La batalla de BCN: ¿cambio de estrategia?

La sentencia del “procés” ha dado comienzo a una dura semana de protestas y respuesta policial en Cataluña. El resentimiento acumulado por una parte de la sociedad catalana ha estallado en forma de ocupaciones de infraestructuras criticas (líneas del TAV, el Aeropuerto del Prat), manifestaciones multitudinarias y disturbios en varias partes de la geografía catalana. El día de ayer fue especialmente dura en la capital, donde el número de heridos se acercó al centenar. Hubo, además, enfrentamientos entre la policía y los manifestantes en Tarragona, Lleida y Girona. ¿Cambio de estrategia o rabia puntual?
La batalla de BCN: ¿cambio de estrategia?

La tarde comenzó con la convocatoria de diferentes columnas en dirección a la Delegación del Gobierno. Una de estas columnas se formó a las 18:30 en los Jardines de Gracia, la otra a las 19:00 en el Paseo de Gracia. Bajo el lema “Tombem les senténcies, aturem la repressió” miles de personas comenzaron la marcha hacia la Delegación. Los Mossos, con la intención de evitar el paso de los manifestantes, efectuar cordones y blindar el perímetro, desplegaron vallas de 1,5 metros.

Aproximadamente hacia las 20:30 de la tarde comenzaron las primeras cargas:

Se formaron barricadas con el objetivo de impedir la carga de los Mossos y la Policía Nacional.

Según el diario La Vanguardia, a las 23:05 los Mossos fueron obligados a retroceder, dado que los manifestantes lograron que dos furgonetas abandonaran sus posiciones debido al lanzamiento de objetos. A las 23:36, La Vanguardia escribe: «Batalla de Barcelona: varias chimeneas de humo provocadas por las hogueras ascienden hasta el cielo de Barcelona. La imagen recuerda a la “Semana Trágica” de 1909 en la ciudad condal”.

De la misma manera que se narraría una escena de guerra, este medio relata lo siguiente a las 23:58: «Batalla campal en Barcelona. Los Jardinets de Gràcia se han convertido en la zona cero de toda la Ciudad Condal. Los disturbios entre manifestantes y agentes del orden no cesan, y siguen luchando “por cada palmo de terreno” [haciendo hincapié en que la situación estaba descontrolada y que los Mossos “no daban abasto”», y “El Paseo de Gracia se ha convertido durante horas en una auténtica batalla. Unos utilizan piedras, barricadas y hogueras, mientras otros no dudan en avanzar a golpe de porra o balas de foam. Las llamas han iluminado edificios ilustres como la Pedrera o la Casa Batlló». La Vanguardia termina su cobertura mencionando lo siguiente: «El ruido de los helicópteros sobrevolando Barcelona cierra una de las noches más duras que ha vivido la Ciudad Condal en los últimos años».

El contexto político catalán

Pasadas 48 horas de la publicación de la sentencia del “procés”, los ánimos están caldeados en Cataluña. Los próximos días, con toda probabilidad, se repetirán las mismas escenas en diferentes puntos de la geografía catalana. Sin embargo, cada vez es más patente la separación existente entre las dos lógicas de protesta dentro del independentismo:

  • Por un lado, un sector importante dentro del independentismo (movilizados sobre todo por la ANC y Òmnium Cultural) aboga por continuar con la estrategia de la “movilización permanente”. Estos últimos años, este sector, ha organizado movilizaciones muy multitudinarias. Cargados de simbolismo político y cultural, estos actos han servido para mostrar al mundo que una gran parte de la sociedad catalana, o mejor dicho la mayoría, quiere decidir su futuro libremente.
  • Por otro lado, otro sector importante (que se englobaría en los Comités de Defensa de la Republica), ha mantenido la lucha de forma continua. Esta, no obstante, tiene varias facetas: los CDR han organizado el movimiento popular de los barrios, por ejemplo, en sus más diversas formas. Por otro lado, siempre manteniendo un discurso más radical que el que se ha podido observar en las manifestaciones más multitudinarias, han movilizado las fuerzas para llevar a cabo actos de protesta más contundentes (como ocupaciones de infraestructuras estratégicas o actos frente a emplazamientos con un carácter político).

Los CDR han sido los encargados de mantener viva la protesta en las calles. Mostrando una gran fortaleza los primeros días de octubre del 2017, más débiles en los meses posteriores, han recobrado la fuerza estos últimos días. Muchos de los integrantes de los CDR son jóvenes, militantes, y en muchos casos estudiantes, con una amplia formación política y social. Concienciados con la causa, muchos de ellos no dudan en “actuar” cuando
se efectúan las acciones. Son los actores clave en la mayoría de las acciones. Tal como está ocurriendo en Hong Kong, o tal como ha ocurrido en diversos países o eventos masivos (como las cumbres globales), son los jóvenes (estudiantes en su mayoría) los que tienen un papel central en la lucha, muchas veces, callejera. Al tener “menos que perder” que otros sectores de la sociedad (como los asalariados), o al tener más capacidad de adecuación hacia los cambios que otras generaciones, los estudiantes se convierten en un colectivo imprescindible en cualquier lucha, ya que pueden allanar el camino a otros sectores de la sociedad más mayoritarios (como los asalariados) para que se unan a la lucha.

Mediáticamente, los CDR solo se vinculan con el ejercicio de la violencia, que en muchos casos es descrita como “fanática e irracional”. Cualquiera que haya seguido de cerca las protestas de los últimos años sabe a ciencia cierta que el nivel de violencia empleada por los manifestantes en estas acciones es muy inferior a la aplicada en otros países como Francia, Grecia, Italia, China o Estados Unidos. Los medios, como es sabido, tienen la capacidad de crear marcos mentales que modifican el imaginario colectivo. En el siglo XXI continuamente se fabrican “nuevos enemigos” con el único objetivo de restringir las libertades propias de una democracia consolidada y de calidad.

El contexto geopolítico

Por otro lado, son muchos en la sociedad catalana los que critican el uso de la violencia en las manifestaciones. La experiencia histórica nos enseña, desgraciadamente, que muchos procesos de independencia solo se completan con el uso de la violencia (las llamadas guerras de liberación nacional), y aquí es donde entra la geopolítica. Cataluña, hoy por hoy, es una región autónoma de un país que pertenece a la OTAN, y que es socio importante de Washington en el oeste de Europa. Los procesos de independencia que se iniciaron con el colapso de la URSS tuvieron el apoyo de los Estados Unidos de América y de la mayoría de los países occidentales influyentes, por ejemplo. Lo mismo ocurrió en el caso de los Balcanes, salvo que en esta ocasión el número de muertos fue de 140.000 personas y hubo millones de desplazados, dada la coyuntura política de la región en los 90. Este no es el caso de Cataluña. Es muy improbable que la administración norteamericana acepte un hecho político (como una declaración de independencia) que perjudique a un socio preferencial.

Por lo tanto, es muy difícil que haya un alineamiento de los países occidentales en favor de una Cataluña independiente si este proceso no tiene el aval de EE.UU. En el escenario europeo, Alemania, Francia y la Comisión Europea han manifestado, claramente, que el conflicto catalán debe resolverse acorde con la legalidad española. Europa apuesta claramente por la “estabilidad” dado que la Unión se compone de países que en algunos
casos tienen conflictos internos de carácter nacional. Cataluña, por su parte, tampoco es de gran interés geopolítico para China o Rusia, ya que muy probablemente un posible reconocimiento crearía malestar dentro de la Unión Europea, repercutiendo negativamente en las relaciones que mantienen estos países con el club comunitario.

Conclusiones

Dado que Cataluña no es una región con el aval de las grandes potencias, la única manera de conseguir un referéndum pactado (sabiendo que la constitución no permite la realización de un referéndum de autodeterminación) es la de presionar al Estado mediante protestas generalizadas, masivas, y que tengan el poder de paralizar infraestructuras estratégicas, con un único objetivo: movilizar a la comunidad internacional.

Si el caos se adueñara de Cataluña, Europa (y sobre todo Alemania) muy probablemente tomaría cartas en el asunto (dada la imagen que se daría en el exterior), y presionaría al Estado. Puede que la lógica del caos, siguiendo la vía Hong Kong, tenga cada vez más fuerza en la elite independentista, dado que hasta ahora no ha habido ningún resultado “factible”.

No obstante, en este punto, surgen las siguientes cuestiones: ¿tiene la sociedad catalana la voluntad de seguir adelante, con todas las consecuencias? ¿Cuál será la respuesta del Estado? El tiempo dirá si este nuevo ciclo de protesta marca el inicio de una nueva estrategia, o si es solo eso, un nuevo ciclo protesta que se irá difuminando con el tiempo.

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