ENTREVISTA

La expansión del Covid-19 y el 5G: ¿Existe alguna relación?

Según algunas voces, el despliege de la tecnología 5G es el responsable de la propagación del Covid-19. Según otros, no hay ninguna evidencia ni científica ni racional que demuestre esta relación. En un momento donde se están registrado ataques contra las antenas 5G, creemos que es de vital importancia arrojar un poco de luz sobre esta cuestión. Para ello, entrevistamos a un experto en la materia, el Médico especialista en Oncología Radioterápica Iokin Gutierrez Betondo. 

Iokin Gutierrez Betondo
Iokin Gutierrez Betondo
La expansión del Covid-19 y el 5G: ¿Existe alguna relación?

¿Qué son las ondas electromagnéticas?

Las ondas electromagnéticas (o radiación electromagnética) son aquellas ondas que no necesitan un medio material para propagarse (a diferencia de, por ejemplo, las ondas de sonido), sino que se propagan por el vacío mediante una oscilación de campos eléctricos y magnéticos. Por ejemplo, las ondas de radio, los infrarrojos, los rayos gamma o la luz visible, son tipos de ondas de radiación electromagnética.

El conjunto de todas esas ondas electromagnéticas se conoce como espectro electromagnético y normalmente se ordenan según la energía de cada onda, que depende de su frecuencia (podríamos entenderlo como la velocidad de vibración de la onda). Esta frecuencia se mide en Hercios (Hz) y cuanto mayor sea la frecuencia (más Hercios) mayor será la energía de la onda.,

Este espectro electromagnético se divide en dos grande grupos dependiendo de su capacidad de interaccionar con la materia. Por una parte, tenemos a la radiación ionizante, que es capaz de arrancar electrones de los átomos sobre los que incide (por ejemplo, los rayos X o los rayos gamma). Las ondas electromagnéticas ionizantes son las que superan los 1660THz (Terahercios).

Por otra parte, tenemos la radiación no ionizante, que es como se denomina a la parte o conjunto de energías del espectro electromagnético que no son capaces de producir una ionización, es decir, que no son capaces de “arrancar” un electrón de un átomo sobre el que inciden.

Estas ondas son las que están entre 0 Hz hasta 1.660 THz. Pueden excitar los electrones haciéndoles saltar a estados de mayor energía. Y cuando el electrón vuelve a su posición original,  esa energía es liberada a modo de calor.

Todas las ondas que se utilizan en telecomunicación (radio, Wifi, telefonía móvil, comunicación satelital…) están dentro del grupo de radiaciones no ionizantes. La inmensa mayoría están, concretamente, en el espectro radioeléctrico, a excepción de la fibra óptica que está en el rango de la luz visible (también en el rango no ionizante).

¿Cómo se mide y cuáles son los niveles tolerables para el ser humano?

Para medir el efecto biológico que podamos sufrir al interaccionar con las ondas electromagnéticas no ionizantes, necesitamos conocer la cantidad de energía que se deposita en nuestro cuerpo. La energía que se depositará será diferente con ondas de diferente frecuencia o intensidad y, por eso, hay diferentes parámetros para diferentes tipos de ondas electromagnéticas.

La ICNIRP (Comisión Internacional para la Protección de Radiaciones No Ionizantes) establece unas restricciones básicas para todo el espectro radioeléctrico que limitan la cantidad de energía absorbida por el cuerpo en un periodo de tiempo.

Con los resultados de los estudios científicos se conoce que por encima de una exposición mayor de 4W/Kg en un intervalo de 30 minutos, los efectos térmicos producidos pueden ser demasiado altos (elevación de 1ºC).

A este valor límite, siguiendo el principio de precaución, se le aplica un coeficiente de seguridad. En este caso, el coeficiente es de 50, por lo que la restricción básica para la población general es de 0,08W/kg (50 veces inferior a 4W/kg).

Puesto que resultaría muy complicado medir la energía que cada individuo recibe por kilogramo (para ello cada uno deberíamos llevar un equipo de medida personal) se establecen unos valores de referencia, que son más fáciles de medir pero que confieren la misma seguridad.

Es decir, si medimos que los valores de referencia son inferiores a los límites, sabemos que las restricciones más básicas y por tanto la seguridad se están cumpliendo.

Por poner un ejemplo, el límite del valor de referencia de las ondas de una frecuencia de 2GHz (que es una frecuencia muy utilizada por la telefonía móvil) es de 1000 μW/cm2 en 30 minutos, y las medidas medias en España son de 0,5 μW/cm2 en el mismo periodo de tiempo, siendo 2000 veces inferior al límite establecido.

Lo mismo pasa con el resto de frecuencias: las medidas son cientos, o incluso miles de veces inferiores a los valores de referencia. Si a eso le sumamos el coeficiente de seguridad de 50 que le aplicamos a las restricciones básicas, podemos considerar que son valores seguros. Todos los dispositivos que emiten este tipo de ondas están limitados para que en ningún caso puedan emitir energías mayores a los límites mencionados.

¿Qué efectos tiene sobre la salud?

Los efectos biológicos que se han podido confirmar mediante estudios científicos con evidencia suficiente son los siguientes:

La radiación electromagnética con una frecuencia de hasta 10 MHz, que incluirían las ondas de radio más débiles y las ondas de frecuencia muy bajas como las producidas en las inmediaciones de cables de alta tensión o las producidas por los rayos (de origen natural), pueden causar estimulación de las terminaciones nerviosas, generando alteraciones en los reflejos.

A partir de una frecuencia de 100KHz, los efectos cambian y pueden generar calor en el tejido con el que interaccionan. Se han medido aumentos de temperatura de 1ºC a nivel corporal y aumentos de hasta 4-5ºC en tejidos más superficiales.

Si la exposición se mantiene por debajo de los límites establecidos, no deberíamos padecer ningún efecto perjudicial importante sobre la salud más que, como mucho, un leve aumento local de temperatura.

Otros efectos perjudiciales sobre la salud que se suelen mencionar como náuseas, vómitos, cefalea o la electrosensibilidad no han podido objetivarse al realizar estudios para dilucidarlos, es decir, los resultados de los estudios han sido negativos para esos síntomas.

En cuanto a si la radiación no ionizante produce cáncer nos encontramos con lo mismo. No hemos podido encontrar una relación estadística y menos una relación causal entre la exposición a estas ondas electromagnéticas y el cáncer (el cerebral ni de otro tipo) en los resultados de los estudios que se están realizando desde hace aproximadamente 30 años.

Según algunas voces, el despliegue de la tecnología 5G ha contribuido a la expansiónn del Covid-19 ¿Qué opinión tienes al respecto?

Según he podido informarme, la polémica ha surgido a raíz de un vídeo en YouTube de una charla que el doctor Thomas Cowan dio el 12 de abril de 2020 en Tucson (Arizona). En esta charla, Thomas Cowan afirma que la enfermedad Covid-19 no está causada por un virus sino por la exposición al 5G. Según Cowan, “las células dañadas por el 5G desechan parte de su ADN y ARN y otras proteínas, y los virus no serían más que esos desechos celulares”.

Esta explicación acerca de la naturaleza de los virus está tomada de Rudolf Steiner, filósofo y ocultista austríaco que falleció en 1925. Cuando Steiner falleció, el único conocimiento que se tenía acerca de los virus era que podían ser organismos infecciosos más pequeños que las bacterias. No se conocía el funcionamiento del ADN ni ARN, y ni siquiera se había visto nunca un virus (el microscopio electrónico se empezó a utilizar en 1930 y es imprescindible para ver cosas tan pequeñas como los virus).

Esto quiere decir que la teoría en la que se basa Thomas Cowan es una teoría anterior a todo el conocimiento adquirido en los últimos 70 años, en los que se ha desarrollado la virología, la microbiología y la genética modernas.

La estructura genética de los virus (el ARN o ADN) es una secuencia muy bien ordenada, capaz de realizar copias del mismo virus utilizando las herramientas de duplicación de la célula huésped que infecta.

Este orden tan complejo es inexplicable si entendemos el virus como un desecho de una célula enferma y menos explicable aún, si entendemos cada virus como un desecho celular independiente, de diferentes células en diferentes cuerpos.

Si esto fuera así, sería imposible establecer una relación de parentesco entre distintos virus, cosa que somos capaces de hacer. Podemos estudiar el genoma completo de los virus e incluso hacer un árbol genealógico de sus antecesores.

Thomas Cowan también dice que “cada pandemia en los últimos 150 años coincide con un salto cuántico en la electrificación de la tierra”. Menciona que, ante estos saltos en la electrificación, por ejemplo, la implantación de la radio a finales de la década de 1910, las personas que se ven expuestas o bien mueren o enferman de por vida.

De entrada, hay que decir que la generalización de las emisiones por radio comenzó a partir de 1920, años después de iniciarse la pandemia de gripe española. Pero, aunque eso fuera cierto, no explica cómo después de unos años la gente ya no se vio afectada. O cómo las personas que hemos nacido posteriormente no nos veamos afectadas por esas mismas ondas de radio.

Después, afirma que hubo una pandemia tras la implantación del radar en la Segunda Guerra Mundial, pero no hay ninguna pandemia registrada hasta 1957 (12 años después de la introducción del radar).

También dice que hubo satélites que emitieron radiaciones electromagnéticas contra la tierra en 1968 produciendo la epidemia de gripe de Hong Kong y que según él, “los productos tóxicos de las células se confundieron con el virus de la gripe”.

No hay constancia de esas emisiones y, además, si los satélites emitieron esas radiofrecuencias supuestamente causantes de la enfermedad, la enfermedad debería de haberse visto en más puntos del planeta. ¿Por qué sólo en Hong Kong? Es algo que no explica y que escapa de todo razonamiento lógico.

A continuación, argumenta que el actual “salto cuántico” es el de la implementación del 5G. Seguro que quien esté leyendo este artículo ha podido ver en la televisión en los últimos meses o semanas advertencias de una nueva re sintonización de la TDT o incluso la necesidad de cambiar de nuevo la antena.

Esto se debe a que, actualmente, la TDT utiliza las frecuencias que utilizará en parte el 5G y se van a cambiar a otra frecuencia para dejar éstas libres para el mencionado 5G. Estas ondas tendrán las mismas energías, por lo que en parte, ya estamos actualmente inmersos en ondas de esas frecuencias.

Por último, también dice que Wuhan ha sido la primera ciudad donde se ha implementado la red de 5G, cosa que es completamente falsa, ya que Chicago y Minneapolis fueron las primeras ciudades en implementarlo meses atrás y en China mismamente, Pekín y Shanghái fueron las pioneras en esta red 5G.

 

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