Vox y el País Vasco: una historia de amor

La posible irrupción de Vox en el Parlamento Vasco ha encendido las alarmas. Según algunas encuestas, es posible que la cabeza de lista por Araba logré un escaño en la cámara legislativa. En el siguiente post efectuamos una reflexión sobre los principales ejes que definen a Vox en el País Vasco y su estrategia de campaña.

Fotos: Oier Zeberio
Fotos: Oier Zeberio
Vox y el País Vasco: una historia de amor

Las elecciones al Parlamento Vasco que se celebrarán el domingo no supondrán, a nivel general, grandes cambios en el panorama político vasco. Según todas las encuestas, el PNV será el claro vencedor de las elecciones. Ni la pésima gestión de la catástrofe de Zaldibar, ni la muy cuestionada gestión de la crisis provocada por el Covid-19 le causaran, según afirman las encuestas, el mínimo impacto a la formación liderada por Iñigo Urkullu, "el presidente eterno".

No obstante, si algo crea expectación es la posible entrada del partido ultraderechista español Vox al Parlamento Vasco por Araba. La candidata Amaya Martínez Grisaleña puede convertirse, según algunas encuestas, en la primera representante de la formación liderada por Santiago Abascal.

La posible irrupción de la formación ultra ha encendido las alarmas tanto en el sector nacionalista vasco como en la sociedad en general. Sin embargo, a la espera de los resultados eso sí, si hay algún partido político que hasta la fecha no se ha comido un rosco en el panorama político vasco ese es Vox. Aunque su líder sea vasco de nacimiento y buen conocedor de la realidad política de la región, las propuestas de Vox no han calado en la sociedad vasca. Y no es de extrañar.

Hasta la fecha, la formación liderada por Abascal solo ha conseguido el apoyo de un grupo muy reducido de ciudadanos que se caracterizan por su defensa a ultranza de la unidad de España y por su marcado odio hacia el entorno nacionalista vasco.

Y, de hecho, estos votantes deben de sentirse muy españoles, ya que, si se materializara el proyecto centralista impulsado por Vox, por poner un ejemplo, el marco autonómico y por ende el concierto económico desaparecerían empobreciendo irremediablemente a los propios votantes de la formación que residen en la CAV. Pero, al parecer, detalles como este importan poco en un electorado que ama a España como si fuera el salvador de todos los males.

Vox, a la hora de pescar votos, se alimenta constantemente atizando el fantasma de un "nacionalismo vasco extremista" que, "impulsado por ETA o sus restos", ha construido una especie de "estructura totalitaria". Según ellos, son "los únicos defensores" de aquellos que "aman la libertad", esa misma "libertad" que bajo la dictadura de Francisco Franco reprimió con una dureza indescriptible a una sociedad entera.

De primeras, una amplia mayoría de la sociedad vasca se siente simple y llanamente vasca. Es decir, que cree en su identidad propia. Esta identidad se configura alrededor del propio idioma, el euskera, lengua atacada y minorizada por el poder central estatal, y la cultura vasca. La mayoría de la población es partidaria de ejercer el derecho de autodeterminación, que bien podría servir para crear un Estado vasco como para decidir el tipo de relación que interesaría tener con el poder central. A día de hoy, el independentismo ha perdido fuerza, mientras que los partidarios del autogobierno (dentro del marco constitucional) y la "bilateralidad" con el Estado se mantienen con fuerza. Por decirlo de otra manera, la mayoría de la gente no es muy partidaria de tener sobresaltos en su vida y quiere seguir viviendo bien. "Lo demás suda", dirían algunos.  

Por ponerlo en datos, en las elecciones de 2016, votaron un total de 1.070.357 habitantes. La participación fue del 60.02%. El PNV liderado por Iñigo Urkullu obtuvo el 37,36% de los votos siendo el vencedor de las elecciones. El PNV, aunque se puede considerar un defensor de la identidad vasca, apuesta por el autogobierno y la "bilateralidad" con el Estado y no es precisamente independentista o radical en sus postulados... De hecho, se muestra más favorable a colaborar con Madrid que a construir la vía soberanista. En segundo lugar, con el 21.13% de los votos, tenemos a EH Bildu, defensor del independentismo y del proyecto soberanista vasco. En tercer lugar, con el 14.76% de los votos, está Elkarrekin Podemos, que debido a las distintas posiciones internas que hay al respecto nadie sabe a ciencia cierta que harían si se empezara a materializar un proyecto soberanista vasco. En cuarto lugar, con el 11,86% de los votos, tenemos al PSE-EE que no es precisamente ni independentista, ni soberanista, ni vasquita. Por último, al final de la lista está el PP, con el 10,11% de los votos. En este caso, todo el mundo sabe de qué pie cojean. Las explicaciones sobran.

Lo que realmente chirría a Vox es que exista una identidad vasca, una identidad vasca que se crea a partir de una comunidad, y que no comulga en absoluto con el modelo centralista, ultra españolista y ultraconservador de Vox. El hecho es que a Vox le encantaría uniformizar España, borrando para ello todo sentimiento nacional que se ve atrapado, en mayor o menor medida, en una estructura estatal esculpida a base de fuego, sangre y mano dura.  

El show y el odio como política

Sabiendo que tienen que jugar la partida en un terreno un poco complicado, si algo ha caracterizado la campaña electoral de Vox en el País Vasco es el espectáculo. Eulixe estuvo presente en el mitin que se celebró el pasado domingo en Gasteiz y puede dar fe de ello.

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Era mediodía en la capital vasca. El sol inundaba las calles, el calor hacia acto de presencia. Los turistas se paraban ante los establecimientos y los puntos de interés, mientras que decenas de personas disfrutaban de las consumiciones en los distintos bares que salpican la geografía gasteiztarra. Un típico día a simple vista.

No obstante, en la céntrica Plaza de los Fueros, la situación de alejaba de la realidad cotidiana. El aparatoso dispositivo de la Ertzaintza hacía suponer que algo pasaba. A pocos metros de distancia, detrás de otro cordón policial, alrededor de 50 simpatizantes de Vox aguardaban con nerviosismo la entrada triunfal de Rocio Monasterio y Javier Ortega Smith, dos de los rostros más conocidos dentro de la formación ultra. Las banderas de España y las mascarillas "Spanish Style" (con la bandera como emblema) salpicaban aquel lugar.

De pronto, los asistentes comenzaron a aplaudir profusamente, mientras la comitiva encabezada por Ortega Smith entraba en la plaza desde una calle paralela. Comenzaba así el espectáculo que duro más o menos dos horas. Un espectáculo que estuvo caracterizado por el lanzamiento masivo de mensajes contra los líderes nacionalistas vascos y todo lo vasco en general, en favor de la homogeneización, muchos ¡Viva España! y algún que otro comentario sarcástico.

Después de las intervenciones protagonizadas por la candidata por Araba y Rocio Monasterio, entró en escena uno de los pesos pesados de Vox, Javier Ortega Smith, que comenzó a lanzar perlas como estas:

Habéis querido apretar, identificar, copiar, homogeneizar [...] Dejad en paz a los alaveses, que son alaveses, como los vizcaínos son vizcaínos y los guipuzcoanos son guipuzcoanos. Álava tiene derecho a ser Álava. No quiere ser Vizcaya. Y Vizcaya o Guipúzcoa no quieren ser Álava. Dejad de intentar de homogeneizar todo, inventado leyes, inventando su historia, e imponiendo un único patrón en la lengua, en las universidades, en las administraciones y en la política. Y como no nos gusta esa uniformidad centralista hemos venido a fastidiar una fiesta. Y ahora vais a tener que aguantar a los de Vox en el Parlamento - Javier Ortega Smith, Vitoria.

Alrededor del cordón policial se congregaron una veintena de jóvenes pertenecientes al movimiento popular de Gasteiz. Se limitaron a lanzar numerosos gritos contra Vox, nada más. Lejos de la supuesta atmósfera de tensión que subrayaron algunos medios, la calma inundaba el lugar.

Un buen rato después de que terminara el acto, la comitiva de Vox salió escoltada por algunos militantes y un amplio dispositivo de la Ertzaintza. Emulando una marcha triunfal y ocupando una calle entera (en anchura), recorrieron unos 200 metros mientras que numerosos viandantes, en su mayoría persona de avanzada edad, les recibían bajo el grito de "fascistas".  La marcha finalizó en un parking custodiado por la Ertzaintza.

En esta campaña electoral, Vox ha efectuado numerosos mítines y actos en el País Vasco. En emplazamientos como Gasteiz, el principal objetivo ha sido animar al votante o al posible votante. Mientras, en otros municipios o ciudades, lo que el partido buscaba era la reacción de la gente que detesta lo que representa Vox y su ideario. En alguna que otra ocasión, se registraron incidentes aislados que fueron meticulosamente utilizados para fortalecer el mensaje de la formación.

Independientemente de que Vox consiga un escaño o no, su fuerza es y será residual en el País Vasco. Lo mismo le pasa a la derecha española en su conjunto. En 2009 y 2012, por ejemplo, Gorka Maneiro de UPyD consiguió un escaño en el Parlamento Vasco. Cuatro años después, en las elecciones del 2016, UPyD desapareció del mapa y Ciudadanos no consiguió ningún escaño. En las pasadas elecciones, el PP de Alfonso Alonso obtuvo solamente 9 escaños. En las elecciones del domingo, el PP se presenta junto a Ciudadanos, bajo el liderazgo de Carlos Iturgaitz. Según las encuestas, los resultados no serán muy buenos.     

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