Corrupción e impunidad en las Fuerzas Armadas españolas [Parte II]

La institución de las Fuerzas Armadas es una de las más arraigadas, herméticas e intocables del Estado español. Compuesta por más de 130.000 efectivos y con un presupuesto oficial de 9.552 millones de euros (aproximadamente 20.000 millones sumando otras partidas), su poder es de calado. En los últimos años se han constatado numerosos hechos que apuntan a que dentro de las FF. AA. españolas los abusos, agresiones y casos de acoso de índole sexual son una triste realidad. 

Fuente: Ministerio de Defensa
Fuente: Ministerio de Defensa
Corrupción e impunidad en las Fuerzas Armadas españolas [Parte II]

Ninguna institución, por muy respetable que sea, se libra de tener sus luces y sus sombras. Las Fuerzas Armadas españolas son una de las más arraigadas, poderosas, intocables y veneradas (por ciertos sectores sociales) en este país. En 2015, según el CIS, el 49.1% de la población tenía una “buena” opinión de las Fuerzas Armadas, y el 11.8% las santificaban casi. Según los datos publicados por Statista en 2019, el 29% de la población confía en el ejército y el 15% lo hace completamente.

Las revelaciones efectuadas por el ex teniente Luis Gonzalo Segura y otros nos han mostrado, no obstante, que en las Fuerzas Armadas la corrupción y la impunidad campan a sus anchas, amparadas por una poderosísima estructura militar al que le interesa acallar todas las voces discordantes y mantener todo bien atado y silenciado. En este capítulo analizamos una de las sombras más oscuras que persiguen a las Fuerzas Armadas: los casos internos de abuso, agresión y acoso sexual, infradenunciados y silenciados por las mismas máximas autoridades que tienen el deber de proteger a este país.

La otra cara de las Fuerzas Armadas españolas

En 2019, el Ministerio de Defensa de España modificó el “Protocolo de Actuación frente al acoso sexual y por razón de género en las Fuerzas Armadas”, con el fin de proteger a las víctimas de abusos dentro de esta institución. Y es que, en los últimos años, son numerosas las denuncias por parte de mujeres militares afectadas por la desprotección.

“La justicia militar me desamparó”, “Todos esos años para mi han sido un calvario”, “Si la víctima tiene que acabar fuera de las Fuerzas Armadas, estamos fracasando”, “No hay nadie que me pueda ayudar”, son algunas de las frases que ilustran el camino por el que transitan la mayoría de víctimas de agresiones sexuales, y son muchas, en el seno de las Fuerzas Armadas.

Desde que el Código Penal Militar tipificó en 2015 la agresión y el acoso sexual en las FF. AA. (hasta entonces estos delitos estaban diluidos en otros genéricos como abuso de autoridad) hasta agosto de 2019, se presentaron 47 denuncias penales, pero ninguna concluyó, hasta esa fecha, en condena. Aunque por esas fechas la mitad de ellas (22) estaban en trámite, algunas desde hacía ya tres años, un número similar (23) ya habían sido archivadas o sobreseídas. Además, los dos únicos acusados sobre los que recayó sentencia fueron absueltos.

Durante esos años, la mayoría de las denuncias relativas a delitos contra la libertad sexual, más del 70%, se efectuaron dentro del Ejército de Tierra (34), seguidos por el Ejército del Aire (8) y la Armada (5).

El 100% de las denuncias fueron presentadas por mujeres militares (el 80% pertenecientes a la escala de tropa y marinería), mientras que el 98% de los denunciados fueron varones (el 45.5% oficiales y suboficiales). La reforma de 2015 considera estos delitos más graves cuando existe una relación jerárquica entre el agresor y la victima que cuando se trata de militares del mismo rango.

Sufrí un intento de violación, he sufrido acoso por parte de un mando, acoso sexual, o sea... abierto, y sí, muchas situaciones extremadamente incómodas, pero la más bestia fue un intento de violación y fue por suerte que no me violó, básicamente porque entró un marinero. Lo que pasa es que no se van a denunciar, porque temen. Además, prefieren callar. De hecho, en mi caso yo di parte (..) y me dijeron que mejor no levantara la liebre porque yo había bebido, entonces la culpa es mía, estamos lejos de casa, tan lejos de la familia, somos pocas a bordo y entonces la culpa es mía – Testimonio recogido por Público

Para oscurecer todavía más este macabro escenario, los casos archivados superan el 60%, y la mayoría de las agredidas se han visto forzadas a abandonar las Fuerzas Armadas. Este abandono se debe, en gran medida, al acoso laboral posterior a la denuncia, acosos que cuentan con la complicidad de multitud de militares.

Porque tras la dificultad para interponer la denuncia, algo a lo que la cúpula militar se opone sistemáticamente, generando, en muchos casos, extorsión, chantaje o una serie de prebendas para que la denuncia no se interponga, lo que se produce es un acoso terrible sobre la denunciante, quien en muchos casos acaba siendo expulsada de las Fuerzas Armadas. Después de estos elementos, lo que me he encontrado es una tasa de condenas muy baja. En los últimos tres años, de 90 denuncias sólo ha habido una condena. Por lo tanto, si una mujer militar se tiene que enfrentar a una situación en la que se le dificulta la denuncia, sufre un acoso laboral después de denunciar, la tasa de condenas es bajísima y además cuando se condena a estos militares, siguen, tras cumplir la condena, en sus puestos de trabajo, probablemente esta militar no denunciará – Luis Gonzalo Segura

Otro de los grandes obstáculos a los que se tienen que enfrentar las afectadas es que la investigación corre a cargo de militares. Un ejemplo sobre cómo los propios militares ocultan los hechos en sus investigaciones sería el ocurrido en la residencia del Colegio Mayor la Inmaculada en el año 2009, cuando el acoso de más de 20 chicas por un coronel fue castigado solamente con una destitución. “La mayoría de los pocos militares condenados por agresiones sexuales a mujeres militares ha continuado tras su condena en su puesto de trabajo con la categoría que tenía cuando cometió esas agresiones”, afirma el ex teniente Segura.

Hay unos tribunales de militares para militares. Unos tribunales formados por compañeros de trabajo. Esto es lo primero que tenemos que tener en cuenta, unos tribunales de amigos. Si pensamos en un tribunal de afiliados del Partido Popular juzgando el ‘caso Gürtel’, podemos imaginar lo que saldría de ahí. Nada bueno. Por otro lado, las Fuerzas Armadas conforman una estructura muy clasista y muy machista. Si unimos estas variables, observamos que esos magistrados no están velando por la víctima, sino por sus compañeros. Hay un segundo componente:  para todos estos magistrados lo importante es la institución. Cada condena que se produce por acoso sexual, violación, etcétera, es para ellos un daño a la institución. Por otro lado, respecto a su pregunta pienso que bajo ningún concepto por ser machista uno es más valiente, quien piensa que siendo machista es más valiente sufre distorsión de la autopercepción y de la realidad - Luis Gonzalo Segura

En 2018, el Observatorio de la Vida Militar realizó el primer estudio sobre el acoso sexual en las Fuerzas Armadas en la que subrayaba que, “en la inmensa mayoría de los casos, la víctima es una mujer”. Este organismo dependiente de las Cortes, reconocía que se había producido “un incremento en la sensibilización de la cadena de mando y el resto del personal” militar respecto al acoso, pero recomendaba efectuar un estudio en profundidad para conocer la “verdadera dimensión y carácter del problema”. Ese estudio no se realizó, pues los miembros del Observatorio acabaron su mandato al final de la anterior legislatura sin que el Congreso y el Senado eligieran a sus sustitutos.

El ex teniente Segura, por su parte, critica también que las mujeres militares agredidas no tienen apoyo de ningún tipo. Subraya el hecho de que, en numerosas ocasiones, han tenido que sufrir la indiferencia de los colectivos feministas por el hecho de formar parte de las Fuerzas Armadas. “Desde los colectivos feministas muchas personas piensan que estas militares están dentro de una estructura fascista porque quieren y que por ello merecen que les ocurra lo que les ocurre” afirma Luis Gonzalo Segura y añade que “para las personas que piensan de este modo, las mujeres militares forman parte del enemigo”.

La institución de las Fuerzas Armadas es perseguida por sus sombras. Casos de corrupción y malversación de recursos; casos de agresiones, abusos y acoso de índole sexual; casos de abuso de poder y acoso laboral etc. las FF. AA. están quedándose poco a poco sin su velo de protección.

A día de hoy, no obstante, la institución de las Fuerzas Armadas sigue siendo una de las más poderosas del Estado español. Hasta la fecha, ningún partido político ha mostrado un interés real en fomentar el control democrático de esta institución. Muy probablemente, si se destapara la verdad, es decir, si se efectuara un análisis real de los niveles de corrupción e impunidad que salpican a las FF. AA., y se hiciera público esta información, su aceptación social caería considerablemente y muchos altos cargos (tanto políticos como militares) tendrían que dar más de una explicación. No obstante, como es bien sabido, esto no interesa demasiado en un país donde gusta “tener todo atado y bien atado”

 

Comentarios