CNI: "No hay armas de destrucción masiva en Iraq, y Aznar lo sabe"

Los agentes del CNI desplegados en Iraq advirtieron a Aznar, pero el presidente del Gobierno de la época prefirió apoyar a los Estados Unidos y seguir adelante con la guerra. Así lo afirma el escritor e investigador Fernando Rueda, máximo especialista español en asuntos de espionaje, en su nuevo libro “Destrucción masiva, Nuestro hombre en Bagdad”

El presidente George W. Bush y el presidente José María Aznar se dan la mano al concluir una conferencia de prensa conjunta en el Bush Ranch en Crawford, Texas, el sábado 22 de febrero de 2003. FOTO DE LA CASA BLANCA POR ERIC DRAPER
El presidente George W. Bush y el presidente José María Aznar se dan la mano al concluir una conferencia de prensa conjunta en el Bush Ranch en Crawford, Texas, el sábado 22 de febrero de 2003. FOTO DE LA CASA BLANCA POR ERIC DRAPER
CNI: "No hay armas de destrucción masiva en Iraq, y Aznar lo sabe"

Poco importan las evidencias reales en la era de la posverdad. O eso creía el expresidente José María Aznar el 16 de marzo de 2003 en las Islas Azores cuando junto a George Bush, Tony Blair y José Manuel Durão Barroso adoptó la decisión de lanzar un ultimátum de 24 horas al régimen iraquí encabezado por Sadam Husein. Cuatro días después, el 20 de marzo de 2003, Iraq, país que nunca había atacado a ningún miembro de la coalición internacional encabezada por Estados Unidos y que no disponía de armas de destrucción masiva, fue invadido.

Cientos de miles de muertos, más de un millón según algunas fuentes, un país devastado y una proliferación abrumadora de grupos terroristas infestados de fanáticos que quieren extender la Yihad por la región y el mundo. Ese ha sido el balance de una guerra sin sentido, provocada por la avaricia de algunos y respaldada por la ingenuidad y las ansias de poder de otros.

Aznar sabía de antemano que Irak no disponía de armas de destrucción masiva. Esa fue la conclusión elaborada sobre el terreno y transmitida por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). «No hay armas de destrucción masiva, de ninguna manera, y Aznar lo sabe». Esta fue la confesión efectuada por el agente del CNI José Antonio Bernal a su padre un mes antes de que muriera en Iraq. En las siguientes líneas publicadas por el diario elPlural el 4 de febrero de 2019, el lector tiene la oportunidad de leer el diálogo íntegro entre el padre de Bernal y el propio Bernal:

Padre de Bernal: Aznar está seguro de que Sadam tenía armas de destrucción masiva.

Bernal: Te voy a decir algo para que lo sepas, pero no se lo digas a nadie: no hay armas de destrucción masiva de ninguna manera, y Aznar lo sabe. Nosotros le hemos informado. El motivo de la guerra ha sido el petróleo. Sadam se lo iba a vender a varios países y cuando los americanos se enteraron dijeron: ¡Y una polla!, nosotros ponemos los muertos y otros se van a llevar los beneficios.

Padre de Bernal: Pero Aznar dice…

Bernal: Aznar no tiene razón con lo que está haciendo.

Pero poco le importaba a Aznar esta afirmación. Era su momento de brillar, era el momento de colocar a España en primera plana de la política internacional. Remitió a los responsables del Centro de Nacional de Inteligencia el manipulado informe del Gobierno de Tony Blair redactado para crear un estado de alarma en torno al potencial armamentístico del arsenal de Husein. En febrero de 2003, los servicios de inteligencia españoles elevaron al presidente un informe que no corroboraba las tesis sobre la alta operatividad de las armas de destrucción masiva iraquíes defendida por Londres y Washington. 

Aznar no dudó en mentir y mantener la falacia durante cuatro largos años. «Puede estar usted seguro y pueden estar seguras todas las personas que nos ven que les estoy diciendo la verdad. El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva», afirmo Aznar el 13 de febrero de 2003.

En 2007 reconoció lo evidente de la siguiente manera, manteniendo, en parte, la mentira: «No había armas. Ahora yo también lo sé. Tengo el problema de no haber sido tan listo de saberlo antes». Esas fueron las palabras del expresidente que metió a España en una guerra sin sentido que se dio a 4.300 kilómetros de distancia.   

Hasta ahora no se ha encontrado ningún arma de este tipo o se ha demostrado su existencia entre 2001 (11-S) y el comienzo de la invasión en 2003.

Es verdad que Iraq dispuso de armamento químico durante algún tiempo. La masacre efectuada mediante el uso de agentes nerviosos contra la localidad kurdo-iraquí de Halabja entre el 16 y el 19 de marzo de 1988, en el contexto de la Guerra Irán-Irak, da fe de ello. Aquella matanza indiscriminada y atroz que dejó un macabro saldo de 5000 muertes y 10.000 heridos, se efectuó con el beneplácito y absoluto apoyo de la administración de Ronald Reagan. Eran otros tiempos, y el "amigo" Sadam cumplía con su objetivo matando a los iraníes.

Después de la Primera Guerra del Golfo, no obstante, Iraq desmanteló su programa químico y tampoco disponía de un programa nuclear. Aun teniendo esta información, la coalición internacional, o mejor dicho, Estados Unidos y sus satélites, mintieron a su población y al mundo entero de la manera más eficaz posible.

2.600 soldados españoles fueron enviados a Irak entre junio de 2003 y mayo de 2004, en una guerra que costó al país 260 millones de euros. «España no mandó soldados a Iraq», afirmó José María Aznar en una comisión de investigación del Congreso de los Diputados en 2018.

Al menos 11 soldados y miembros de las fuerzas de seguridad españolas perdieron la vida en el país árabe entre marzo de 2003 y mayo de 2004, incluidos siete espías del CNI (entre ellos José Antonio Bernal) que fallecieron en una emboscada el 29 de noviembre de 2003 en Latifiya.

En 2003 perdieron la vida dos periodistas españoles, excelentes profesionales en su trabajo: el reportero del diario El Mundo Julio Anguita Parrado, asesinado en un bombardeo efectuado por el ejército iraquí el 7 de abril de 2003, y el cámara de Telecinco José Couso, asesinado el 8 de abril de 2003 por el ejército estadounidense. 

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