Derechos de la mujer en la URSS: mitos y realidad

Derechos de la mujer en la URSS: mitos y realidad
Es común oír la idea que muchos de los logros en el camino hacia la igualdad de los géneros en el mundo occidental fueron conseguidos por los marxistas, y, posteriormente, por sus seguidores en la Unión Soviética. Si la historia de los primeros por lo general se conoce, la lucha de las mujeres soviéticas por sus derechos es una noción vaga, dado el hermetismo en el que la URSS fue envuelta durante parte de su existencia. Para entender la historia del feminismo soviético cabe dirigirse al núcleo ideológico del país que antaño ocupaba la sexta parte de la tierra firme. A diferencia de Europa occidental, donde los cimientos de la igualdad de géneros aparecieron ya en el Renacimiento (con el movimiento Sforza) y se reforzaron en la época de la Ilustración, el Imperio ruso iba por otro camino, donde a la mujer se le otorgaban los papeles tradicionales de una sociedad patriarcal. Los cambios empezaron en la segunda mitad del siglo XIX. En 1861, el mismo año cuando se abolió el régimen de servidumbre, la universidad de la entonces capital rusa, San Petersburgo, abrió sus puertas a las primeras mujeres estudiantes. Dos años más tarde vio la luz la novela de  Nikolái Chernyshevski, ¿Qué hacer?, que marcó un hito en el incipiente movimiento democrático revolucionario ruso. Las autoridades intentaron decomisar toda la tirada de la novela, pero esta ya se había divulgado por todo el país. En su novela Chernyshevsky describió un nuevo tipo de mujer desarrollada espiritualmente: siendo esposa y madre, fue también activista pública, que luchaba por la independencia mediante la organización de cooperativas de producción femenina y que ganó su posición en la sociedad no a través del matrimonio, sino gracias a sus actividad social. Chernyshevsky consideraba la cooperación como una de esas formas de lucha. ¿Qué hacer? tuvo un enorme impacto social  en Rusia hasta tal punto que los intelectuales liberales a veces la leían arrodillados en sus reuniones. Nikolái Chenyshevsky, el autor de la novela ¿Qué hacer?, que marcó un hito en la historia del movimiento democrático en la Rusia imperial A pesar de que cada uno de los últimos emperadores (Alejandro II, Alejandro III y Nicolás II) tenía diferentes visiones sobre el liberalismo y, por lo siguiente, los intelectuales se sentían más libres o más ahogados en las últimas décadas del zarismo,  el proceso de la concienciación de la mujer rusa sobre su igualdad con el hombre ya era difícil de parar. Muchas mujeres se formaban en universidades y colegios especiales, que se abrieron masivamente en Moscú y San Petersburgo a partir de los años 1870, y se convertían en profesionales que buscaban, per aspera, ejercer su trabajo al igual que los hombres y tener sus propias fuentes económicas.  Hasta 1905, el absolutismo monárquico descartaba elecciones democráticas a las instituciones públicas, y ni los hombres ni las mujeres no tenían los correspondientes derechos electorales en Rusia. Las mujeres no podían luchar por su igualdad, ya que no tenían ningún derecho con respecto a los hombres y, en este sentido, tenían "iguales derechos". Las mujeres políticamente activas, por lo tanto, tomaron parte en la lucha política general junto con los hombres y fueron miembros de partidos políticos comunes. Ellas, como los hombres, fueron a las cárceles, al exilio y a la servidumbre penal por la libertad de su pueblo (por ejemplo, Sofía Perovskaya, Sofya Bardina y muchas otras). En esta lucha las mujeres estaban al mismo nivel que los hombres. Sofia Perovskaya (1853-1881) fue una revolucionaria rusa y miembro de la organización revolucionaria nihilista Narodnaya Volya. Ella ayudó a orquestar el asesinato exitoso de Alejandro II de Rusia, por lo que fue ejecutada por ahorcamiento. Imagen de la película Sofia Perovskaya (1967) Tras la revolución de 1905 el emperador Nicolás II convocó elecciones al nuevo parlamento ruso, la Duma Estatal; sin embargo, las elecciones consideraban solo los votos de los hombres. Como respuesta,  en Rusia surgió un movimiento de mujeres que luchaban por la igualdad de derechos de voto que mandó al gobierno una petición firmada por 5000 mujeres. Fue formado un comité especial tenía que elaborar legislación que otorgaba mayores derechos a las mujeres rusas, pero tras dos disoluciones del parlamento dejó de existir. El fracaso no desalentó a las mujeres rusas. En 1913, más de dos mil participantes organizaron el "Día de la Mujer", un precursor del actual 8 de marzo, en San Petersburgo. La revuelta popular en febrero de 1917 en San Petersburgo. La pancarta pone el eslogan "Derecho a votar a las mujeres" Febrero de 1917 marcó un antes y un después en la historia del feminismo (o su variante cultural) en Rusia, y fue cuando la mujer obtuvo derechos políticos. En febrero de 1917 Rusia fue el escenario de una revolución democrática, tras la que las ciudadanas rusas recibieron los mismos derechos de voto que los hombres. Los principios democráticos ganados por la revolución de febrero existieron hasta octubre de 1917, cuando tuvo lugar la revolución comunista en Rusia. El principio de la igualdad de las mujeres proclamado por la Revolución de febrero recibió un mayor desarrollo después de la revolución comunista de octubre. Se proclamó la igualdad absoluta entre las mujeres y los hombres respecto a  todos los derechos civiles en la República Soviética de Rusia y todas las demás repúblicas de la URSS. Esto llevó a muchos gobiernos occidentales a temer que las feministas encontraran más atractivo el sistema comunista y ayudaran a los bolcheviques a importarlo en sus países. La mejor manera de deshacerse de esta amenaza era dar a las mujeres el derecho a votar. Gran Bretaña y Alemania permitieron a las mujeres votar en 1918, Estados Unidos, en 1920, seguidos por otros países. Francia siguió siendo la única potencia importante que se retrasó en este aspecto hasta 1944. Los primeros decretos soviéticos  fueron bastante progresistas para aquella época: la ley sobre el matrimonio civil permitió a la mujer conservar su apellido de soltera, se reconoció el derecho al aborto y se simplificó el proceso de divorcio. Sin embargo, como ya se puede entender de la lista anterior, estos eran principalmente derechos que no requerían ningún esfuerzo y costo especial por parte del estado. Al mismo tiempo, todas las mujeres estaban obligadas a trabajar, bajo responsabilidad penal por incumplimiento. Mujeres trabajando de barrenderas en Moscú A principios de la década de 1930, se produjo un retroceso total al "imperialismo tradicionalista": las mujeres vieron la restricción de sus derechos y, de hecho, incluso las pocas libertades que existían en los años veinte se perdieron. Durante el estalinismo la dinámica se hizo evidente. Así, en 1935, dejaron de producirse  los anticonceptivos y en 1936 se prohibieron los abortos. En el mismo año se aprobó una ley que obstaculizó el proceso de divorcio, y en realidad se prohibieron las parejas de hecho. En 1943, se introdujo la educación separada para niños y niñas (existente en gimnasios prerrevolucionarios). Según la nueva reforma, era necesario criar a los niños  como "guerreros y héroes del socialismo", y a las niñas, como "madres y educadoras". En otras palabras, las mujeres no gozaban de ningún privilegio respecto a la Rusia zarista y, además, tenían que compaginar la maternidad, que se había proclamado “un deber ante el socialismo”, con trabajos duros, que muchas veces requerían fuerza física considerable. Entre los funcionarios casi no había mujeres; la igualdad era en la mayoría de los casos un asunto de mera especulación en los medios de información. En los años sesenta, en la era del deshielo, las mujeres pudieron darse un respiro. A partir de mediados de los años cincuenta, la educación volvió a ser mixta, se permitieron los abortos, en 1965 se volvió a simplificar el procedimiento de divorcio, en 1967 se introdujo el concepto de "pensión alimenticia" que pagaban los padres a las madres separadas. Aunque ya en 1917 se implementó la baja por maternidad, esta era, dependiendo de la época de entre 2 y 6 meses, y no fue hasta los años 70 cuando creció hasta el año y medio. Una guardería soviética, la década de 1960 Al mismo tiempo, el estado promovía  la imagen de una “madre trabajadora”. Desde el punto de vista de la ideología soviética, la imagen ideal de la mujer soviética era  una madre cariñosa que también trabajaba en un puesto laboral, hacía tareas domésticas, preparaba cenas, hacía colas para comprar comestibles, cuidaba a su marido, resolvía todos los problemas domésticos, lavaba ropa y sábanas para toda la familia. La mayoría de las mujeres soviéticas tenían que conciliar la jornada completa en el puesto laboral y numerosas tareas domésticas No es de extrañar que con la disolución de la URSS y el cambio, aunque paulatino, de la ideología mujeres de diferentes edades en todos los territorios que habían conformado la Unión Soviética se sintieron aliviadas de tanta carga social. Eso sí, la mayoría de las mujeres en la Rusia postsoviética siguen considerando de vital importancia su formación y el desarrollo intelectual y muchas de ellas ambicionan trabajos dignos y la independencia económica. En casi todos los gobiernos de las antiguas repúblicas soviéticas, de Estonia a Ucrania y Uzbekistán, se ven ejemplos de mujeres que llegan a cargos políticos de más alto rango. Sin embargo, hay una tendencia evidente de las mujeres que, hartas de luchar y ser hijas y nietas de luchadoras y heroinas del socialismo, prefieren dedicarse al hogar, la crianza de hijos, deporte, estética y otras cosas lejanas del movimiento feminista.  
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