La quema de libros como herramienta para instaurar el franquismo

Uno de los principales objetivos del franquismo desde sus comienzos fue el de sumir al país en la ignorancia más absoluta posible. Muestra de ello es la histórica frase pronunciada por Millán Astray de "¡Viva la muerte, muera la inteligencia!". Obviamente evitar que el pueblo piense y se culturice hace mucho más fácil imponer una dictadura, por eso la inteligencia y la razón fueron perseguidas desde los comienzos de la larga noche de piedra. Muestra de esta persecución fue el 'bibliocausto' español, la quema de libros por el franquismo. Allá donde llegaban los nacionales, saqueaban librerías y bibliotecas para quemar sus contenidos en lugares públicos, aunque el régimen franquista intentó por todos los medios borrar esta parte de la historia. 
Franquistas quemando libros en el patio de la Universidad Central de Madrid, 1939.
Franquistas quemando libros en el patio de la Universidad Central de Madrid, 1939.
La quema de libros como herramienta para instaurar el franquismo

El dictador Francisco Franco y su régimen tuvieron mucho tiempo para reescribir la historia de España a su gusto. Unos de los capítulos en el que pusieron más ahínco para eliminar del recuerdo colectivo fue la quema indiscriminada de libros al más puro estilo nazi. Esta semana la periodista Olga Rodríguez nos ha recordado en un interesantísimo artículo esta parte silenciada de la historia. 

Casi cuarenta años de dictadura fueron tiempo suficiente para que ésta se reescribiera varias veces, intentando ocultar aspectos controvertidos de su pasado. La fecha que marca un antes y un después es la caída de la Alemania nazi en 1945. A partir de ese momento Franco se acerca más a los aliados, intenta mostrarse como un régimen blando y se apresura a borrar los capítulos más violentos y bárbaros de su historia. El brazo en alto dejó de ser obligatorio ese mismo año - Olga Rodríguez

bibliocausto

Este artículo cuenta como este bibliocausto español tuvo su propio ritual, con "autos de fe en los que los presentes leían pasajes de las llamadas buenas lecturas" y maldecían a los intelectuales y a los escritores objeto de la persecución franquista. Al mismo tiempo muchos maestros, bibliotecarios, editores y libreros fueron fusilados. 

Acusaban a ciertos libros de todos los problemas del país por sus ideas, que consideraban extranjerizantes, inmorales y subversivas. Se centraron en incautaciones y destrucciones, junto con la depuración de bibliotecas públicas y privadas. Hubo un bibliocausto o una bibliofobia - Ana Martínez Rus, historiadora y profesora de la Universidad Complutense.

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