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UN MOSTRUO VIENE A VERME

Corrupción, industria farmacéutica y el capitalismo de la COVID19

Casi con absoluta certeza, la humanidad está viviendo la más grotesca y absurda campaña de terrorismo mediático y de propaganda política de toda la historia contemporánea. Los medios de comunicación hegemónicos y dominantes, al servicio de la todapoderosa, multiparticipada y corrupta industria farmacéutica global, escogieron por enésima vez, como en las anteriores falsas pandemias (gripe aviar H1N5, gripe porcina H1N1) el miedo como mecanismo de control social (1). Mediante esta campaña de miedo, la élite del poder maximiza la confusión y la desinformación y minimiza la seguridad y la protección social. Como toda crisis, ya sea real o inventada, la plutocracia lo rentabiliza para la máxima obtención de multibillonarios beneficios económicos y financieros, al tiempo que se le presenta como oportunidad de reestructuración del orden económico internacional para continuar concentrando más poder y acumulando la riqueza del Mundo. 
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Corrupción, industria farmacéutica y el capitalismo de la COVID19

Artículo de Alberto Riveiro Sambade, sociólogo, técnico de cooperación para el desarrollo y graduado en servicios sociales y gestión de la dependencia por la UDC (Universidade de A Coruña)

 

El miedo es la emoción más humana que aparece como reacción natural ante una amenaza o peligro real o aparente. Cuando es sostenido y agravado en el tiempo, por la incertidumbre del riesgo, ese estado emocional desemboca en un estado de shock o conmoción. Si extrapolamos la experiencia personal a toda la población en el contexto de una pandemia de un virus nuevo, letal y altamente contagioso, la sociedad entra en un estado de shock colectivo. El shock es un estado de perturbación mental de desorientación y suspensión de la voluntad, en el que las personas no piensan con claridad y se vuelven manipulables, y el capitalismo neoliberal es buen conocedor de este hecho empírico.

Pero, ¿qué está ocurriendo en realidad? ¿Está el Mundo realmente asolado por la pandemia de un virus nuevo y tan contagioso como aseveran los adoctrinadores mediáticos y los serviles gobiernos? ¿Se trata de una pandemia o una “casemia”? ¿Por qué la administración Sánchez, que se llena la boca con palabras como solidaridad y transparencia, su gabinete nueve meses después de decretar el estado de alarma por la emergencia sanitaria global de Covid-19, aún no publicó el primer informe científico que respalde las medidas restrictivas adoptadas durante toda la pandemia? ¿Acaso le queda algo de legitimidad a un gobierno que usó la mentira cínicamente como forma de relacionarse con la ciudadanía cuando afirmó que estaba siendo asesorado por un “Comité de Sabios y Expertos”? (2). ¿Por qué la gente debería creer a un gobierno hipócrita sobre la necesidad o pertinencia de una vacuna para la supuesta nueva enfermedad?

Son muchos los elementos definidores y constitutivos de un real y efectivo estado social y democrático de derecho, pero algunos de los más representativos y fundamentales son la libertad de expresión, el derecho a la disensión y al cuestionamiento, así como la refutación científica y el debate público. Como se explicará a continuación, la gestión política de esta supuesta pandemia también condujo al cumplimiento de uno de los principios rectores de actuación de los Amos de la Humanidad: reducir la democracia (3).

 

“LA GRAN ESTAFA” DE LA PANDEMIA DEL COVID-19: BIG  PHARMA, CORRUPCIÓN Y LA COOPTACIÓN DE LA CIENCIA

La corrupción y la criminalidad son dos denominadores comunes a toda la poderosa industria farmacéutica mundial, que no duda a la hora de colocar sus productos en el mercado, en perpetrar cualquier tipo de delito. En su largo historial criminal, el fraude, la ocultación de información, obstrucción a la justicia, compra de profesionales sanitarios, la manipulación de datos en los resultados de los ensayos clínicos, amenazas, coacción y los sobornos son algunos de los delitos que configuran su modus operandi en este sector estratégico de la economía global, la cual, obtiene unos beneficios anuales astronómicos.

La industria farmacéutica es el tercer sector de la economía mundial, después de la industria armamentística y el narcotráfico (4). En definitiva, su comportamiento empresarial es muy semejante al de la mafia.

“En la actualidad, el cuerpo de evidencias es demasiado contundente y el impacto de la corrupción es altísimo como para desestimarlo. Tanto en los países ricos como en los países pobres de todo el Mundo, la corrupción arruina vidas”. (5). Este extracto del Informe Global de Corrupción de 2006 de Transparency International, resume el estado de corrupción en el que se encontraban los estados de salud en el planeta en 2006 y el terrorífico daño que le causa a las personas.

Catorce años después de la publicación de este informe que supuso un punto de inflexión en la evaluación y seguimiento de la corrupción en el ámbito de la sanidad pública, se puede afirmar que muy lejos de revertirse la situación, la corrupción y el poder corruptor del sector farmacológico se extendieron a todos los niveles de la administración pública, de la ciencia médica y de los centros de producción científica e investigación clínica. Todo el sistema está corrompido.

Puede dar la impresión por ejemplo, que en España las actividades de promoción del Big Pharma (las grandes corporaciones farmacéuticas transnacionales) son responsables y éticas, que se guían por el rigor científico e informativo, y nunca promueven el uso de fármacos para indicaciones no probadas y autorizadas. Pero no es así. Es tan sólo un espejismo de la publicidad farmacológica. Una falsa imagen proyectada y fabricada desde los departamentos de márketing de las empresas farmacéuticas. De hecho, “España es un paraíso para la industria”, (6) como afirma Joan-Ramón Laporte, profesor de Terapéutica y Farmacología Clínica de la Universitat Autónoma de Barcelona.

Sociedades científicas, comités redactores de guías de práctica clínica, centros de investigación científica y académica, departamentos universitarios, facultades, universidades, personal sanitario, publicaciones y revistas científicas, directores de hospitales tanto públicos como privados, ministros y funcionarios públicos, etc. Nadie se libra de la influencia de las farmacéuticas. Su red de corrupción es omnímoda e ubicua. Y esta alarmante e inmoral situación es el resultado de la falta de regulación de las relaciones entre la industria y las organizaciones médicas, los/las facultativos/as y la clase política, así como la alta susceptibilidad a la aceptación de sobornos, donde se acaba “normalizando” la práctica de corrupción.

Pharmaggedon

La existencia de un intrincado entramado de corrupción propia de la mafia, de ahí que muchas personalidades especialistas en este campo hablen de “farmafia”, la corroboran voces tan autorizadas como algunos/algunas doctores/as y directores/as de revistas científicas de prestigio internacional, como Jerome Kassirer y Marcia Angell de The New England Jorunal of Medicine o el Dr. Richard Smith y exdirector del British Medical Journal, quien tiene varios libros publicados sobre este grave problema enquistado en el ámbito de la ciencia y la medicina. Incluso la actual editora jefe del British Medical Journal Fiona Godlee, ha denunciado la excesiva influencia corruptora del sector que compromete la libertad científica y la independencia en la investigación clínica, así como la necesidad urgente de una mayor transparencia en el marco de estas inadmisibles interconexiones y de evidencias científicas confiables (7).

Un ejemplo muy ilustrador del alcance de la corrupción y el fraude de las grandes farmacéuticas, es sin duda el campeón de la carrera a contrarreloj en la obtención de la panacea para la enfermedad del Covid-19: Pfizer y su vacuna. La farmacéutica, por sus antecedentes penales y comisión de delitos, podría considerarse como “Il capo di mafia” del soborno para la prescripción de medicamentos hasta 8 veces más caros que los disponibles en el mercado estadounidense. Es responsable de crímenes que costaron la vida a miles de pacientes por la comercialización de fármacos para indicaciones no probadas de múltiples enfermedades. El delito que se conoce como promoción ilegal de un producto farmacéutico. Se comete cuando el anuncio publicitario no se corresponde con el medicamento aprobado por la agencia de regulación (FDA, Food and Drug Administration) para el uso indicado. Esta empresa farmacéutica es la corporación que pactó el mayor acuerdo judicial por fraude en el ámbito sanitario con el Departamento de Justicia de EE.UU. : 2300 millones de dólares (8).

Después de este caso, Pfizer firmó un Acuerdo de Integridad Corporativa (Corporate Integrity Agreement) con el Departamento de Sanidad de EE.UU. por lo que se comprometía a actuar correctamente durante los siguientes cinco años. Pfizer ya había firmado otros tres acuerdos similares, por lo que a la vez que se comprometía a no promocionar fármacos ilegales ante los fiscales federales, la farmacéutica estaba ya enfrascada en el incumplimiento de sus promesas.

Creo que no es necesario extenderme en este capítulo para hacernos una idea del nivel de “mierda” (como sinónimo de mentira) existente, como acredita el filósofo ético Harry Frankfurt, On Bullshit, en nuestra cultura de hiperconsumismo capitalista insostenible definida por el márketing empresarial, y especializado en crear una demanda ficticia y satisfacer necesidades irreales generadas mediante la estrategia comercial de la seducción y el estímulo del deseo, siguiendo la teoría de Zygmunt  Bauman y David Lyon en Vigilancia Líquida (pág.140).

El propio Dr. Michael Yeadon, exvicepresidente de Pfizer, llegó a afirmar el manifiesto parecido entre la mafia y la industria farmacéutica:

“Da miedo pensar en la gran cantidad de similitudes que existen entre la industria y la mafia. La mafia gana cantidades obscenas de dinero, tal como ocurre en la industria. Los efectos colaterales del crimen organizado son asesinatos y muertes, y los efectos colaterales causados por esta industria son esos mismos. La mafia paga sobornos a políticos y a otros, y lo mismo hace la industria farmacéutica” (9).

Menciono tan sólo el caso de la farmacéutica Pfizer, pero esta conducta mafiosa es extensible a otras grandes corporaciones multinacionales del sector por volumen de facturación,  como son “el mayor camello de la industria” Hoffman-La Roche (Roche), como lo denomina el profesor y doctor danés Peter C. Gøtzsche, Moderna, GlaxoSmithKline, AstraZeneca, Johnson&Johnson, Merck, Eli Lilly o Abbott.

Omertá de los “hipocráticos hipócritas” y revistas científicas de prestigio internacional

¿Pero cómo se justifica el silencio de la comunidad médica ante esta absurda y surrealista situación derivada de la campaña de miedo y propaganda política orquestada y necesaria para hacer creíble la pandemia de SARS-CoV-2? ¿Cómo es posible que los coronavirus, un grupo de virus (7-15% de virus) que son estudiados en las facultades de medicina (10) y que se presentan todos los inviernos como los causantes de las neumonías durante la epidemia de gripe estacional,  se represente como el monstruo del Apocalipsis? ¿Cómo se transformó el coronavirus como el vector causante de una nueva enfermedad llamada Covid-19 sin base científica, ya que el virus no fue “aislado” y “purificado” según la teoría de los 4 postulados de Koch? (11).

El argumentario de fondo para explicar este absoluto silencio ante esta locura impuesta “manu militari” por los gobiernos del Mundo ya fue expuesto anteriormente. El dinero, los beneficios, los empleos mejor remunerados y las grandes reputaciones acaban convirtiéndose en los factores de corrupción más poderosos en el mundo, como comenta el Dr. Richard Smith, exdirector del British Medical Journal (12). La industria soborna y compra a medios de comunicación, líderes  de opinión y médicos/las de atención primaria o especializada. La aplicación de las leyes de transparencia muestran la deuda contraída, cada día en una proporción mayor, de los/as médicos/as con el Big Pharma, y acredita que son muchos/as los/as que cobran sueldos astronómicos como asesores o conferenciantes que promocionan sus fármacos. (Ibidem).

La industria acaba por corromper también la independencia y la libertad científica, y este hecho también se constata en las revistas científicas de prestigio internacional, que cada vez, ante la falta de financiación pública, las grandes farmacéuticas, mediante contratos multimillonarios, financian los ensayos clínicos de medicamentos y vacunas y sostienen económicamente estas publicaciones. Esta situación también la corrobora el editor jefe de la revista científica y médica  de The Lancet, Richard Horton:

Si esto continúa, no seremos capaces de publicar más información, debido a que las compañías son tan financieramente poderosas hoy, y son capaces de usar tales metodologías como hacernos aceptar papeles que son aparente y metodológicamente perfectos, pero los cuales, en realidad, gestionan concluir lo que ellos quieren concluir” (13).

Y el reputado doctor francés Philippe Douste-Blazy comenta las palabras de Horton en una reunión de expertos sobre el coronavirus de la siguiente manera: “Nunca pensé que el jefe de The Lancet hubiese podido decir esas palabras. Incluso el jefe de la revista New England Journal of Medicine. Él dijo que era criminal. La palabra que fue usada por ellos” (Ibidem). Y remata el Dr. Douste-Blazy:

Cuando hay un brote como el Covid, en realidad, hay personas como nosotros, doctores, que vemos la mortalidad y sufrimos. Y hay personas que ven dólares”.

Para estas publicaciones científicas y médicas parece ser más importante el dinero fácil que la integridad científica. En definitiva, como sentencia el jefe de The Lancet, Richard Norton: “Las revistas médicas se convierten en meras operaciones de blanqueo de información para la industria farmacéutica (14). Una extensión de los departamentos de márketing del Big Pharma. 

 

“BILL GATES Y LA PIEDRA FILOSOFAL”: ALIANZAS ESTRATÉGICAS, CONFLICTOS DE INTERÉS Y CAPITALISMO GLOBAL MULTIPARTICIPADO

La existencia de COVID-19 en cualquier lugar supone una amenaza para las comunidades de todo el mundo. Las repercusiones sanitarias, sociales y económicas sólo pueden abordarse mediante la acción colectiva de los interesados de los sectores privado, público y filantrópico en asociación con la sociedad civil. Como organizaciones dedicadas a mejorar y proteger la salud mundial, con nuestras variadas habilidades, funciones y recursos, seguimos comprometidos a hacer nuestra parte para poner fin a esta pandemia en todo el mundo. A principios de este año, AstraZeneca; Bayer; bioMérieux; Boehringer Ingelheim; Bristol Myers Squibb; Eisai; Eli Lilly; Gilead; GSK; Johnson & Johnson; Merck & Con el. (conocida como MSD fuera de los Estados Unidos y Canadá); Merck KGaA, Darmstadt, Alemania; Novartis; Pfizer; Roche; y Sanofi, junto con la Fundación Bill y Melinda Gates, se comprometieron a luchar contra lo Covid-19” (15).

Este es el manifiesto firmado por el Big Pharma Global y la Fundación Bill & Melinda Gates para luchar contra esta supuesta nueva enfermedad, llamada Covid-19.  Toda una cínica declaración de intenciones a tenor de la anterior explicación.  Mas el summum de la hipocresía es el título eufemístico del manifiesto: “Life science companies and the Bill & Melinda Gates Foundation. Commitments to expanded Global Access for COVID-19 Diagnostics, Therapeutics and Vaccines” (Empresas de la “ciencia de la vida” y la Fundación Bill y Melinda Gates. Compromisos para el Acceso Global Expandido para el Diagnóstico, Terapia y Vacunas). Ahora las farmacéuticas son corporaciones de la “ciencia de la vida”, como la biología.

Es la primera vez, en más de 100 años de historia de la industria farmacológica global, que se alían tantas empresas del sector estratégicamente, para luchar y combatir una enfermedad. Lo que no pudieron hacer las enfermedades cardiovasculares, ni el cáncer, ni las enfermedades respiratorias derivadas del tabaquismo (una epidemia humana), siendo las tres principales causas de muerte en Europa y EE.UU., lo ha logrado un “virus nuevo, letal y altamente contagioso”, obteniéndose, en tiempo récord, los tratamientos antivirales necesarios, las pruebas de diagnóstico  (pruebas de antígenos y RT-PCR y PCR), así como la “solución final”: la vacuna.

Pero esta información está incompleta y es imprecisa. Como apunta el profesor Peter C.Gøtzsche: “Por desgracia, nuestra sociedad es víctima de dos epidemias creadas por nosotros mismos: el tabaquismo y los medicamentos de venta por receta, ambas extremadamente mortales. En EE.UU. y en Europa los medicamentos son la tercera causa de muerte, después de las cardiopatías y el cáncer” (16).

Y el motivo de este hecho es evidente: el sistema está completamente corrompido. A día de hoy, estas causas de muerte, le ganan la carrera del juicio final al Covid-19, a la luz de las estadísticas oficiales de mortalidad. Los medios de propaganda vuelven a promover el alarmismo sensacionalista y censurar la información científica.

Si realmente el objetivo hubiese  sido mejorar la salud pública, en lugar de invertir tanto dinero en fármacos caros para reducir el colesterol, se debería invertir unos miles de millones en campañas eficaces para reducir el tabaquismo, aumentar la actividad física y mejorar la alimentación, siguiendo la doctrina hipocrática en la que se basa la medicina clínica. Esta propuesta no sería un conflicto de interés económico, pero sí entraría en conflicto con los intereses económicos de la industria farmacéutica.

Cui bono?

¿Pero esta alianza estratégica a quién beneficia realmente? ¿Desde cuándo la industria farmacéutica antepone el interés general y la salud pública a sus beneficios económicos y especulativos? (17). ¿Acaso esta nueva emergencia sanitaria mundial no será la enésima epidemia inventada del complejo industrial médico-farmacéutico global organizada desde la privatizada OMS, para la obtención de beneficios multimillonarios a costa, una vez más, de la salud, la vida y la economía de los de abajo? (18).

Test PCR: la técnica millonaria de amplificación del miedo

 El doctor y profesor Kary Mullis fue el creador de la prueba PCR (Polymerase Chain Reaction), y por la cual en 1993 es galardonado con el Premio Nobel de Química. El investigador norteamericano ha afirmado en más de una ocasión, que esta técnica no identifica ningún virus en específico. Lo único que detecta es algo del ADN O RNA de un virus que se desconoce. Y de igual modo, hasta poco antes de morir en agosto de 2019, advirtió hasta la saciedad que la técnica de amplificación PCR estaba siendo usada como medio de diagnóstico de forma incorrecta por la mayor parte de la comunidad científica, médica e investigadora (19). Esta explicación científica sobre el test PCR también la recoge en su obra Dancing naked in the mind field (1993) y su experiencia como investigador molecular en Cetus Corporation, una empresa de biotecnología de Berkeley en la cual crea el PCR, en el discurso de entrega de su Premio Nobel en 1993 (20).

Creo que no deja lugar a dudas ni a posibles debates científicos:

El PCR no dice si estás enfermo o no” (Mullis, K. 1993. Ibidem).

Por lo tanto, si no identifica ningún virus y mucho menos se puede emplear como prueba de diagnóstico, ¿para qué la están usando las autoridades sanitarias? Sólo tiene una explicación lógica: producir la mayor campaña de miedo y alarmismo mediático global de la historia. En el contexto de esta pandemia de pánico social e histeria colectiva desatada ante un enemigo invisible y tan letal, los gobiernos de todo el Mundo se aseguran la obediencia ciega e irreflexiva de toda la humanidad (21), mientras los Amos de la Humanidad siguen haciendo el gran negocio del siglo con el desarrollo de su agenda económica secreta.

¿Pero en qué momento se decide que el PCR, una prueba inapropiada y no específica, se transforme en el “Gold Standar” (del inglés, patrón oro. En este caso, como sinónimo de ejemplo o referencia) de los gobiernos para tomar decisiones políticas de recortes de derechos humanos y medidas económicas tan severas y draconianas como cierres de economías, fronteras o sectores económicos no esenciales?

Conexión Berlín-Wuhan

Después de que la propia OMS hubiese recomendado su uso (no como prueba de diagnóstico médico), el jefe del departamento de virología del centro Berlin Charité, financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates, el Dr.Drosten, comunicó en una entrevista realizada en la radio pública alemana, que una institución china, cuyo nombre no facilitó, le confirmó al virólogo asesor de la administración de Angela Merkel durante esta pandemia de coronavirus, que el virus identificado en el PCR específico creado por Drosten y un equipo de investigadores del centro que dirige, era el mismo buscado en Wuhan.

Uno de los coautores del PCR es el CEO de TIB-MOLBIOL, socio estratégico en el mercado de la farmacéutica suiza ROCHE, para la cual produce LightMix Modular SARS-CoV-2 (PCR) que está obteniendo miles de millones de euros con la venta masiva de esta prueba y las acciones en los parqués del Mundo. Un evidente caso de conflicto de interés sobre el que nadie ha denunciado. Este producto se lanza al mercado el 24 de enero (22). La OMS decreta la pandemia el 11 de marzo. Algo huele a podrido en esta pandemia y el mal olor proviene de la industria farmacéutica.

Mascarilla: EPI que perjudica seriamente la salud

Son cada vez más las voces médicas y científicas autorizadas que critican el uso masificado e indiscriminado de la mascarilla. Ni siquiera la propia OMS, durante la supuesta primera y segunda ola de la pandemia, recomendó su obligatoriedad en los espacios públicos, siempre y cuando se pudiese garantizar la distancia interpersonal y se adoptasen medidas de sentido común: evitar aglomeraciones, lavarse las manos con relativa frecuencia (no caer en un trastorno obsesivo compulsivo) y  toser o estornudar de forma adecuada, es decir, con educación.

Hasta hace un mes, en ningún país de la UE se hizo obligatorio el uso de la mascarilla en la calle o espacios públicos en general.

¿Pero qué dice la legislación española con respeto al uso obligatorio de la mascarilla? Su uso se regula mediante la Orden Ministerial SND/422/2020, de 19 de mayo (23) Lo que ignora la gran mayoría de la gente, porque confiaron en su momento ciegamente en la palabra del presidente Pedro Sánchez, es que cualquier persona podría estar exenta de llevar la mascarilla, atendiendo a esta norma. Revisemos los artículos 2 y 3:

Artículo 2. Sujetos obligados

 1.Quedan obligados al uso de mascarillas en los espacios señalados en el artículo 3, las personas de seis años en adelante.

2.El deber contenido en el párrafo anterior no será exigible en los siguientes supuestos:

A)Personas que presenten algún tipo de dificultad respiratoria que pueda verse agravada por el uso de mascarilla.

B)Personas en las que el uso de mascarilla resulte contraindicado por motivos de salud debidamente justificado, o por que debido a  su situación de discapacidad o dependencia presenten alteraciones de conducta que hagan inviable su uso.

C)Desarrollo de actividades en las que, por la propia naturaleza de estas, resulte incompatible el uso de la mascarilla.

D)Causa de fuerza mayor o situación de necesidad.

 Artículo 3. Espacios en los que resulta obligatorio el uso de la mascarilla

 El uso de la mascarilla será obligatorio en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público, siempre que no sea posible mantener una distancia de seguridad interpersonal de al menos dos metros.

Por lo tanto, personas dependientes y menores de 6 años, personas con enfermedades respiratorias u otro tipo de dolencias que le causen algún tipo de alteración conductual, personas con dificultad respiratoria (EPOC, asma, etc) o por el tipo de actividad que desarrolle, así como por causa de fuerza mayor o necesidad (situación práctica y real: con la mascarilla no respiro adecuadamente y necesito sacarla para respirar).

No obstante, creo que no hace falta ser médico, biólogo, neurólogo o fisiólogo para saber, aplicando el sentido común que se ha perdido durante esta pandemia, que la reinhalación del CO2 espirado y bloqueado por la barrera física de la mascarilla, causa más daño que beneficio. En conclusión, se invierte el principio de ética hipocrática que rige la medicina clínica: primun non nocere (primero no causar daño).  El organismo necesita el oxígeno para vivir. La privación de este elemento vital tiene un efecto tóxico, produce daños neurodegenerativos irreversibles en nuestro sistema cognitivo, así como puede causar la muerte.

La prestigiosa neurofisióloga Margareta Griesz-Brisson, fue una de tantas voces censuradas por los medios de propaganda que criticaron frontalmente el uso innecesario de la mascarilla, sobre las cuales opina que son “un crimen contra la humanidad y un abuso a los/las niños/as” .

To deprive a child or an adolescent´s brain from oxygen, or to restrict it in any way, is not only dangerous to their health, it is absolutely criminal. Oxygen deficiency inhibits the development of the brain? (Privar de oxígeno el cerebro de un adolescente o un niño, o restringirlo de cualquier modo, no sólo es peligroso para su salud, es absolutamente criminal) (24).

 

Nullius in verba

En 1660 se funda en Londres la Royal Society que supuso un punto de inflexión en el desarrollo de la medicina occidental. Un grupo de científicos deciden que esta área del conocimiento debía basarse en la prueba experimental, y no en la fantasía especulativa, la charlatanería, la superstición o la fe ciega. La sociedad acordó en llamarle a este principio básico de la investigación científica nullius in verba, nada en la palabra, es decir, no confíes sólo en lo que alguien dice. Son necesarias en la medicina y en la ciencia en general, las pruebas que demuestren y respalden la teoría que se enuncie.

La ciencia se fundamenta en la evidencia (del inglés, evidence. Prueba en español). En las pruebas empíricas que se pueden refutar y comprobar. No existen los dogmas. Tan sólo teorías que se pueden demostrar. ¿Y qué tiene que decir la ciencia y la medicina hoy con respecto al uso de la mascarilla?

Una de las más prestigiosas revistas científicas y de investigación médica es sin duda la Cochrane Collaboration de Dinamarca, así como el centro de investigación clínica y científica, el Nordic Cochrane Center. El pasado mes de abril publicó una revisión de las medidas usadas durante la epidemia del SARS-CoV-1 de 2003 que afectó a varios países del sudeste asiático (pantalla facial, mascarilla y distanciamiento interpersonal) y llegan a la misma categórica conclusión:

En términos generales, los resultados del resto del estudio no aleatorizados reforzaron estos resultados, mostrando incluso diferencias significativas entre usar o no usar mascarillas. Con estos datos los autores de la revisión concluyeron que el uso de la mascarilla puede tener un efecto muy pequeño en la reducción de la transmisión comunitaria de virus respiratorios por lo que, sumado a aspectos como el poco cumplimiento de estas medidas, no apoya el uso generalizado de mascarillas” (25).

El profesor Peter C. Gøtzsche, desde el Institute of Scientific Freedom de Copenhague, en su línea literaria emblemática de furia científica basada en evidencias, publica un documentado artículo en octubre apelando a la desobedicencia civil y la responsabilidad individual en cuanto a protección de la propia salud, cuando las autoridades sanitarias y los gobiernos no nos protegen y hay una ocultación deliberada de datos de las investigaciones científicas relacionadas con el uso de la mascarilla: “Stop the corona hysteria and throw away the masks” (Detener la histeria del coronavirus y tirar con las mascarillas) (26).

 

“CRIMEN Y CASTIGO”: RESIDENCIAS DE PERSONAS MAYORES, VIOLACIÓN DE DERECHOS HUMANOS Y CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD

Un hospital construido en tiempo récord y a contrarreloj en Wuhan, docenas de personas colapsando los servicios de urgencias hospitalarios, centenas de personas mayores cayendo como moscas todos los días en las residencias de mayores en Madrid, Catalunya,... imágenes de terror en el norte de Italia, miles de casos en Londres, el buque hospital USNS Comfort entrando en la bahía de Hudson en New York como refuerzo sanitario, construcción de inmensas fosas comunes en Manhattan, UCI´s colapsadas, personal sanitario desbordado, etcétera, son algunas de las instantáneas que simbolizaron el terror del Covid-19 tras decretarse la pandemia por la OMS el 11 de marzo de 2020. Imágenes grabadas en la retina y que ya forman parte del archivo visual de la memoria colectiva del Mundo entero. Ésta es sin duda la radiografía desinformativa sensacionalista sin diagnóstico científico. Por eso el deber de todo intelectual o periodista de investigación es contar la verdad y exponer las mentiras. Contar lo que realmente está pasando.

Después de una larga y profunda investigación (del latín, in-vestigium, ir detrás del vestigio, de la verdad) acabé concluyendo que la mayor parte de las muertes ocurridas en el Mundo supuestamente por Covid-19, no podía atribuirse a una teoría monocausal, es decir, darle credibilidad al esquema simplista de CORONAVIRUS=COVID-19. El contexto de miedo injustificado, la propaganda política y mediática, el uso de medicamentos altamente tóxicos y mortales para indicaciones no probadas como la cloroquina o hidroxicloroquina, tratamiento antiviral indicado para la malaria, corticoesteroides, Remdesivir (el antiviral estrella de Gilead Sciences a un precio excesivamente caro) para la terapia de las personas supuestamente enfermas por la nueva dolencia, la mala praxis médica en los hospitales y el abandono total de las residencias de personas mayores, son algunos de los factores que pueden explicar lo que realmente pasó durante la primera y más mortal ola pandémica. 

El reputado biólogo y matemático David Crowe, en su artículo sobre las deficiencias en la teoría de la pandemia de coronavirus, es muy clarificador y contundente:

Los médicos que se enfrentan al que creen que es un virus mortal tratan para el futuro, para los síntomas anticipados, no para lo que ven hoy. Esto lleva el uso de oxigenación invasiva, altas dosis de corticoesteroides, drogas antivirales y más. En este caso, algunas poblaciones de los diagnosticados (por ejemplo, en China) son mayores y más enfermas que la población general y mucho menos capaces de soportar un tratamiento agresivo. Después de que el pánico por el SARS disminuyó, los médicos revisaron las pruebas, que demostraron que estos tratamientos a menudo eran ineficaces, y que todos tenían graves efectos secundarios, como déficit neurológico persistente, reemplazo de articulaciones, cicatrices, dolor y enfermedades hepáticas. Así como una mayor mortalidad” (27).

Los estudios de las revistas científicas sólo es propaganda si aplicamos la indispensable teoría de los 4 postulados de Koch para corroborar la correlación coronavirus-Covid-19.

Los postulados de Koch, enunciados por primera vez por el bacteriólogo alemán Robert Koch a finales de 1800, pueden ser simplemente enunciados cómo:

1) Purificar el patógeno (por ejemplo, el virus) de muchos casos con una enfermedad particular.

2)Exponer a los animales susceptibles (obviamente no los seres humanos) al patógeno.

3)Verifique que se produce la misma enfermedad.

4) Volver a purificar el patógeno, sólo para estar seguros de que realmente está creando la enfermedad.

Por lo tanto, no se puede afirmar que el coronavirus esté causando esta supuesta pandemia.

“Si se combina la vejez, las condiciones de salud preexistentes, la neumonía, la ventilación invasiva y los medicamentos altamente tóxicos, tendrás una receta para otro desastre iatrogénico”, sentencia el Dr. David Crowe.

 

Winter is coming

Los peores meses de la epidemia de gripe invernal están por llegar. Los mayores picos, es decir, el mayor número de muertes esperadas por gripe o neumonía, se producen en los meses de enero y febrero (en concreto, de la semana 4 a 8 de la campaña de la epidemia gripal) cuando hay una menor radiación ultravioleta y una baja temperatura ambiental, y por lo tanto, momento de clímax para la eclosión de todos los virus. Sólo deseo, desde la reflexión y la trágica historia reciente, que no se incurra en el principio clásico: Errare humanum est. Sed perseverare diabolicum. (Errar es de humanos. Pero persisitir en el error es diabólico).

Unos experimentos desarrollados en EE.UU. en 1918, durante la mal llamada pandemia de gripe española, que se cobró la vida en este país de casi 600.000 personas, llegan a conclusiones con un paralelismo científico asombroso con los argumentos expuestos y además, desmonta la teoría monocausal del virus, habida cuenta, que la ciencia médica, 100 años después de la teoría de los postulados de Robert Koch, seguía sin aplicarse durante la peor pandemia de la historia de la humanidad. El virus de la gripe A H1N1 no se purificó entonces.

Estos hechos son recogidos por la periodista científica Gina Kolata en su libro Influenza (28). El primero de ellos consistió en reclutar 62 marineros saludables que estaban en prisión por diferentes delitos cometidos en Boston en noviembre de 1918. Le prometieron el indulto a condición de formar parte de un experimento. 39 de ellos no habían tenido gripe, por lo que potencialmente serían más susceptibles de infectarse y enfermar.