ELECCIONES AUTONÓMICAS - OPINIÓN

Mayoría absoluta para la abstención, mientras la izquierda se agita y la derecha se galleguiza

Ayer se celebraron elecciones autonómicas en Euskadi y Galiza. Las opciones de derecha "moderada" han arrasado en escaños, pero sin embargo la opción más elegida ha sido la abstención. En Euskadi ha batido récords con tan solo el 54,5% de participación, lo que indica el preocupante grado de desafección de la población con la política actual, en la que el partido y el poder lo es todo y no la gente y sus problemáticas reales. En Galiza la abstención ha superado el 41%, la cifra más alta de los últimos 23 años. De los que han votado, en ambas comunidades el resultado ha sido similar (salvando las distancias): mayoría absoluta para un partido de derecha "moderada" y un nacionalismo con muchas ganas de cambiar de verdad las cosas liderando la oposición. 

Si la abstención ocupase escaños en Euskadi. Vía @autogestioa
Si la abstención ocupase escaños en Euskadi. Vía @autogestioa
Mayoría absoluta para la abstención, mientras la izquierda se agita y la derecha se galleguiza

Día de resaca electoral en Galiza y Euskadi. Mucho se está hablando de la "decisión" de optar por la derecha moderada tomada por gallegos y vascos, pero muy poco se dice de la altísima y preocupante abstención. Si nuestra democracia se reduce a elegir partidos políticos similares en su base cada cuatro años, y en esa decisión no participa en torno a la mitad de la población, nos queda una democracia, cuando menos, muy cogida por los pelos. 

Podríamos hablar también de la dificultad de realizar una decisión de voto informada y realista cuando la gran mayoría de información política que llega al votante es procedente de canales de comunicación partidistas, con una clara influencia política y económica. Pero eso es otra historia. Centrándonos en los resultados obtenidos ayer, podemos llegar a algunas conclusiones:

La ciudadanía está cansada de esta forma de hacer política

La participación en Euskadi se desplomó hasta el 52,8%, la peor cifra en 40 años de comicios vascos. Y en Galicia la cifra es algo mejor, pero no mucho: el 58,88% de los gallegos han ejercido su derecho a voto. Aunque el buen tiempo o la pandemia pueden servir de excusa, el hartazgo es evidente. Las motivaciones para no votar son múltiples y variadas, pero el resultado es el mismo: una democracia debilitada. Estamos hablando de que casi la mitad de la población con capacidad legal de voto no acude a las urnas. Esto es así aún cuando nuestra responsabilidad democrática se reduce a depositar un sobre cada 2 años. Y lo hacemos para elegir entre partidos políticos que, aunque en la superficie son antagónicos, en el fondo defienden modelos económicos y sociales muy similares. Esto hace que una parte de la población decida conscientemente no participar en la "fiesta de la democracia". Está claro que muchos otros lo harán por vagancia o desidia. Entre los inconformes y los dejados suman casi la mitad del total. Preocupante. 

La izquierda se agita

El BNG ha obtenido su mejor resultado histórico en Galiza, y Bildu se consolida como la segunda fuerza en Euskadi. Los "cachorros de ETA", como se empeña en denominarlos el nuevo fascismo legalizado y normalizado, han obtenido también su mejor resultado electoral en unos comicios autonómicos, y desde los grandes medios de comunicación estatales ya se han lanzado a criticar este resultado, manteniendo su estrategia de servilismo político y afirmando su lejanía del periodismo profesional:

Muchos opinadores de estos grandes medios de desinformación se han lanzado a poner el grito en el cielo por el auge del independentismo. Personalmente, no creo que vayan por ahí los tiros. En EH no crece el independentismo, en todo caso se mantiene. Y en GZ la opción de votar al BNG de una gran parte de los que lo han hecho se debe más al hartazgo con la "izquierda nacional light", que a una explosión realmente independentista. Ambos, Bildu y BNG, se han mostrado como la única alternativa realmente republicana y rupturista con el Régimen del 78, papel que ocupó temporalmente Podemos tras el 15M, pero cuya credibilidad se ha ido diluyendo como lágrimas en la lluvia... Sea como sea, Podemos ha desaparecido de Galiza y en Euskadi han perdido 5 escaños, empatando con España Suma, la coalición de PP y Ciudadanos. Mientras, el PSOE sigue ahí, como quien no quiere la cosa, ocupando el espacio de todos aquellos que no son "ni de izquierdas ni de derechas". 

La derecha se galleguiza

Si la baja participación es signo evidente del hartazgo de la población con la política, el éxito de Feijóo en Galicia (que no del PP, ojo) es señal inequívoca de la mediocracia política imperante. El milagro Feijóo se debería estudiar a fondo en las escuelas de políticos oportunistas, y a buen seguro que en calle Génova lo están haciendo. A pesar de que todos los indicadores muestran que Galicia está peor que cuando este señor llegó al poder hace once años, ahí tiene sus 41 escaños y su puesto en el Olimpo gallego junto a Don Manuel Fraga como únicos seres capaces de encadenar 4 legislaturas consecutivas.

El éxito de Feijóo a buen seguro que tendrá consecuencias dentro del PP. En su momento no se atrevió (o pensó que no era el momento adecuado) para tomar el relevo de M. Rajoy, y un tal Pablo Casado se hizo con el poder. Durante el tiempo que lleva como secretario general, Casado ha dado más bandazos que la planeadora de Marcial Dorado un día de mar picado. Del colegueo con la extrema derecha, a pedir mesura y responsabilidad, y vuelta a medírsela con Abascal. Sus malos resultados, y los buenos de Feijóo, deberían hacer reconducir al PP hacia la senda de un partido de derecha moderada, que es mas o menos lo que es el PP de Feijóo, y alejarse del posicionamiento ultra de la "vía Cayetana". 

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