SOSTENIBILIDAD

Alternativas a la carne para intentar reducir el impacto medioambiental

Alimentos generados con técnicas de reproducción de tejidos o carne vegetal, son algunas de las opciones que se presentan como sustitutos de la carne tradicional
Se estima que la ganadería industrial es la responsable directa de más de un 18% de todas las emisiones de gases invernadero que se vierten a la atmósfera (BERTSZ)
Se estima que la ganadería industrial es la responsable directa de más de un 18% de todas las emisiones de gases invernadero que se vierten a la atmósfera (BERTSZ)
Alternativas a la carne para intentar reducir el impacto medioambiental

No es nada nuevo, pero parece que ahora vuelven a estar de moda las alternativas a la carne como una forma de luchar contra los efectos dañinos que genera al medio ambiente la producción tradicional de la carne. Hace algunas semanas nos llegaba una noticia desde Israel en la que aseguraban que la empresa emergente Aleph Farms había conseguido crear un filete de churrasco artificial, desarrollado en el laboratorio a través de células obtenidas de una vaca. Aunque la información parecía muy novedosa, lo cierto es que en el año 2013 ya se presentó públicamente la primera hamburguesa de laboratorio obtenida con células madre en la universidad holandesa de Maastricht. Está claro que desde entonces se ha avanzado muy poco a poco en esta materia y a día de hoy, todavía el futuro de estos alimentos es muy incierto. Pero ahora ha aparecido un nuevo sustituto, la carne vegetal, que se está abriendo camino en los mercados de todo el mundo y que parece que está llamando la atención de la industria ganadera, que ya mira con recelo esta nueva alternativa.

Efectos del consumo tradicional de carne

Tradicionalmente la carne de origen animal ha sido un pilar básico de la alimentación humana, pero cuando la industrialización empezó a calar hondo en las sociedades, los efectos de la producción de este tipo de alimentos a gran escala, empezó a derivar en consecuencias graves tanto para la salud como para los sistemas ecológicos. Como efecto directo de la revolución industrial en el sector de la ganadería, se empezó a consumir carne de manera descontrolada y parece que la tendencia de futuro es que se siga aumentando su consumo en los próximos años. Esta es una de las predicciones que se extraen del informe “Comer bien para vivir mejor”, donde se habla de que el consumo de carne barata y de baja calidad crecerá un 76% hasta 2050. Muchos de estos alimentos están procesados con azúcares, grasas y sal, productos que si se toman de manera abusiva pueden causar obesidad y también graves enfermedades derivadas, lo que supone un problema de salud importante. Pero la industria ganadera también produce un impacto preocupante sobre el medio ambiente. El aumento de la producción requiere mayor cantidad de cultivos destinados a generar alimento para el ganado y a su vez se necesitan mayores recursos hidráulicos para mantener esos cultivos, lo que supone unos grandes gastos energéticos y a su vez contaminantes. Por esto se estima que la ganadería industrial es la responsable directa de más de un 18% de todas las emisiones de gases invernadero que se vierten a la atmósfera. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), explica que hoy en día el 30% de toda la superficie terrestre del planeta está destinada a la ganadería y que en la Unión Europea, el 75% de las importaciones agroalimentarias no van destinadas al consumo humano, sino al animal. Además, una de las principales causas de la deforestación masiva, es la tala de árboles para crear pastos destinados a la alimentación animal. Así, se calcula que un 70% de los bosques que han desaparecido en el Amazonas ha sido para crear pastizales.

En un artículo escrito por Javier Guzmán, el director de la asociación Justicia Alimentaria, se habla también de que la ganadería industrial tiene un fuerte impacto sobre el campesinado, ya que se está produciendo un fenómeno de “acaparamiento de tierras” destinadas a los cultivos propios de la alimentación animal, desplazando en algunos lugares a otro tipo de plantaciones que son propias de esas zonas y haciendo que desaparezca la ganadería y la agricultura local de muchos territorios como por ejemplo en África. En la parte sur de este país los terrenos son muy áridos, pero aún así, la mayor parte se destina a las actividades ganaderas y esto provoca que se eliminen también plantaciones que pueden ser claves para los ecosistemas de esos lugares. Pero por suerte ya se ha actuado ante esta problemática y se ha empezado a construir una muralla de vegetación de una punta a otra del continente asiático llamada “La Gran Muralla Verde”, con el objetivo de evitar la deforestación y contribuir así a la lucha contra el cambio climático.

alimentación_carne_photomixLa producción masiva de carne para el consumo humano provoca un efecto dañino preocupante sobre el medio ambiente (PHOTO MIX)

Alternativas de laboratorio

Con todos estos datos queda claro que la ganadería industrial está directamente relacionada con el problema de la contaminación, que además se está acentuando en los últimos años por el aumento de la demanda de alimentos cárnicos. Es por ello que ya desde hace tiempo se buscan alternativas para que la gente siga comiendo carne sin que su producción tenga un impacto ecológico tan grande. Así en el año 2013, la Universidad de Maastricht en Holanda, abrió la puerta a la producción de carne a través de células madre, cuando dio a conocer la creación de la primera hamburguesa en un laboratorio. El proceso consistía en alimentar con químicos a diferentes células madres durante varias semanas hasta que se convirtieran en filamentos de músculo que después se unirían con otros para formar esa especie de carne de hamburguesa.

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En ese momento se presentó como un experimento científico, mas que como una apuesta de futuro, sobre todo porque era un proceso difícil y costoso que además recibió bastantes críticas relacionadas con la posibilidad de que las células madre se multiplicasen en el organismo y provocaran enfermedades como el cáncer. Pero parece que la idea no es del todo descabellada y este mismo año hemos conocido la noticia de que en Isrrael han creado carne de churrasco artificial a partir de un pequeño número de células tomadas de una vaca viva, con un proceso similar al utilizado en 2013. La empresa emergente Aleph Farms ha sido la encargada de elaborar este bistec en un laboratorio y asegura que podrá estar en varios restaurantes de todo el mundo en el año 2021. Sus creadores defienden que este tipo de alimentos son mucho más sanos que los que se comercializan en la actualidad, ya que pasan mayores controles y al ser fabricados en laboratorios, se le puede añadir la cantidad exacta de nutrientes que se necesitan.

Pero no tenemos que irnos tan lejos para hablar de empresas dedicadas a “cultivar” carne con técnicas de reproducción de tejidos parecidas a las de la medicina regenerativa. La empresa vasca Biotech Foods, está planteando alternativas para el modelo ganadero insostenible con el que vivimos y para ello están utilizando técnicas “in vitro”. Según sus cálculos, con un cerdo al que se le extraigan células madre durante cinco años, se podría obtener carne que se correspondería con la que dan 2.000 ejemplares de este animal.

Alternativas vegetales

Pero parece que el futuro de la carne de laboratorio es todavía un tanto incierto por el alto coste económico que supone su producción y por la falta de estudios reales sobre sus efectos en la salud. Lo que si parece que estás calando más en la sociedad es la producción de alternativas vegetales a la carne que son mucho menos contaminantes. Una de las grandes empresas dedicadas a la fabricación y comercialización de esta novedosa alternativa es Impossible Foods, que este mismo año ha presentado una nueva hamburguesa fabricada con elementos vegetales, aunque desde la compañía aseguran que la ingeniería genética es una parte esencial de sus productos:

"Utilizamos dos ingredientes clave genéticamente diseñados: hemo (leghemoglobina de soja), la molécula “mágica” que hace que la carne sepa a carne y proteína de soja. No podríamos hacer un producto que  rivalice o supere a la carne de res por su sabor, textura, nutrición, versatilidad de sostenibilidad y accesibilidad, sin él", IMPOSSIBLE FOODS.

Otra de las mayores fabricantes de carne vegetal del mundo es la estadounidense Beyond Meat, que asegura que esta alternativa es el futuro y apuesta por ir "más allá" con productos como carne molida, salchicas o hamburguesas.

Todas estas empresas utilizan una base de legumbres y proteínas vegetales para crear productos que tengan un aspecto y un sabor muy parecido al de la carne. Como dicen desde Impossible Foods, “lo que hace que una hamburguesa tradicional sepa tan bien, es que para darle sabor se le añaden plantas”, por lo tanto, la diferencia de sabor entre la carne animal y la vegetal es casi inexistente. Además, este tipo de empresas defienden la producción de carne vegetal argumentando que pueden mejorar la salud de la sociedad, mejorar el bienestar de los animales, conservar los recursos naturales y reducir las emisiones contaminantes a la atmósfera para paliar los efectos del cambio climático. Para ello la compañía Beyond Meat ha llevado a cabo un estudio que concluye que la producción de sus hamburguesas genera menos emisiones contaminantes que las tradicionales.

“Una hamburguesa de Beyond Meat utiliza un 99% menos de agua, un 90% menos de emisiones contaminantes, un 46% menos de electricidad y un 93% menos de territorio que una empresa alimenticia convencional”, BEYOND MEAT.

Otras alternativas

La cuestión es que estas nuevas alternativas son vistas como un “parche” para el verdadero problema ecológico que plantea la ganadería tradicional. Está claro que si la población mundial sigue creciendo al ritmo que lo lleva haciendo en los últimos años, se aumentará también la demanda de carne, por eso hay que buscar alternativas para que producirla no acentúe la crisis climática que ya sufrimos. Ya se ha empezado a hablar de la necesidad de reducir la producción agrícola por el impacto medio ambiental dañino que produce y se habla también de empezar a cambiar el sistema alimentario global adaptándolo a la situación en la que se encuentra actualmente el planeta. Alternativas como la carne vegetal o la de laboratorio pueden ser buenas soluciones, pero hay quienes apuestan también por centrar todos los esfuerzos en la reducción de la ganadería y la agricultura industrial. Asociaciones y partidos ecologistas son tan solo algunos de los que apoyan esta idea que se centra en apostar por un cambio de consumo, variando la dieta y haciendo que tomemos conciencia poco a poco de la importancia de reducir el consumo de carnes rojas y procesadas, por el gran impacto medio ambiental que tiene su producción. Además, plantean sistemas que primen la mejor calidad y la menor cantidad basados en ganaderías y agriculturas campesinas locales que necesiten menos recursos y respeten los ecosistemas. En el informe “Comer bien para vivir mejor” también se proponen otras alternativas como aumentar el precio de las carnes para reducir su consumo, impulsar dietas veganas o vegetarianas, aumentar ayudas económicas que permitan apostar por ganaderías ecológicas o fomentar actividades específicas de formación y concienciación para que la gente sepa realmente cuál el impacto medioambiental de los alimentos que se consumen.

Parece que las ganaderías y las agriculturas masivas son algunas de las principales responsables de que el planeta sufra los efectos del cambio climático, pero paradójicamente parece que la solución también puede estar en estos dos sectores. Haciendo que las producciones de carne vuelvan a normalizarse a niveles no tan desproporcionados y que las plantaciones a gran escala se sustituyan poco a poco por otras más locales y de mayor calidad, se puede conseguir que la ganadería y la agricultura dejen de ser algunos de los sectores más contaminantes del mundo, sin necesidad de buscar alternativas vegetales o de laboratorio.

 

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