochenta y el principio de esta década. Txato es un pequeño empresario del sector del transporte al que ETA exige el “impuesto revolucionario”, algo que intenta negociar, sin éxito. A partir de este momento, se inicia una operación de acoso en su contra en el pueblo (pintadas, aislamiento social) que llevan a la ruptura con la familia de Miren y, finalmente, al asesinato de Txato por parte de ETA.

De hecho, Joxe Mari, el hijo de Joxian y Miren, inmerso en los movimientos juveniles de la época, había pasado antes de eso a la clandestinidad, para convertirse en miembro de ETA y terminar formando parte de un comando. Un comando que, después de una sangrienta carrera, es apresado, con los cual se inicia para Joxe Mari un largo periodo de encarcelamiento lejos del País Vasco.

Todas estas circunstancias aceleran la ruptura entre ambas familias y, sobre todo, entre Bittori, la viuda de la víctima, y Miren, la madre del miembro de ETA, que eran intimas amigas desde la infancia.

Bittori deja el pueblo durante largos años y lleva una vida marcada total y absolutamente por su condición de víctima del terrorismo, mientras que Miren se volca en su hijo mayor, primero huido y luego preso durante diecisiete años. La novela arranca del anuncio del abandono de la vía armada por parte de ETA, algo que lleva a Bittori a volver al pueblo para reencontrarse con los fantasmas del pasado, y que afectará también a Miren y a su familia. 

Patria no es la primera novela que se ha escrito sobre el conflicto vasco

Según afirma el escritor vasco Iban Zaldua, no se puede negar la ambición de Aramburu: “su intención es producir la Gran Novela sobre el terrorismo vasco, lograr la derrota literaria de ETA y zanjar el tema, al menos en lo que al terreno de la narrativa se refiere”.

Zaldua afirma que su arma es “la exhaustividad”, pues el autor procura que aparezcan “todos y cada uno de los temas relacionados con el asunto principal”: "los atentados de ETA, la extorsión mediante el llamado impuesto revolucionario, la soledad y el rechazo social al que fueron sometidas algunas personas y familias que resistían la amenaza de ETA, el ambiente de un pueblo dominado por la cultura de la izquierda abertzale, el silencio de gran parte de la sociedad vasca, la kale borroka, las torturas perpetradas por los Cuerpos de Seguridad del Estado, la dispersión de los presos vascos y el sufrimiento que ello causa a sus familiares, el dolor que acompaña a la condición de víctima del terrorismo, el difícil camino hacia la asunción de la culpa (personal y colectiva), los atisbos de una cierta reconciliación etc".

Ese es, creo yo, uno de los puntos fuertes de la novela, quizá el más potente: la voluntad de abarcar todo, de contar, de una tacada, lo que hasta ahora sólo se había hecho fragmentaria o parcialmente – Iban Zaldua

Según Zaldua, otra cuestión es como lo hace, es decir, si la obra resultante se podría calificar como alta literatura o no. “Patria no marca un antes ni un después, sino un continuará”, afirma Zaldua. Y es que, se ha escrito mucho sobre el “conflicto vasco”, sobre todo en euskera.

De hecho, según Zaldua, “el tema es uno de los que marcan el ingreso a la contemporaneidad de la literatura en euskera”, con la novela 100 metro de Ramon Saizarbitoria (1976). A partir de los años 90, se convirtió en un tema recurrente de la narrativa vasca con obras como Etorriko haiz nirekin? de Mikel Hernandez Abaitua (1991), Agua turbia de Aingeru Epaltza (1991), Un hombre solo de Bernardo Atxaga (1993), Los pasos incontables de Ramon Saizarbitoria (1995), Kontaktua de Luistxo Fernandez (1996), El cuaderno rojo de Arantxa Urretabizkaia (1998), Euri kontuak de Jose Luis Otamendi (1999), Denboraren izerdia de Xabier Montoia (2003), Letargo de Jokin Muñoz (2003), Las maletas imposibles de Juanjo Olasagarre (2004), Twist de Harkaitz Cano (2011) o Martutene, también de Saizarbitoria (2012).

Del hecho de que muchas de esas obras apenas hayan tenido la difusión que merecían (al ser traducidas al castellano, en el caso de que lo hayan sido) no se deduce que Patria surja por generación espontánea, o no debería deducirse, al menos. El “conflicto vasco” es, desde hace mucho, una de las tradiciones de la literatura vasca (en euskera). Tanto o más que en la que se escribe en castellano, en el País Vasco – Iban Zaldua

Críticas desde un punto de vista literario

Según Zaldua, en un intento de dotar a su prosa de un nivel “literario”, Aramburu fuerza demasiado una adjetivación recargada, y lleva a cabo desdoblamientos un tanto pesados. Zaldua afirma que el autor de la novela “abusa de la utilización de formas verbales como epítetos”. Además, según el critico, se deben subrayar los siguientes elementos:

El problema del estilo literario de Aramburu es que resulta muy cursi, o, como dirían en mi familia, es “un poco redicho”. En la novela abundan [...] ejemplos de ello, aunque seguramente pocos superan esta descripción de un paseo por San Sebastián: “Lo agarró del brazo. Una madre que luce hijo por Miraconcha. A la izquierda, el tráfico intenso, ciclistas en los dos sentidos, gente que camina y gente con atuendo deportivo que se dedica a correr; a la derecha la bahía, el mar, el consabido festival acuático de tonalidades azules y verdes que alegra la mirada, con cabrileos, olas, barcas y el horizonte marino en lontananza” [….]  Algo parecido se podría decir de pasajes más decisivos como este en el que, rozando el kitsch, se nos “cuenta” (pero no se nos “enseña”) el proceso de desencanto de Joxe Mari respecto a la causa de ETA: “Pero un hombre puede ser un barco. Un hombre puede ser un barco con el casco de acero. Luego pasan los años y se forman grietas. Por ellas entra el agua de la nostalgia, contaminada de soledad, y el agua de la conciencia de haberse equivocado y la de no poder poner remedio al error, y esa agua que corroe tanto, la del arrepentimiento que se siente y no se dice por miedo, por vergüenza, por no quedar mal con los compañeros. Y así el hombre, barco agrietado, se irá a pique en cualquier momento” – Luis Zaldua

Todos los miembros de ambas familias son euskaldunes, pero Zaldua afirma que, “según nos alejamos del epicentro terrorista-abertzale de la novela (formado por Miren y su hijo Joxe Mari, y, por extensión Joxian), el castellano de los personajes va mejorando notablemente”. El critico afirma, al respecto, que el lenguaje se utiliza como “un marcador moral”.

En lo referente a los personajes, según Zaldua, “son, en lo fundamental, estereotipos, reconocibles inmediatamente, y apenas cambian a lo largo de la obra”. Su análisis se reproduce en las siguientes líneas:

  • Están, por supuesto, las dos madres, perfectos modelos del (mítico) matriarcado vasco; lo único que las diferencia son su posición política (a partir del acoso a que es sometido Txato por el entorno abertzale y del paso a la clandestinidad de Joxe Mari) y el hecho que, si bien Miren sigue siendo una beata, Bittori pierde la fe ante la connivencia de la iglesia vasca con la izquierda abertzale [….].
  • Los dos padres están cortados por el mismo patrón (club cicloturista, partida de mus, calzonazos con los que nadie cuenta en casa, porque, ya se sabe, el poder familiar lo detentan las mujeres), salvo por el hecho de que Txato es un emprendedor, y Joxian un hombre sin iniciativa que seguirá siendo obrero en una fundición hasta su retiro.
  • Joxe Mari, por otra parte, responde al tópico del hombre de acción de ETA, con poco cerebro, mucha testosterona y nula capacidad de análisis sociopolítico, es decir, fácilmente manipulable por los políticos de la izquierda abertzale, primero, y por la dirección de la banda, después. Su proceso de desencanto con la lucha de ETA se resuelve rápido y [....]  con demasiadas elipsis.
  • Arantxa, la hija díscola del epicentro terrorista-abertzale, podría haber resultado un personaje más profundo e interesante si no fuera porque, en beneficio de melodrama, acabe atada, vía ictus, a una silla de ruedas y forzada a comunicarse malamente por medio de frases breves que escribe en un iPad; el desarrollo de los altibajos en su relación con su marido Guillermo (que representa a los hijos de la emigración llegada en los años cincuenta y sesenta) habrían merecido un bisturí más afilado.
  • De Gorka, el hijo escritor y homosexual que se “autoexilia” a Bilbao […] baste decir, en relación a la cuestión de los clichés, que el modo en que se nos muestra su relación con Ramuntxo, su pareja, es a través de las sesiones de masaje que se dan mutuamente (a veces “con final feliz”, como el propio autor se encarga de aclararnos).
  • En cuanto a los hijos de Txato y Bittori, Xabier y Nerea, lo significativo, en relación a su reacción tras el atentado contra su padre (es decir, a su desarrollo como personajes), es la inversión en paralelo de sus respectivos roles de género (tradicionales, por supuesto): Xabier se niega toda felicidad, y eso lo lleva a romper con su amante Aránzazu y a convertirse en un hombre sin deseo ni actividad sexual alguna, mientras que, por el contrario, Nerea empieza a llevar una vida sexual muy agitada (el mismo día en que asesinan a su padre le pide a José Carlos, un chico con el que apenas tiene relación, que pase la noche con ella y hagan el amor). Sucumbe al amour fou con un estudiante alemán, y acaba en una relación “abierta” con su marido Quique. Son personajes que quizá habrían funcionado mejor en un libro de cuentos, pero a los que Aramburu no saca [...] el partido que le ofrecían 619 páginas.

La mayor parte de Patria, transcurre entre la segunda mitad de los años ochenta y los meses siguientes al anuncio del cese definitivo de ETA en otoño de 2011. No obstante, según Zaldua, se puede observar un "cierto desplazamiento temporal y ciertas omisiones importantes", es decir, que ese intento por parte del autor de "abarcar todo" hace aguas. El crítico pone los siguientes ejemplos:

  • La presencia obsesiva de la religión y el papel dominante del cura don Serapio parecen más cosa de los años sesenta y setenta que de los ochenta o los noventa, por ejemplo, en los que el proceso de secularización del nacionalismo vasco (sobre todo del de izquierdas) estaba ya muy avanzado.
  • El uso del despectivo “maqueto” y la consideración siempre negativa de Miren hacia los inmigrantes llegados de España en los años del franquismo, incluso en el caso de que participen del credo de la izquierda abertzale y sean miembros de los grupos pro-amnistía no parecen propios de esa época, ni de ese entorno.
  • La relativa ausencia de debate ideológico a lo largo de la novela, sobre todo en lo que al mundo de la izquierda abertzale se refiere. Apenas hay referencias al marxismo o al socialismo revolucionario, muy presentes en las discusiones de la época.
  • La escasa presencia de la vida colectiva y asociativa en la novela, tanto en el caso de la familia de la víctima como en la del victimario. La lucha a favor de la amnistía, los derechos de los presos de ETA y la gestión de la dispersión por parte de los familiares ha llevado a formas de acción colectiva muy enraizadas, en torno a las Gestoras Pro-Amnistía y otras asociaciones.

Según otras fuentes, se deberían mencionar las siguientes omisiones:

  • No hay menciones al PNV o al PSOE (partidos esenciales para entender la configuración política vasca).
  • En Hernani (el pueblo de la novela se asemeja a este pueblo), gobernó durante dos legislaturas José Antonio Rekondo, perteneciente al sector anticomunista y anti HB de Eusko Alkartasuna. Los mandatos de Rekondo estuvieron llenos de tensión (instituciones vs izquierda abertzale). En la novela no aparece ningún personaje identificable con Rekondo ni con el sector social que le apoya. Por otro lado, en Hernani la extrema derecha asesinó a varias personas en los 70 y los 80 (mató más que ETA en ese pueblo). Este hecho no aparece en la novela de Aramburu.
  • No hay menciones al sindicalismo, muy fuerte en esa época (a ELA no la menciona y a LAB para decir que son “colaboradores de ETA”), o a diversos movimientos como el pacifista, ecologista, okupa o feminista.

Algunas fuentes van más allá, y afirman que hay una serie de manipulaciones:

  • Gorka, el hermano del miembro de ETA, es escritor de profesión. Gorka escribe literatura infantil “para no meterse en líos” (la gente de su pueblo, tan obsesionada e iletrada, claro, pretende que sea “un escritor patrio”). Esto enlazaría con la idea de Aramburu que ha repetido en varias entrevistas: “los escritores en euskera son cobardes, no son libres, están presionados”. Sin embargo, sobre ETA y en contra de ETA y su actividad hay numerosas novelas escritas en Euskara.

Críticas desde un punto de vista político

Las obras literarias como la cinematográficas son armas culturales perfectas para crear moldes de pensamiento. Es decir, nos trasladan una visión concreta del mundo (la que quiere sacar a la luz el autor), esa visión se introduce en nuestra psique y en la mayoría de los casos, si los cortafuegos fallan, se crean nuevos marcos mentales con las que interpretamos la realidad que nos rodea.

Según algunas fuentes, la novela tiene un único hilo conductor: “todo empezó y acabó con la violencia de ETA”. Si efectuamos un repaso a la novela, se puede apreciar que no hay violencia, no hay “fractura social”, no hay nada antes de ETA. Desde el punto de vista histórico, esto es un error. Es decir, según la novela, en el País Vasco no hubo “fractura social” antes, no vivía fracturado desde antes (¿el franquismo no trajo una fractura social?). La tesis del libro es muy simplona: cuatro locos etnicistas arrastraron al desastre a una sociedad completa. No hay ninguna explicación sobre los condicionantes políticos, sociales ni económicos.

Este enfrentamiento entre ETA y el Estado, o entre ETA y los “demócratas”, no se yuxtapone con otros enfrentamientos o posicionamientos anteriores y posteriores. ¿Por qué hay un importante colectivo social que rechaza la Transición y se enfrentan al régimen constitucional? ¿Hay razones históricas y enfrentamientos anteriores que expliquen este hecho? Aramburu no proporciona ninguna información sobre estas preguntas tan importantes. No hay una narración histórica que explique la violencia, y tampoco hay un análisis ideológico sobre la evolución de la sociedad vasca.

Aunque muy probablemente Aramburu pretende mostrar una parte de la realidad con Patria, y con ello construir un discurso donde “toda la culpa tiene ETA”, el escalofriante balance de víctimas muestra que el "conflicto vasco" es un conflicto donde hay numerosos actores que han vulnerado los derechos humanos. El Estado español, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la extrema derecha, han tenido un papel crucial que en muchas ocasiones es minimizado o directamente “olvidado”. El Estado emprendió su propia guerra particular contra ETA y el soberanismo vasco activando para ello todo un arsenal de respuestas represivas y el terrorismo de Estado. Por ello, es muy importante acudir a los datos. Aunque exista una amplia diversidad de fuentes, el análisis efectuado por Eusko Ikaskuntza nos sirve para conocer lo que ha sucedido en detalle.

  • Datos significativos del conflicto vasco (1968-2003): distintas organizaciones armadas vascas y/o kale borroka.

En total, entre 1968 y 2003, ETA asesinó a 815 personas (los datos varían según las fuentes) mediante la ejecución de la lucha armada y el terrorismo. De ellas 339 fueron civiles y 478 miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado. Entre los civiles, 32 eran cargos electos. [*Entre 2004 y 2011 la organización asesinó a 13 personas más]. Se calcula que entre 1968 y 2002, ETA efectuó un total de 3.391 acciones armadas. Por otra parte, desde 1991 a 2003, se efectuaron 3.911 actos de “kale borroka”.

Entre 1968 y 2003, 53 personas fueron secuestradas por la organización (10 de ellas, con resultado de muerte). Según la AVT, serían 84, contabilizando secuestros con fines no económicos y las 12 a las que ETA (pm) disparó un tiro en la pierna.

Entre 1968 y 2003, 2.367 personas fueron heridas en los atentados que cometió la organización. De ellas, 1.294 han quedado incapacitadas físicamente, de las que 150 están incapacitadas para cualquier trabajo y 41, con gran invalidez; el 44% de las personas heridas por coche bomba están con invalidez permanente.

En el año 2003, al menos 1000 personas tenían escolta y más de 300 vivían con vigilancia preventiva de la Ertzaintza y la Policía Foral. Según ciertas fuentes la cifra sería incluso mayor. Además, un número indeterminado de personas abandonaron el País Vasco por miedo a sufrir acciones de ETA.

En lo referente a las libertades civiles, entre 1968 y 2003, se registraron 5.946 sabotajes (desde 1995 a 2002). Se efectuaron un total de 43 atentados de organizaciones armadas vascas y “kale borroka” contra periodistas y medios de comunicación. 3 periodistas o directivos de medios de comunicación fueron asesinados, mientras que dos periodistas recibieron heridas en diversos atentados. Tanto los cargos del PP como del PSOE fueron objetivos militares de ETA, así como sus sedes políticas. Un número considerable de sus viviendas o vehículos particulares o de sus familiares fueron objeto de ataques. También recibieron ataques, amenazas, sabotajes y acoso formaciones políticas como UPN, PNV, etc.

  • Datos significativos del conflicto vasco (1968-2003): distintas fuerzas policiales, grupos ultras o parapoliciales.

Hablando en cifras, entre 1968 y 2003 murieron 75 personas en enfrentamientos armados; entre 67-70 por grupos parapoliciales, 7 por ATE, 26 por el GAL, 32 por BVE y 2 por otros; 24 en altercados con policías y otros casos, 20 en controles de carretera, 35 en manifestaciones o actos de protestas, 5 mediante desapariciones forzadas, 4 en registros de vivienda, 4 en comisaría y 2 fusiladas.

Entre 1977 y 1980 se contabilizaron un total de 587 agresiones y atentados ultra y parapoliciales. 21 de ella fueron contra sedes políticas. Entre 1968 y 2003, estas fuerzas secuestraron a un total de 8 personas (7 de ellas con resultado de muerte), mientras que el número de secuestros-interrogatorios es indeterminado.

3.959 personas sufrieron, entre 1968 y 2003, heridas por cargas policiales en movilizaciones, más de 200 con herida de bala o pérdida de visión por pelotazos. Alrededor de 19 personas sufrieron también heridas de diversa consideración en controles policiales. Además, un total de 242 personas fueron heridas por las acciones protagonizadas por la extrema derecha.  

Durante el mismo periodo, más de 30.000 personas (de ellas, 8.172 acusadas de ser “miembros de ETA” según Interior) fueron detenidas. 210 solamente en 2003. Del cómputo total, 10.000 se efectuaron en manifestaciones, huelgas, piquetes o asambleas (179 en 2003); 756 por expresión (carteles, pancartas, murales, pintadas…); 546 por “kale borroka (entre 1996 y 2002) y 300 por insumisión ante el servicio militar.

Durante el franquismo, entre 1968 y 1976, se registraron centenares de denuncias de torturas por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Entre 1977 y 2002 se registraron alrededor de 5.300; 90 en 2003. En total se calcula que 4.770 personas pasaron por la cárcel entre 1977 y 2001.

En lo referente a las libertades civiles, entre 1968 y 2003, se ilegalizaron formaciones como Xaki, Ekin, Jarrai, Haika, Segi, Askatasuna, Batasuna y Udalbiltza. En 2003, había 216 personas en espera de juicio. En total, se anularon 225 candidaturas electorales y se prohibieron sus actos. Se embargaron 220 inmuebles. Se impusieron 1.000 millones en multas contra 2.500 ciudadanos por movilizaciones entre 1994 y 2000. 3 periodistas fueron asesinados por la extrema derecha, mientras que se realizaron 11 atentados contra ciertos medios de comunicación. Se cerraron 3 revistas, 2 periódicos y una radio. Se calcula que, en total, 91 periodistas fueron detenidos por la Policía, procesados o encarcelados.

Para más información, consultad las siguientes criticas:

 

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