Arde Estados Unidos: el Imperio se tambalea

Inmersa en la crisis sanitaria provocada por el Covid-19 que se ha llevado por delante más de 100.000 vidas (1/3 del total mundial), el país se ha sumido en el caos a raíz del asesinato de George Floyd, un afroamericano de mediana edad que fue asesinado por un agente de policía de Minneapolis. Las protestas se han extendido a 16 estados, mientras que 40 ciudades han decretado el toque de queda y la Guardia Nacional ha salido a las calles en numerosas ciudades. Según el balance oficial, 8 personas han perdido la vida y se han producido 1.500 detenciones. Los disturbios han llegado hasta la mismísima Casa Blanca, donde han decidido apagar las luces del perímetro por primera vez desde 1889. El Servicio Secreto norteamericano ha protegido en el búnker de seguridad al Presidente Trump, que ha publicado un polémico tuit donde asegura que "EE.UU designará a los antifascistas como Organización Terrorista" ¿Estamos asistiendo en directo a la caída de un Imperio?

Protestas en Minneapolis.
Protestas en Minneapolis.
Arde Estados Unidos: el Imperio se tambalea

Hace exactamente 28 años, entre el 29 de abril y el 4 de mayo de 1992, las llamas y el humo se adueñaron de la Ciudad de Los Ángeles. La metrópoli financiera, comercial y mediática, famosa por sus playas y por albergar a decenas de celebridades multimillonarias, se encendió como un árbol de navidad. Los disturbios, saqueos masivos e incendios estructurales reflejaban una amarga realidad, una realidad que era muy incómoda, ya que mostraba que algo seguía funcionando muy mal en el país de la “libertad” y la “prosperidad”.

¿El detonante? La absolución de 4 agentes de policía blancos que le propiciaron una brutal paliza al taxista afroamericano Rodney King el 3 de marzo de 1991. ¿La causa real? El hartazgo de la comunidad afroamericana, sistemáticamente marginada y golpeada (literalmente en numerosas ocasiones) por la injusticia, el odio y la sinrazón.

Han transcurrido casi tres décadas de aquellos disturbios que dejaron un saldo de 54 muertos y cientos de heridos, pero al parecer, poco ha cambiado en el país más rico del mundo. Según los datos publicados en 2017, los afroamericanos siguen siendo uno de los colectivos más golpeados por el reparto (desigual) de la riqueza. Por expresarlo en datos, ese mismo año las familias afro estadounidenses que estaban en la pobreza (el 22%) eran el doble que las familias blancas.

Tanto el racismo como la discriminación económica siguen actuando como agentes de segregación. A día de hoy, por ejemplo, muchos afroamericanos siguen viviendo en los barrios más pobres, en muchos casos inundados por la delincuencia y la droga (efectos provocados por la pobreza) y efectúan los trabajos que nadie quiere realizar, obteniendo un escaso sueldo. Además, muchos no disponen de un seguro médico que les proporcione una cobertura básica sanitaria, aumentado así su vulnerabilidad (acentuada en la crisis provocada por el covid-19). Por otro lado, y para rematar el pastel, muchos afroamericanos son el blanco de la brutalidad policial más extrema.

En esta ocasión, la muerte de George Floyd, un afroamericano de mediana edad, ha encendido las alarmas y ha actuado como catalizador de las protestas que se están extendiendo por todo el país. El pasado 25 de mayo, Floyd perdió la vida a causa de una actuación policial de extrema gravedad. Tal y como se muestra en un video grabado por un testigo, un agente (blanco) perteneciente a la policía de Minneapolis, ahogó con su rodilla al hombre de mediana edad mientras se encontraba detenido y boca abajo contra el suelo. 8 minutos de agonía y sufrimiento, marcados por la desesperación de una persona que veía que poco a poco que su vida desaparecía.

El video, que fue difundido por las redes sociales, dio el pistoletazo de salida a una movilización sin precedentes, una de las mayores registradas en las últimas décadas y que destaca sobre todo por el amplio número de personas que se están congregando, por la amplia distribución geográfica de las manifestaciones y por la dureza y carácter violento de ciertas acciones. Por otro lado, los grupos antisistema de izquierdas y los supremacistas blancos han hecho acto de presencia, caldeando aún más la ya de por si incendiaria situación, ya que cada actor está utilizando el caos para imponer su propia agenda.

Las acciones violentas por parte de los manifestantes, no obstante, no se deberían de entender como “simples actos vandálicos”. Su significado social es mucho más complejo. Estos actos son el reflejo del odio hacía la mismas estructuras de poder que se manifiestan en numerosos ámbitos y que marginan sistemáticamente a los miembros de la comunidad afroamericana. Por ejemplo, en los disturbios de Los Ángeles de 1992, una de las comunidades que se convirtió en el blanco de los actos violentos fue la de los surcoreanos. Estos, al ser los dueños de las tiendas de los barrios más desfavorecidos donde trabajaban numerosos afroamericanos en condiciones pésimas, se convirtieron en una especie de “representantes del poder opresor”.

En este caso, ocurre lo mismo con los edificios (la sede del Departamento de Policía de Minneapolis, por ejemplo), comercios, sedes de cadenas de televisión (CBS Los Ángeles o CNN Atlanta), establecimientos, etc. que han sido destrozados o que han ardido los últimos días. Se activa el mismo mecanismo, es decir, al no poder establecer una confrontación directa con las élites de poder que son los verdaderos causantes de la marginación estructural, el odio tiende a canalizarse de otra manera, convirtiendo a los “representantes del poder” más cercanos en los objetivos de las acciones.

El 31 de mayo, tras la quinta jornada de protestas registradas en 16 estados, miles de manifestantes continuaban en las calles para exigir justicia por la muerte de George Floyd y rechazar el abuso policial. Desgraciadamente, hasta la fecha 8 personas han perdido la vida.

Más de 25 ciudades han declarado el toque de queda durante la noche de este fin de semana, con el fin de controlar las manifestaciones y los episodios violentos. De momento la media rige en Beverly Hills, Los Ángeles, Denver, Miami, Atlanta, Chicago, Louisville, Minneapolis, St. Paul, Rochester, Cincinnati, Cleveland, Columbus, Dayton, Toledo, Eugene, Portland, Philadelphia, Pittsburgh, Charleston, Columbia, Nashville, Salt Lake City, Seattle, Milwaukee y San Francisco.

En este contexto, casi una docena de gobernadores han activado a la Guardia Nacional para “disipar a las multitudes, detener los saqueos e impedir la escalada de las tensiones”. Además, según algunas fuentes, cerca de 1.500 individuos han sido arrestados en 17 ciudades estadounidense desde el jueves. Por otra parte, en alguna que otra ocasión, ciertos miembros de la policía han exhibido su apoyo y se han unido a los manifestantes, mostrando su repulsa ante los acontecimientos que han conmocionado a un país entero.

La policía estadounidense ha demostrado una clara incompetencia en su intento de controlar las manifestaciones, y una evidente falta de unidad en la respuesta. En algunos casos se hizo uso de una excesiva agresividad para disolver protestas pacíficas, mientras que ante las protestas más violentas la permisividad fue la tónica habitual. Uno delos colectivos perseguidos por la policía ha sido la prensa que está cubriendo los acontecimientos. En diversas ocasiones las fuerzas de seguridad impidieron la labor informativa de los reporteros, deteniendo a un equipo entero de la CNN, e incluso disparando proyectiles a otro reportero del medio alemán DW:

El perfil de los manifestantes es muy variado. Una gran parte son obviamente afroamericanos cansados del racismo institucionalizado y la desigualdad, pero también hay todo tipo de grupos de movimientos de izquierda, y tal y como han indicado varios políticos demócratas (incluido el gobernador de Minnesota Tim Walz) también hay en primera línea de las protestas supremacistas blancos de extrema derecha e incluso carteles de la droga. El comisionado de seguridad pública de Minnesota, John Harrington, apuntó que han detectado mensajes de grupos racistas de extrema derecha que alentaban a sus seguidores a venir al estado y aprovechar la situación de crisis. La situación de caos en las manifestaciones lleva a momentos como el siguiente, donde manifestantes pacíficos entregan a la policía a una persona que estaba causando destrozos:

En el extremo opuesto, el fiscal general, William P. Barr, alegó en un comunicado que las protestas fueron "planificadas, organizadas y dirigidas por grupos extremistas anárquicos y de extrema izquierda utilizando tácticas antifa", refiriéndose a grupos antifascistas. El propio Presidente Trump publicó un tuit donde aseguraba que "EE.UU designará a los antifascistas como Organización Terrorista":

Las protestas han llegado hasta las inmediaciones de la Casa Blanca, donde la policía ha utilizado gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes que se habían saltado el toque de queda y encender hogueras en las zonas adyacentes.

"La zona exterior de la Casa Blanca parece una zona de guerra":

 

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