REPORTAJES

Oriente Miedo

Texto y fotos: Juan Teixeira

13:00 horas, paso fronterizo de Jalameh, al Norte de Cisjordania. Tras aguardar un par de horas bajo un sol asfixiante, entro con una docena de ciudadanos palestinos al control que da acceso a territorio israelí. Parece un matadero. Es una nave industrial llena de tornos, pasillos, puertas, cámaras y cuartos de seguridad. Los gritos por megafonía marcan el paso para avanzar hacia el siguiente control. Tras unos 45 minutos y un sinfín de cuestiones, entro en territorio israelí. Aunque que de hecho, de donde vengo también se podría considerar "israelí". Y es que Israel-Palestina es, en la práctica, una sola entidad política con un único soberano, con diversos niveles jerárquicos por debajo.

Haciendo un recorrido por Cisjordania, uno se da cuenta de la difícil situación en la que viven los ciudadanos que conforman el nivel más bajo de esa pirámide: los palestinos que decidieron resistir en su tierra a pesar del ahogamiento económico, físico y psicológico al que se ven sometidos día tras día por las fuerzas de ocupación israelí, que son el músculo del supremacismo étnico imperante. Según datos de 2013 de la UNRWA, tan sólo 886.716 de los más de 5 millones de refugiados palestinos registrados viven en los Territorios Palestinos Ocupados. El resto lo hacen principalmente en Jordania, Líbano y Siria.

Para los que se quedan, cada día es una prueba a su capacidad de resistencia a todos los niveles. En cualquier momento el gobierno del Estado Israelí puede decidir que el barrio donde vives debe ser evacuado, puesto que es el futuro emplazamiento de una colonia judía. O puede ser que monten una garita de vigilancia en tu tejado, por el que verás a diario soldados que no te tienen mucho aprecio cruzar por tu salón. Sin hablar de que tienes muchas papeletas de sufrir una "detención administrativa", que viene siendo un secuestro, sólo que a ojos de la justicia israelí es totalmente legal, puesto que esta argucia permite la detención aleatoria por períodos de 6 meses (prorrogables indefinidamente) sin imputar cargo alguno.

Las historias de la gente que conocí en Cisjordania se arremolinan en mi cabeza mientras hago el recorrido en bus desde Afula a Tel Aviv. Nada más bajar, una bofetada de realidad me deja temblando. Es como viajar en el espacio-tiempo a una dimensión paralela. Y eso que son apenas unas docenas de kilómetros de distancia. En “La Burbuja" (así es como muchos se refieren a la capital israelí) todo es ajeno al conflicto. Bares de moda, tiendas de lujo, playas llenas, hoteles hasta la bandera, restaurantes de todo tipo... cada vez que cruzas el infame muro que separa Israel de los Territorios Ocupados la sensación es la misma. La dualidad humana en estado puro.