Chernóbil de HBO: defectos y distorsiones de la historia real

Eulixe trae este texto de un autor ucraniano experto en el tema de Chernóbil para hablar de la miniserie de HBO dedicada al desastre tecnológico allí ocurrido. No hace falta ser muy experto en el tema para darse cuenta que hay bastantes imprecisiones y directamente manipulaciones en la serie. La evacuación, el accidente del helicóptero, el soldado soviético que acompaña Kalashnikov en mano a todo funcionario, los mineros de Tula... Son todo evidentes manipulaciones, todo ello claramente tiene un marcado sentido antisoviético, eso sí, envuelto en un cuidado envoltorio donde han buscado reproducir hasta el más mínimo detalle de la vida del día a día soviético, al menos tal y como la espera ver el ciudadano occidental, seguro de su supremacía. Os dejamos con el texto de Yuri Tkachev.

Chernóbil de HBO: defectos y distorsiones de la historia real

El autor de estas líneas sintió cierta inquietud al comenzar a ver la serie del famoso canal televisivo HBO sobre el accidente en la central nuclear de Chernóbil. Contar la historia de uno de los desastres de origen humano más destructivos de la historia no es una tarea trivial, y, desde luego, yo tenía mucho interés en la forma en que los cineastas estadounidenses lo interpretarían.

Hoy en día, hay docenas de libros escritos sobre el caso de Chernóbil, cientos, si no miles de artículos, informes y similares. El primer capítulo ya no dejó lugar a dudas: los autores de la serie habían tenido conocimiento de una parte significativa de estos materiales. Sin embargo, lo aprovecharon de una manera bastante extraña. Pero cada cosa a su tiempo.

Los primeros cuadros de la serie exponen los sucesos del 27 de abril de 1988, cuando el académico Valeri Legásov se suicidó en su apartamento de Moscú. El episodio muestra cómo termina de dictar una confesión sobre los sucesos en Chernóbil, luego oculta las cintas grabadas en un cubo de basura de los agentes del KGB que están vigilando la casa y se pone el dogal al cuello, sin olvidar dejarle una ración de comida a su gato.

Efectivamente,  Legásov se quitó la vida en el segundo aniversario del accidente de Chernóbil y, de hecho, dejó varias cintas de audio con sus recuerdos y reflexiones sobre aquellos sucesos. Sin embargo, Legásov no ocultó estas cintas en el cubo de basura para que los agentes del KGB no pudieran acceder a ellas. Las grabaciones no eran secretas: fueron descifradas y parcialmente publicadas; actualmente cualquiera puede leer sus textos. Además, sería ilógico esconderlas: por ejemplo, una de las cintas contenía la grabación de una entrevista con el periodista Alés Adamóvich, la otra era una especie de recopilación de recomendaciones para los colegas del Instituto Kurchátov; allí el académico dictó las tesis de un artículo científico general sobre las causas y las consecuencias del desastre de Chernóbil. Para Legásov, no tendría sentido ocultar estas grabaciones.

Los guionistas escribieron la historia de manera diferente: el científico soviético, aplastado por el peso de la verdad sobre lo ocurrido, quiere transmitirla  a la gente rehuyendo a las autoridades oficiales que tratan de ocultarla. Eso parecerá mucho más dramático, ¿verdad?

A continuación, el espectador es trasladado dos años atrás, a la noche del 26 de abril de 1986, es decir, a la noche del accidente de Chernóbil. Los autores de la serie no describen los acontecimientos que precedieron a la catástrofe: la acción comienza en los primeros instantes después de la explosión. Al principio llega el sonido y seguido Liudmila Ignatenko, la esposa del bombero Vasily Ignatenko, quien realmente participó en la extinción del incendio y murió por una gran dosis de radiación, ve la central en llamas desde la ventana de su apartamento. Vasily es convocado a la operación de extinción y Liudmila sale a la calle, donde ve a cientos de personas caminando "hacia el puente", desde donde “se puede ver mejor” el fuego en la central. Además, hay una larga escena dramática en el puente: mientras los habitantes de Prípiat con niños, incluidos los bebés, observan el fuego fascinados, la cámara se centra en el polvo radioactivo que va cayendo encima ...

Evidentemente, en la vida real no hubo nada de eso. La mayoría de los residentes de la ciudad se enteraron del incendio en la central solo por la mañana, y los que de alguna manera supieron de algún tipo de situación anormal no le dieron ninguna importancia. Además, está claro que  los habitantes de Prípiat (que, por cierto, fue la ciudad de los científicos nucleares) no habrían ido corriendo a tierras lejanas para observar el fuego, sacando a los bebés de sus cálidas camas.

Sin embargo, en comparación con el falseamiento posterior, este parece aún inocente.

El protagonista (quizás, podría decirse, el antihéroe) es el subgerente de Ingeniería de operaciones de la central nuclear de Chernóbil, Anatoly Diátlov. Los creadores de la serie hicieron todo lo posible para retratarle con los colores más oscuros como un tirano, un déspota, un enredador, un arribista que era indiferente a las vidas humanas. Según la película, fue Diátlov quien duramente impuso a los presentes la versión de que el reactor estaba supuestamente intacto, que era necesario suministrar agua de refrigeración. Él hace que los demás callen todas las dudas, a los que no están de acuerdo les amenaza con castigos y tras haberse enredado en las cosas se esconde en un búnker seguro de protección civil, donde sigue intrigando y intentando culpar del accidente a otras personas. Al final del primer capítulo es llevado al hospital e ingresado con síntomas del síndrome radioactivo agudo.

Anatoliy Diátlov en la serie HBO

El espectador debería de preguntarse dónde Diátlov podría haber recibido una dosis elevada si hubiera actuado como se muestra en la película.

Este Diátlov era en realidad un hombre duro, dominante e incluso despótico, como recuerdan los empleados de la central. Sin embargo, ciertamente no era un personaje tan demoníaco como los cineastas lo retratan. Y, desde luego, no se escapó en los primeros minutos para retirarse al búnker: como los demás trabajadores, Diátlov en su cargo hizo todo lo necesario para controlar el accidente. Es cierto que, en esencia, sus funciones consistían solo en asegurarse de que se estaban tomando todas las medidas. Los trabajadores de la central no vagaban por los pasillos como zombi, intercambiándose largas miradas con los ojos llenos de lágrimas, tal y como lo hacen en la película. Cada uno de ellos sabía claramente qué debía hacer y lo hizo a pesar de las dificultades y los riesgos.

Lo primero que emprendió Diátlov (y así fue realmente) fue enviar a Kudriávtsev y Proskuriakov a bajar manualmente las barras del sistema de control y protección del reactor para apagarlo completamente. Esta misión era imposible, ya que el sistema de control del reactor había sido destruido junto con él, pero aún no lo sabían. Este episodio de la película es prácticamente verídico.

Es cierto que en él no faltaron tampoco las tonterías. Por el camino Kudriávtsev y Proskuriakov se encuentran con el proveedor de servicios de puesta en marcha y ajuste de Chernóbil, Pavel Palamarchuk, que está llevando al quemado Vladímir Shashenok (los personajes no son nombrados, pero a juzgar por todas las circunstancias, se trata de las personas mencionadas). Le piden a Palamarchuk que les enseñe cómo llegar al reactor, y este ... simplemente tumba al compañero moribundo en el suelo y se va con ellos. Allí recibe una altísima dosis de radiación y en otra escena aparece sentado en el suelo, fumando tristemente un cigarrillo y diciéndole a su compañero de trabajo que "todo está acabado".

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Por supuesto, nada de eso sucedió en realidad. En primer lugar, Kudriávtsev y Proskuriakov, los operadores del bloque en funciones, no tenían necesidad de un "guía" en la central, algo que conocían mucho mejor que Palamarchuk. En segundo lugar, Palamarchuk no dejó tirado a Shashenok, sino que lo llevó primero a la sala de control de bloques número 4, la misma sala con dispositivos en la que tienen lugar las acciones principales),  luego a la unidad médica y, finalmente, a la ambulancia. Por cierto, no lo hizo solo, sino con ayuda de su colega, el dosimetrista Gorbachenko. Posteriormente ellos recorrieron la central tratando de determinar el nivel de radiación. Fue inútil, ya que el dosímetro débil de Gorbachenko podía medir campos de hasta 1000 microroentgenes por segundo, índices un millón de veces inferiores que el de la central. Por cierto, los reveses con los dosímetros que sufren los personajes de la película son casi veraces. Más tarde, Palamarchuk y Gorbachenko serán llevados al hospital por la sobreexposición. Ambos sobrevivieron, aunque Palamarchuk  había recibido aproximadamente dos dosis letales de radiación.

Pero volvamos al Diátlov real, que corrió a la sala de computadoras (la sala donde hay turbinas, generadores y equipos similares) para evaluar la situación. En esa sala reinaba un ambiente de infierno total. Líneas de comunicaciones cortadas, alambres, fragmentos de estructuras. El aceite salía a chorros de las tuberías rotas. El sistema de refrigeración del turbogenerador lleva dentro el hidrógeno explosivo. Aquí y allá aparecían focos de incendios: los materiales inflamables prendían fuego por contacto con fragmentos de combustible al rojo vivo, se encendían por descargas eléctricas de las redes rotas. Si esto no se detenía, ocurriría una catástrofe: el incendio podría extenderse a la tercera unidad de generación eléctrica.

Sin embargo, Diátlov no tiene nada que hacer aquí: los empleados bajo el mando del subjefe Razim Davletbaev ya están luchando contra la amenaza: cortan la corriente a los sistemas, aíslan los oleoductos rotos, desplazan el hidrógeno por nitrógeno seguro, extinguen focos de incendios puntuales. Acaban ganando, ya que no permiten que el accidente tenga consecuencias aún peores. Muchos de ellos pagarán con la vida por su hazaña. Esta batalla contra el "átomo pacífico" está descrita en detalle en muchos libros y más de cien artículos, pero los autores de la película no están interesados ​​en mostrarlo porque es algo que no encaja en la imagen inventada de personas atemorizadas, confusas y rotas que deambulan sin rumbo o corren en pánico por el reactor reventado.

Diátlov intenta entrar desde la sala de máquinas a la sala del reactor, pero no lo consigue. Elige una ruta diferente a la que han tomado Kudriávtsev y Proskuryakov, topa con una obstrucción en el camino y se ve obligado a regresar. Luego va al tablero de control de la unidad No. 3, se asegura de que la unidad esté apagada, su sistema de enfriamiento (el reactor continúa calentándose después de la parada) está funcionando de forma normal. Regresa al cuadro de mando de la cuarta unidad de potencia, toma las impresiones en papel del sistema de información Scala ( ¡es la prueba más importante!) y con ellas desciende al búnker, donde casi inmediatamente se pone enfermo y la ambulancia se lo lleva.

Los autores de la película sugieren que fue Diátlov el que inventó  de la teoría de que el reactor estaba intacto y de que solo se trataba de la explosión de hidrógeno en un condensador fuera del reactor. Según su punto de vista, Diátlov, intentando salvar su reputación, impone esta idea a todos los demás miembros del personal que no se atreven a replicar a las autoridades. Sin embargo, de todo el personal (al menos, de los empleados de cuya opinión tenemos una idea), solo Valery Perevozchenko, supervisor de turno de la sala de reactores - 3, tenía una visión contraria desde los primeros minutos. El hecho es que en el momento inmediatamente anterior a la explosión, él estaba en un balcón sobre el reactor-4 y vio el comienzo del proceso de su destrucción; el mismo comienzo, ya que Valery entró corriendo en la sala de control-4 antes de la explosión. Sin embargo, lo que vio fue más que suficiente para comprender que fue el reactor el que explotó. Pero nadie le dio crédito.

El jefe de turno de la unidad - 4, Alexander Akímov, tampoco creyó su opinión. Este personaje aparece en la serie como un empleado "medio" de la central nuclear de Chernóbil: abúlico, cobarde, susceptible a la influencia de otros, indeciso, no profesional, incapaz de dar un paso sin una orden o incluso una amenaza de Diátlov. El Akímov real, por supuesto, era absolutamente distinto:  un profesional experimentado, valiente, resuelto y confiado. Sí, él cometió muchos errores el 25 y 26 de abril, lo que al final le costó la vida al mismo Akímov y a otras personas. La decisión de considerar el reactor como existente y participar en la lucha por su supervivencia fue uno de esos errores. Sin embargo, definitivamente no era un cobarde o un blandengue.

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No hubo y, obviamente, no podría haber tenido lugar la escena en la que Diátlov manda que Akímov convoque al personal de otros turnos a la central y este al principio se niega, pero luego cede por las amenazas de Diátlov. No podría haber sido porque la convocatoria del personal de otros turnos en caso de un accidente de este nivel es una acción completamente estándar en cualquier central, algo que es comprensible porque hay una cantidad enorme de trabajo por hacer,  cuenta cada persona con conocimiento y habilidades adecuadas, y las bajas de personas son constantes y rápidas por los síntomas de fatiga, estrés, radiación.

Sin embargo, los autores de la película tratan de interpretar esta medida absolutamente necesaria como otro acto de la tiranía bárbara de Diátlov; aunque Akímov comprende el daño inminente,  se ve obligado a obedecer por temor por su propia vida. Cabe mencionar que ese mismo Akímov ( ¡y es un detalle que sí aparece en la película!), a pesar de tal cobardía, en unas decenas de minutos anda sumergido en el agua radioactiva hasta las rodillas para desbloquear las válvulas en las tuberías de los sistemas de enfriamiento de emergencia del reactor; ¡va a una muerte casi segura! No teme a la muerte, pero no se atreve a contradecir a las autoridades. “Un hombre soviético”, qué le vas a hacer...

Al describir el contacto de personas con la radiación, la película es sumamente precisa en muchos aspectos y muestra  todos los síntomas de los que hablan los testigos: el sabor del metal en la boca, las náuseas y, por supuesto, el eritema, o el "bronceado nuclear": una lesión causada por la radiación en la capa superior de la piel. Junto a los detalles verídicos conviven unos disparates exorbitantes: por ejemplo, un bombero que levanta un trozo de grafito del reactor, al de unos minutos grita de dolor por una quemadura por radiación. Así no puede ser: las quemaduras por radiación aplicada aparecen de uno a tres días después de la lesión.

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La escena que más sorprende en toda la serie es cuando el director de la central Briujánov envía al subgerente de Ingeniería Anatoly Sitnikov al techo del bloque - 4 para evaluar el grado de destrucción. Sitnikov ... se niega (no entendemos por qué?!). Briujánov, literalmente amenazándole con la ametralladora, le hace subir al techo. Literalmente significa literalmente: Sítnikov es acompañado hasta el techo casi cogido del brazo por un soldado (¡¿de dónde llegó ese militar?!).

Está claro que en la vida real no hubo ningún soldado. Sítnikov, un físico nuclear experimentado, entiende perfectamente que no hay y no puede haber una tarea más importante que ver el estado real de las cosas. Recorre personalmente  toda la unidad, sube al techo de la unidad de química especial desde donde observa el colapso del reactor. Tras recibir una dosis letal, regresa con un informe inequívoco: el reactor está destruido. No le dan crédito (realmente fue así). Pero ¿para qué se inventó a ese soldado mítico, que, si hubiera subido encima del reactor derruido con Sitnikov, también habría recibido una dosis enorme?. Sería para conseguir el efecto dramático: ¡es bien sabido que en la URSS todos los actos heroicos se cometieron únicamente a punta de pistola!

Otro momento que deja sin palabras es la reunión del comité del Partido de la ciudad de Prípiat (¿por qué de ellos y no de otras autoridades?!) en el búnker. Uno de los miembros del comité insiste en la evacuación de la ciudad. El director de la central, Bryiujánov, objeta: según él, no hay peligro.

De hecho, Briujánov fue el primero en proponer preparar la evacuación de Prípiat. No le hicieron caso: sus propias palabras sobre el nivel de la radiación en la central no habían causado preocupación. Sin embargo, esto no cuadra en el concepto de los autores de la serie. Para su carrera el despiadado director está dispuesto a arriesgar la vida de los habitantes de Prípiat, incluida la de su esposa, solo para ganarse la aprobación de las autoridades.

A continuación, se produce un diálogo:

Miembro del comité ejecutivo: ¡En la ciudad, el aire resplandece!

Diátlov: Esa es la radiación de Cherenkov observada tras cualquier fuga de radiación.

Bueno, eso ya está más allá de toda razón. ¿Qué resplandor pudo haber habido en el aire de Prípiat la noche del 26 de abril? ¿Y qué tiene que ver con eso la radiación de Cherenkov, un brillo que aparece en los medios transparentes densos cuando las partículas de alta energía pasan a través de ellos? Se puede observar tal luminiscencia, por ejemplo, en el fluido refrigerante de un reactor en funcionamiento, donde realmente brilla bajo la corriente de neutrones que lo bombardean. ¿Po quiénes nos toman los cineastas?

Pero eso no es todo. Un malvado anciano desconocido toma la palabra y suplica a la administración de la central y a los miembros del comité ejecutivo con el nombre de Lenin a bloquear la ciudad y cortar la conexión telefónica. La gente no es nada, los intereses del Estado lo son todo. Por supuesto, ¿qué otro discurso se le antoja a  un funcionario del partido soviético en una película estadounidense?

Francamente hablando, me sorprendería si la película no tuviera esas escenas. ¡Es bien sabido que los funcionarios soviéticos solo pensaron en cómo matar el mayor número posible de sus ciudadanos por un gran objetivo!

De hecho, no hubo una "reunión secreta del comité de la ciudad" en el búnker de la central nuclear de Chernóbil la noche del 26 de abril ( por cierto, ni tampoco posteriormente). No hubo órdenes de cercar la ciudad; prueba de ello es el hecho de que muchos residentes, especialmente los que disponían de sus propios automóviles, salieron de Prípiat ese mismo día y nadie los detuvo. Para ser precisos, sí detuvieron a los que estaban conduciendo hacia la central y las áreas más contaminadas. Pero a los que se alejaron de la zona no les contrariaron. Por cierto, Legásov (en la vida real) también mencionó  que como las autoridades no habían tenido tiempo para instalar los puestos dosimétricos y de lavado, muchos se fueron y llevaron el "fango" radioactivo por toda la URSS.

Hay una escena similar: a la madrugada, el vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS, Borís Shcherbina, llama al académico Legásov y habla sobre el accidente en la central nuclear de Chernóbil. Legásov trata de convencer a Shcherbina para que este realice una evacuación de emergencia, pero le prohíbe al científico hablar de cualquier cosa que no sean cuestiones puramente científicas y cuelga el teléfono.

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La escena es ficticia desde el principio hasta el fin y los autores de la película no pueden ignorarlo, porque en sus grabaciones el académico describe en detalle las circunstancias en las que se enteró del accidente. Ocurrió en una reunión del activo del Partido del Instituto Kurchátov, en el que Legásov era director adjunto . Casi de inmediato, recibió instrucciones de ponerse a disposición de la comisión gubernamental y salir a Prípiat.

Además, ¿en qué podría basarse el personaje de Legásov para opinar sobre la necesidad de evacuación? Le acaban de comunicar que el reactor está intacto, la contaminación radioactiva es moderada. Por el momento, no tiene otra información para poder llegar a ningunas conclusiones dramáticas.

El académico Legásov describió el debate sobre la evacuación de Prípiat: "La noche del 26 la radiación llegaba a niveles más o menos admisibles, desde un miliroentgen por hora a  los valores máximos, decenas de miliroentgenes por hora. Por supuesto, ya no se trataba de un entorno sano, pero todavía cabía la posibilidad de sopesar, o así nos lo parecía. El científico agregó: "La medicina estaba limitada por los protocolos establecidos, las instrucciones, según las cuales se podría iniciar la evacuación si la población civil corriera el peligro de recibir 25 roentgenes biológicos por persona durante un cierto período de permanencia en esta zona, y dicha evacuación sería obligatoria si la población pudiera recibir 75 roentgenes biológicos por persona durante su permanencia en el área afectada. El intervalo entre 25 y 75 roentgenes les daba derecho a las autoridades locales a tomar la decisión".

Más adelante Legásov recuerda: los médicos y los especialistas en protección civil insistieron en que la evacuación no era necesaria, mientras que los físicos, que anticipaban la agravación  de la situación, creían que la evacuación sí debía llevarse a cabo. "A las 10 o las 11 de la noche del 26 de abril, Borís Evdokímovich [Shcherbina], al escuchar nuestra discusión, tomó la decisión sobre la evacuación obligatoria", escribió Legasov.

Resulta que los recuerdos de Legásov (al que los guionistas intentan retratar como un buscador de la verdad, pero no le conceden la palabra) nos da una perspectiva totalmente distinta, en la que no hay funcionarios tiranos que ignoren a los científicos y estén dispuestos a sacrificar a la gente por el bien de los ideales abstractos. Por el contrario, son los científicos, cada uno en su propio ámbito y en el marco de su razonamiento, los que llegan a conclusiones contradictorias; pero, al tener la oportunidad de elegir una de las dos opiniones, Shcherbina elige la evacuación, es decir, actúa de la manera opuesta a cómo lo muestran los cineastas.

Sin embargo, esto contradice claramente el concepto inventado por los autores. Y si es así, entonces la verdad es reemplazada por una ficción que tiene el significado opuesto.

Cabe señalar que todas las distorsiones y tolerancias del primer capítulo se desvanecen en comparación con las siguientes. Los ministros que se desplazan por el recinto de la central siempre acompañados por ametralladores; los liquidadores que se atiborran de vodka a litros en el lugar de trabajo (todos saben que los rusos no hacen más que beber vodka); y, por supuesto, el siniestro y omnipresente KGB, con el que los personajes de la serie tienen que luchar no menos que con la propia radiación.

Al mismo tiempo, los guionistas son extremadamente precisos e incluso meticulosos en detalles que no tienen un significado fundamental. Ellos definitivamente emprendieron un gran trabajo para estudiar cómo habían sucedido las cosas, y es lo que más sorprende: cómo las personas que saben de forma definitiva y verídica la realidad de lo ocurrido nos han dado a conocer una imagen tan fea y distorsionada de los sucesos. No es una "ficción" en la que los autores llenan los vacíos entre los hechos con productos de su propia imaginación. No, los cineastas distorsionan deliberadamente la realidad retratando a los trabajadores y gerentes de la Central Nuclear como incompetentes y gente de mala fe;  a las autoridades, crueles e irresponsables, y a los propios residentes de Prípiat, aunque bondadosos, extremadamente estúpidos, ignorantes e ingenuos.

Los aspectos más complicados  (científico, técnico, moral, psicológico y administrativo) del accidente de Chernóbil no levantan el interés de los productores de la serie. La veracidad es sacrificada, y de manera frívola, a favor del efecto dramático. Los autores ni siquiera intentan  buscar la verdad, comprender los motivos del comportamiento de las personas en abril y mayo de 1986 y transmitirlos a los espectadores. Ellos han fabricado una versión conveniente y se la presentan al público y si algunos hechos reales, confiables y comprobados, no encajan en esta versión, tendrán que hacer espacio a las falsificaciones.

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Aún así, lo peor del asunto es lo siguiente. La historia del accidente de Chernóbil se describe con más detalle y mayor o menor objetividad en docenas de libros y cientos de artículos, memorias de  liquidadores y habitantes de Prípiat. Pero toda esta extensa bibligorafía siempre ha sido y seguirá siendo objeto de interés para cientos o incluso miles de personas, mientras que la versión de HBO será una referencia para millones. Esa perspectiva de los eventos, deliberadamente distorsionada, servirá de base para sus juicios sobre esos eventos. Una mentira reemplaza fácilmente la verdad, la aniquila con un trabajo realmente magnífico por parte del  director, los actores y los cámaras tan eficazmente como fueron enterradas en el Sarcófago las ruinas del cuarto bloque de la central nuclear de Chernóbil.

Es algo que pesará a la conciencia de los creadores de la serie y de aquellos que les permitieron a las personas  completamente ajenas al asunto ser los primeros en hablar de uno de los acontecimientos más dramáticos de la historia de la URSS.

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Texto original: Yuri Tkachev

Traducción de Eulixe.com

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